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3 claves para un castigo eficaz

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

El objetivo de un castigo, sobre todo si estamos tratando de educar, debería ser aprender. Aprender que lo que se ha hecho no está bien, que tiene unas consecuencias, que los demás tienen de

2 AGO 2017 · Lectura: min.
3 claves para un castigo eficaz

Un castigo que ayude a RAZONAR, objetivo básico y primordial de toda educación. Tratar de memorizar como un lorito o conseguir un título no debería de ser la meta. El mayor logro de la educación es conseguir que una persona aprenda a RAZONAR.

Si un castigo sólo sirve para penalizar de la manera que fuera, no sirve de nada. El ejemplo más claro es el de las cárceles, que aunque ofrecen algunas ventajas, como es una convivencia más ordenada al apartar de la sociedad los individuos "conflictivos", poco o nada aporta al individuo en su reeducación y reinserción en la sociedad.

Es más, algunos autores afirman que lejos de ser un instrumento ineficaz en la lucha contra la violencia y la delincuencia, la estimulan.

Es un problema muy complejo que no vamos tratar aquí. El objetivo de esta entrada es mostrarte que el castigo ha de tener una finalidad, que castigar sólo por penalizar una mala conducta no es una buena idea si lo que queremos es educar.

3 sencillas claves en las que debiera estar basado un castigo para ser lo más efectivo posible:

  1. Inmediato

Un castigo debe ser lo más inmediato posible a la falta cometida. Si tu hijo hace una trastada y esperas una semana para castigarle, el sentido educativo y de aprendizaje que le lleve a razonar, se habrá diluido. Verá eso más como una condena que un aprendizaje.

2. Proporcionado

Si ha liado una gorda necesita un castigo de mayores proporciones. Es algo subjetivo y difícilmente medible, pero la idea es que buscamos un escarmiento con el que aprenda, y si algo grave no va seguido de consecuencias proporcionales no va ha aprender.

3. Restituyente

El foco principal del castigo ha de ser restituir, en la medida de lo posible, los efectos de la falta cometida. Esto es algo esencial si queremos que aprenda. No siempre será posible, pero hemos de tratar de que el castigo esté relacionado con la falta.

Te recomiendo ver la película "Los chicos del coro", muestra esa diferencia entre estilos de castigo.

En el minuto 4:45 vemos a Clement Mathieu, el nuevo profesor, recién llegado al internado. Ve a un niño fregando el suelo y pregunta extrañado al viejo conserje a ver por qué está fregando.

El conserje le responde que ha sido castigado a 15 días de trabajos de interés general. No se dice que hizo el niño, pero fuera lo que fuese, trabajos de interés general no parece tener un objetivo claro ni estar liado a una falta concrta. Podrá odiar al castigador, podrá no volver a hacerlo… pero no habrá aprendido de primera mano las consecuencias de lo que hizo.

La cosa cambia mucho cuando Mathieu castiga a Le Querrec por haberle puesto una trampa al viejo Maxence. En el minuto 13 podemos ver como Mathieu le castiga a ser ayudante de Maxence en la enfermería; ayudando al viejo conseje, encamado por las heridas que le causó su trampa. Eso es restituir y aprender.

En el minuto 16 podemos ver como el viejo conserje está agradecido a Le Querrec por haberse presentado "voluntario" para ayudarle mientras se recupera de sus heridas.

El niño está viendo directamente las consecuencias de sus actos, y además se está sintiendo mal porque Maxence le alaba sin saber que fue él. Va ha aprender mucho más que si le hubieran metido en el calabozo o puesto a fregar suelos.

Hay que castigar con una lógica y una meta, la de educar. Y eso requiere esfuerzo e imaginación. "No hay consola", "te quito el móvil" o "este fin de semana no sales", se pueden mejorar.

Escrito por

David Sojo. Psicólogo y Psicoterapeuta.

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