26 años. Crisis del cuarto de vida: tristeza, ansiedad y vacío existencial

Realizada por Javier. 20 dic 2016 1 respuesta

Soy un chico de 26 años que acaba de llegar a Madrid para hacer un máster. Arrastro una tristeza severa desde hace bastante tiempo. He estado analizándome y puedo resumir mi situación en tres puntos fundamentales:

1) Cuando una tarea exige cierto compromiso y responsabilidad real (no sólo nominal) siempre me sale mal y termino defraudando a quien en un principio confiaba en mí (y este hecho, el de defraudar, es el que más me duele) Un ejemplo típico de lo que me ocurre es el siguiente:

1.1) Me encargan hacer un informe en el trabajo. Como en cualquier trabajo, y muy especialmente hoy en día, el ritmo es rápido, lo que hace que la mayor parte de las veces las instrucciones, sean taxativas, confusas y no den lugar a la discusión. No quiero preguntar para no dar la impresión de ser alguien despistado y poco profesional, porque, como sabéis, tal como están las cosas, al mínimo asomo de incompetencia te echan. Como resultado, la tarea me sale mal o termino haciendo lo que no es.

1.2) Realizo el informe detalladamente y con cuidado. Lo reviso mil veces, pero a la hora de entregarlo el jefe me reprocha que está lleno de errores. Errores que, inexplicablemente, he pasado por alto debido a continuos despistes, a no distinguir adecuadamente lo fundamental de lo accesorio, o bien distinguirlo, pero, ser incapaz de afrontar lo fundamental y distraerme con los detalles.

Siento que he ido sobreviviendo a base de chiripas: un jefe indulgente, una negligencia excusable por mi condición de becario, simpatía personal, y una cierta apariencia profesional que camufla el panorama real. Pero claro, la gente no es tonta, y a medida que transcurre el tiempo se evidencia mi bajo rendimiento. Alguien así es un entorno de trabajo es una rémora. Siendo el mundo laboral un mundo de lobos, cualquiera me pasa por encima.

Me siento un inútil, un fraude, y cuando quiero apartar estos pensamientos de mi mente sólo encuentro continuos hechos y datos que me lo corroboran. De todo lo que he hecho en la vida, creo que en nada he rendido al 100%, ni siquiera en aquellas cosas que, a priori, me interesan. Por muy buenos propósitos que me marque, siempre termino en la ley del mínimo esfuerzo y en el "ir tirando", hasta que alguien se ha cansado y me ha caído un broncazo o me ha tocado vivir una situación desagradable.

Tengo grabados a fuego momentos de mi vida en los que me sentí humillado: cuando mi profesora de francés me hecho una bronca descomunal delante de toda la clase, cuando el tribunal de fin de carrera me llamó, directamente, "fracaso de alumno" tras exponer mi trabajo (trabajo en el que, para colmo, había puesto mucho empeño), cuando con mi primera beca mi jefe empezó sutilmente a pasar de mí y a dejar de delegarme tareas, pese a haber puesto muchas esperanzas inicialmente,etc. Cosas que, quizás por no haberlas sabido gestionarlas y afrontarlas se han ido grabado en mi subconsciente como espinas.

A todo ello se acaba de sumar mi reciente despido del trabajo tras un mes de prueba, por motivos como los que he expuesto arriba. He sentido de nuevo esa sensación de fracaso, de profunda inutilidad y vulnerabilidad que, como una constante, se repite a lo largo de mi vida.

A veces, animado por mantras de autoayuda del estilo: hay que liberarse del pasado, vivir el presente, creer en ti mismo, etc, termino olvidando mi rosario de fracasos y tirando para delante, hasta que un nuevo golpe me los vuelve a recordar y me pregunto que estoy haciendo con mi vida, para que sirvo si es que sirvo para algo y que será de mi en este jungla hiperprofesionalizada, competitiva, precaria, informada y exigente en que se ha convertido el mundo cuando no tenga a nadie que me sostenga.

Incluso cuando la gente me ha alabado cosas, me he sentido un fraude, porque no me he sentido realizado con ellas o no han cumplido mi nivel de exigencia.

No soy una persona nada autocomplaciente, pero a su vez, siento que soy incapaz de asumir el esfuerzo y la responsabilidad que implica el no serlo.

Cuando pienso y me paro a ver mi estado: que nunca he conseguido a ninguna de las mujeres que realmente me han gustado, que las que he conseguido ha sido a través de la exageración, el ocultamiento y el engaño para no mostrarme a mí mismo, que nunca he tenido éxito en nada, que desde el instituto me han tenido que sacar siempre las castañas del fuego, que no hay sitio al que vaya en el que no termine defraudando, me entra un desasosiego profundo y sólo pienso en la estupidez de la vida , en lo pasajero de la felicidad y en la muerte.

2) No encuentro, hoy por hoy, ningún trabajo que me estimule. He estudiado una carrera de humanidades, y lo más propio, por mi carácter y aspiraciones, sería ser profesor o funcionario. Pero el panorama está como está, y también me planteo si conseguiré sacarme una oposición cuando ni tan siquiera he conseguido pasar de cinco-seis en la mayoría de asignaturas de la carrera, estando la función pública saturada y habiendo gente dedicada a ello en cuerpo y alma.

Buscando una salida, me he matriculado en un máster que no me interesa nada, pero que ofrece expectativas laborales para mi carrera; eso si, en cosas que detesto y para las que, directamente, no sirvo. Ha pagado mucho dinero por un máster por trabajo, por pánico a la pobreza y por no saber dónde meterme. Así de triste.

-Detesto la rutina, que convierte la vida en un callejón sin salida, en una tortura, detesto aguantar a gente sin ningún tipo de inquietud en el trabajo: a ejecutivos agresivos, a pelotas y a buscabroncas. Detesto los trabajos en equipo, el falso buen rollo que se ha puesto de moda en el mundo empresarial y me pone nervioso el continuo escrutinio de los jefes, la competencia y la productividad. Soy consciente de lo egoísta, injusto e irracional de mi sentimiento, (si todo el mundo pensara igual el mundo sería imposible, además la capacidad de afrontar lo opuesto a nosotros es lo que diferenca al verdadero talento del mediocre) pero no puedo evitar sentirlo, que me afecte profundamente y me amargue la vida, lo que también me hace sentir culpable sobre todo de cara a mi familia, que no me entiende y se entristece de verme así, lo cual da lugar a más broncas y conflictos y vuelta a empezar. La pescadilla que se muerde la cola.

Como consecuencia, ,o como proceso anexo pero comunicante, reverdece la siempre agazapada depresión: sólo tengo ganas de llorar, Siento que engaño a la gente, que nunca conseguiré integrarme en el mundo laboral y que, si lo consigo, viviré infeliz toda la vida, siempre temeroso de ser despedido, de defraudar a la gente y, sobre todo, de las broncas y humillaciones, a las que tengo verdadero pánico.


Entonces me acuerdo de cuando era niño y estudiante: todo era fácil y esperanzador, no había responsabilidades reales, cada día era un descubrimiento y todo parecía al alcance de la mano. Cuando lo pienso rompo a llorar por todo lo que he perdido y ya no recuperaré jamás.

Siento que estoy entrando en la vida plenamente adulta. Me hunden sus responsabilidades, su color gris y su falta de perspectiva. Para colmo, me miro en el espejo y me veo cada vez más calvo, y más miope, cada vez más parecido a eso en que de joven juras que nunca te convertirás: una persona vulgar, un amargado cualquiera.

He tenido éxito con las mujeres, pero nunca he conseguido solidificar nada, porque otra gente con

No quiero convertirme en una persona gris y mediocre, en un frustrado más, pero la vida me conduce a ello.

Ahora me veo en una gran ciudad, sólo con mis fantasmas y con un futuro incierto, Mis padres me animan y me apoyan en todo, pero eso sólo me hunde más, porque sé que esperan mucho de mi sin conocer mi estado real y porque me angustia depender de terceros. Me conozco demasiado bien, sé cómo pintan las cosas.

Desde mis modestos conocimientos psiquiátricos, me he diagnosticado un proceso depresivo asociado a un trastorno pasivo-agresivo de la personalidad. Creo que necesito ayuda profesional..

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1 respuesta

  • Mejor respuesta

    Hola, Javier:

    Estás en un momento de tu vida en el que tienes que ir dejando atrás la casa de tus padres e ir construyendo tu propia casa, tu propia vida. Se trata de un viaje, de un camino que tendrás que ir recorriendo paso a paso. Para hacerlo te vendría bien tener una actitud diferente a la actual.

    No se trata de que tus sensaciones e interpretaciones no sean ciertas (al menos en parte, al menos para ti), lo que ocurre es que no resultan útiles para seguir adelante. Por ejemplo, un camino puede estar lleno de charcos y lombrices, pero el hecho es que hay que seguir y para ello hay que buscar algún truco (más que pensar en el rollo que son los charcos y las lombrices). Ese truquillo se te escapa porque tu modo de sentir y de pensar bloquea la creatividad que tienes para ser tú plenamente y buscar soluciones.No te dejas ser.

    Los pasos los puedes ir dando poco a poco, tiene que ser pensando en ti (foco en ti) y no en los demás (lo de defraudar), tienes que ir más ligero (una gran exigencia actúa como una losa que te aplasta y acabas por no hacer nada), etc.

    En definitiva, te vendría bien replantearte algunos temas con la ayuda de un psicólogo/a para que des con la actitud y el enfoque que más te conviene y así puedas ir encontrando tu lugar.

    Te animo a que te pongas manos a la obra.

    Mucha suerte.

    Subido el 27 Diciembre 2016

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