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Alimentación emocional: qué es y cómo controlarla

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Comer en exceso para calmar nuestra ansiedad genera un comportamiento alimentario negativo que acarrea mayor malestar y remordimiento. En este artículo te decimos cómo podemos controlarlo.

13 JUL 2016 · Lectura: min.
Alimentación emocional: qué es y cómo controlarla

Que levante la mano quien no se haya atiborrado de chocolate alguna vez cuando se ha encontrado triste. ¿Nadie? Las emociones influyen de manera sorprendente en todos los aspectos de nuestra vida, y uno de ellos es el que atañe a la alimentación. Por eso hay momentos en los que nuestro estado de ánimo nos lleva a abusar de alimentos con alto contenido en azúcares o en grasas, por ejemplo.

Por alimentación emocional entendemos aquellas conductas alimentarias influenciadas por las emociones y estados de ánimo de las personas. Algunos autores, como la psicóloga madrileña Isabel Menéndez, aluden al término «despensa imaginaria» para explicar la vinculación entre comida y emociones. Si estamos preocupados, tristes, sentimos que las cosas no salen como debieran, tenemos carencias emocionales o males de amor, nuestra «despensa imaginaria» no estará llena, por lo que supliremos ese vacío comiendo en exceso.

Esta relación entre alimentación y emociones es lo que permite discernir entre una necesidad biológica y emocional a la hora de comer. La primera viene determinada por la necesidad de comer para saciar el hambre y mantenernos vivos; la segunda se manifiesta por el deseo imperioso de comer como consecuencia de nuestro estado de ánimo. En este segundo caso, el sentimiento de vacío o malestar que sentimos lo calmamos con un atracón de comida, sobre todo rica en grasas; otras personas buscan alimentos dulces (chocolate, galletas, helado); incluso las hay que sienten que tienen que estar constantemente comiendo para calmar su desazón.

Si esto ya de por sí es un gran problema, las consecuencias de este exceso son también importantes. La depresión, el sentimiento de tristeza y la sensación de estrés o ansiedad que sufren son calmadas con comida, lo cual, lejos de suplir este vacío, genera un mayor sentimiento de culpa y remordimiento, que, a su vez, causa más depresión y ansiedad, lo que motiva que vuelvan a comer. Es la pescadilla que se muerde la cola.

¿Se puede controlar este deseo?

La asociación que existe entre la alimentación y nuestras alteraciones del ánimo refleja un comportamiento alimentario inadecuado que debe ser tratado por profesionales. La complejidad de emociones que subyace tras la ingesta de alimentos en exceso obliga a los psicólogos a buscar soluciones que permitan a los pacientes encontrar alternativas a esa conducta inadecuada. Se trata de definir mecanismos que posibiliten a los sujetos enfrentarse a sus problemas sin recurrir a la comida y que, a su vez, permitan regularizar sus pautas alimentarias.

La mayoría de los especialistas aconsejan calmar el malestar asociado a nuestros problemas emocionales con ejercicio. Dar paseos, realizar algún tipo de ejercicio físico, o practicar disciplinas de relajación como el yoga y el pilates pueden ayudar a calmar nuestro estado de ansiedad sin que tengamos que recurrir a la comida.

Otra herramienta que recomiendan los psicólogos es suplir nuestros ratos de ocio con el desarrollo de actividades lúdicas y aficiones. Si nos gusta leer o escribir, podemos apuntarnos a grupos de escritura y expresar cómo son nuestras emociones en papel; si sentimos pasión por el arte, podemos encauzar nuestro malestar anímico a través del dibujo o la pintura. Consejos como establecer la obligación de salir todos los días, aunque solo sea para dar la vuelta a la manzana, o incrementar las citas con los amigos también ayudan a sosegar nuestra inquietud. Por mucho que nos apetezca estar solos en determinados momentos, la compañía de otras personas nos ayuda a calmar el deseo incontrolado de comer en exceso. De ahí que sea importante que busquemos actividades y entretenimientos que tengamos que realizar en grupo.

Por último, podemos contar a los demás nuestro malestar asistiendo a terapias de grupo. La empatía que se transmite en estas reuniones y la experiencia aportada por los demás sujetos suelen tener efectos muy positivos en los pacientes.

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Escrito por

Raquel Rodríguez

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