¿Cuáles son los trastornos psicológicos que sufren las personas afectadas por el VIH?

¿Cuáles son los trastornos psicológicos que sufren las personas afectadas por el VIH? Las reacciones de los pacientes que sufren VIH varían mucho dependiendo de su entorno social.

Cuando los intentos de prevención de la enfermedad fallan, el organismo de la persona contacta con el VIH que comienza a ejercer su acción devastadora sobre el sistema inmunitario y, en consecuencia, pueden aparecer trastornos psicológicos en el afectado. La Psicóloga Ángeles Carretero nos presenta cuáles son las reacciones más comunes antes esta situación.

Existe una gran diversidad en las reacciones de las personas ante hechos traumáticos. La persona diagnosticada como seropositiva es un ejemplo de ello. Generalmente, pensamos que las personas que se enfrentan este diagnóstico deben estar rotas psicológica y afectivamente. En general es así, no obstante, en cada persona se da una reacción particular ya que las circunstancias de cada individuo son diferentes.

Partimos de la base de que las personas que contraen esta enfermedad, generalmente, tienen una importante problemática psicosocial añadida al problema de la enfermedad, como pueden ser  graves dificultades socioeconómicas, adicción a las drogas, desempleo, ejercicio de la prostitución o problemas psiquiátricos, entre otras características.

Los síntomas psicológicos van a variar mucho a lo largo del periodo de evolución de la enfermedad. Los primeros síntomas de ansiedad, suelen aparecer en el momento en que la persona es consciente de la posibilidad de haber sido infectado con el VIH. Igualmente, dicha ansiedad se manifiesta cuando el sujeto está esperando a que le realicen las pruebas correspondientes. En este momento, surgen dos sentimientos en el individuo. El primero le lleva a pensar que está exagerando y que no le pasa nada, y el segundo le lleva a valorar que aunque la probabilidad de tener el virus sea baja, es una probabilidad real y esto cambiaría de forma radical su vida y la de su entorno social más próximo.

Afortunadamente, en muchas ocasiones todo queda en el susto, pero en otras la persona tiene que enfrentarse a un diagnóstico positivo. En este caso, es fundamental el grado de información que tiene el paciente ya que en función del mismo puede sentir como si acabaran de comunicarle que va a morir, o bien, puede afrontar la noticia como que se encuentra ante un problema de cierta gravedad y que ser seropositivo no equivale a tener el SIDA. Es necesario recordar en este punto que solamente un porcentaje de las personas seropositivas contraen finalmente la enfermedad, enfermedad que, cada vez más, es considerada como un problema crónico de salud y no necesariamente fatal debido a los avances médicos que se han realizado en el tratamiento de la misma.

En un primer momento, al recibir la noticia se produce un shock emocional en algunos pacientes. Síntomas de este shock son la confusión y el embotamiento afectivo. Igualmente, hay sujetos que en un primer momento reaccionan de una forma bastante “normalizada”, pero, cuando analizan la noticia y son conscientes del significado de la misma, se desmoronan.

A partir de aquí, las manifestaciones más comunes son la ansiedad y la depresión. Con respecto a la primera, además de los componentes fisiológicos y motores que la acompañan, existe cognitivamente una gran preocupación en torno la pareja y la familia, el trabajo, los amigos y conocidos y hacia él/ella mismo/a.

Con respecto al trabajo, el sujeto teme ser descubierto y debido a esto, sufrir el rechazo de los demás y de la propia empresa llegando por ello a ser despedido. En cuanto a la familia y la pareja, lo más destacado es el miedo al contagio de los familiares junto con la ruptura de la pareja, especialmente en los casos en que el contagio se produce por una infidelidad o el consumo de drogas. El sujeto suele tener sentimientos de culpabilidad por los trastornos que va a ocasionar a su familia debido a su enfermedad y suele tener la duda terrible si no ha contagiado ya a su pareja, lo que es un sentimiento que resulta indescriptible.

Otra situación muy distinta es la que se produce teniendo claro el paciente que el contagio no se ha producido por una conducta de riesgo propia, siendo el contagio únicamente posible a través de su pareja. En este caso, además del daño psicológico, la irresponsabilidad de la pareja le ha llevado a contraer una enfermedad muy grave y esto conlleva sentimientos de rabia, impotencia y desesperación.

Por otra parte, los familiares suelen manifestar altos niveles de estrés provenientes de la indefensión por el curso de la enfermedad, el conflicto de sentimientos hacia el paciente y el miedo al contagio.

En el caso de los amigos la reacción que conlleva el conocimiento del diagnóstico puede englobarse en tres categorías: el apoyo incondicional desde el primer momento, el rechazo absoluto y distanciamiento de la persona y las reservas o temores iniciales que se van venciendo poco a poco.

Según un estudio realizado por Ballester y cols. (1997) con 45 pacientes con SIDA ingresados en el Hospital General de Castellón, los principales miedos que manifiestan estos enfermos son: 

  • A la muerte de los seres queridos
  • Al daño físico
  • A la propia muerte
  • Al fracaso y el rechazo social
  • Al daño corporal y las enfermedades

Todos estos pensamientos implican anticipaciones ansiosas que conllevan sentimientos de desesperanza, indefensión, autocompasión y culpabilidad. Esto produce un ánimo depresivo en el sujeto que puede ir acompañado de ideación e intentos suicidas.

Otras manifestaciones de la persona con VIH son: baja autoestima, hipocondría, negación, ira, aceptación, resignación y preparación para la muerte, donde se observa una evolución similar a la de otros enfermos terminales.

Por otra parte, debemos recordar que el VIH es un virus neurotrópico que comúnmente  produce en el organismo encefalopatías y síndromes orgánicos cerebrales en los casos más avanzados. Según Calvo (1990), entre un 30 y un 40 % de los pacientes manifiestan síntomas neurológicos durante alguna fase de la enfermedad. Los más habituales son la demencia, el delirium y la sintomatología psicótica.

La clínica del complejo Demencia-SIDA incluye varios aspectos debiendo hacerse una distinción entre las manifestaciones iniciales del complejo y los síntomas que aparecen en las fases avanzadas y terminal de la enfermedad.

Así, manifestaciones iniciales pueden ser pérdida de memoria, dificultades de concentración, de comprensión, apatía, humor depresivo, agitación, síntomas psicóticos, marcha inestable, temblor, torpeza, debilidad y confusión. Entre las manifestaciones más tardías, por su parte, podemos encontrar, disfunción cognitiva global, mutismo, afasia, amnesia, alucinosis orgánica, debilidad, espasticidad, disquinesia, parkinsonismo, ataxia, mioclonos, incontinencia, convulsiones, paraplejia, tetraplejia, retraso psicomotor o agitación.

Por último, durante la fase terminal lo que observamos es que el paciente permanece desconectado del medio estando absolutamente incapacitado física y mentalmente, con un lenguaje muy reducido o ausente, obligado a estar postrado en una silla o en la cama y con incontinencia esfinteriana. En esta última fase la supervivencia es muy corta, no más de dos meses.

En cuanto a los cuadros de delirium, destacar que también pueden desarrollarse como consecuencia de diversas infecciones. Estos cuadros pueden ser especialmente graves asociados a una demencia. Los síntomas que podemos observar en estos casos son alteraciones perceptivas en forma de alucinaciones, ilusiones o interpretaciones erróneas de los estímulos, alteraciones de memoria, en el ritmo vigilia-sueño, alteraciones motrices y enlentecimiento del curso del pensamiento.

Por último, en los cuadros psicóticos los síntomas que manifiesta el sujeto son alteraciones del pensamiento y alucinaciones, pudiendo ser explicadas en este caso, tanto por el efecto del virus sobre el cerebro como por la infección del SNC por parte de otros virus, el efecto del estrés o como una consecuencia de las drogas consumidas.

Toda esta sintomatología neuropsicológica es necesario tenerla en cuenta para establecer el diagnóstico diferencial con otros cuadros clínicos.

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