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¿Cambiar a tu pareja o aceptarla tal y cómo es?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

A algunas parejas les pasa que con el tiempo empiezan a sentir rechazo por ciertos aspectos de la personalidad de su pareja y empiezan a intentar "cambiarlos" por otros.

25 MAR 2019 · Última modificación: 26 MAR 2019 · Lectura: min.
¿Cambiar a tu pareja o aceptarla tal y cómo es?

Al comienzo de la relación, la otra persona parece el ser perfecto, nada te molesta de ella, e incluso parece que sus "defectos" la hacen más deseable y atractiva. No obstante, con el tiempo, empezamos a poner los pies en la tierra, y empezamos a verla de manera más realista, percibiendo tanto sus cualidades como sus limitaciones.

Estas limitaciones, "defectos" o comportamientos contrarios a lo que nosotros pensamos por "adecuados" pueden llegar a desesperarnos, a inquietarnos e incluso a provocar en nosotros comportamientos pasivo-agresivos que irán en perjuicio de nuestra relación, envenenándola poco a poco.

¡Ojo! Obviamente, por defectos no me estoy refiriendo a faltas de respeto o comportamientos violentos/agresivos verbales o físicos contra la pareja o uno mismo, ya que estos bajo ningún concepto deben tener cabida dentro de una relación, ya sea amorosa, de amistad, familiar, laboral o académica, teniendo esta que replantearse de manera inmediata, concluyendo en su ruptura si estos comportamientos violentos o agresivos no cambian o se eliminan.

Me estoy refiriendo a comportamientos "molestos", como ciertos rictus o gestos de la persona, expresiones, formas de hablar o de tratar los problemas, maneras de actuar a nivel social, laboral o familiar, prioridades que establece la persona, hobbies, protocolo social o educación asimilada, formas de pensar sobre las diferentes áreas de la vida, etc. Estas "posiciones" o creencias frente a la vida fueron aprendidas desde niños en nuestra familia, en nuestro grupo social y a través de diferentes formas de aprendizaje directo o vicario, y difieren mucho de una persona a otra.

Imaginemos: a veces nos enfadamos con miembros de nuestra familia, aunque hayan sido criados bajo los mismos preceptos y protocolos sociales, y hayan asimilado conceptos parecidos de lo que es o no adecuado. Sin embargo, las interpretaciones de lo que es o no correcto a veces pueden diferir dentro de los miembros de una misma familia, aún recibiendo la misma educación.

¿Por qué? Las creencias sobre la vida son muy subjetivas, no existen reglas universales, ni el bien ni el mal, ni lo correcto o incorrecto, sino sólo formas de socializarse que pueden llevar a una mejor o peor convivencia (llamados comportamientos prosociales, necesarios para vivir en sociedad), pero estas normas de convivencia, dependiendo de las circunstancias, son cambiantes y abstractas. Nuestras creencias no son la realidad, sino tan sólo un "mapa aproximativo" de lo que puede ser o llegar a ser, que a veces pueden llevarnos a consecuencias negativas o positivas según nos equioquemos al adivinar ciertos resultados causados por un comportamiento o no desempeñado. Aprendemos que si hacemos esto, pasará lo otro, y por ello nos guiamos, pero a veces nos equivocamos, y otras veces, una conducta que nos había dado buenos resultados, al cambiar las circunstancias, nos da otros resultados menos esperados o indeseados.

Así pues, diferiremos con una persona externa a nuestra familia, que se ha criado en otro ambiente, ha aprendido creencias y conceptos distintos de lo que puede ser o no correcto o adecuado o aceptado socialmente (muchas veces sólo es aceptado dentro de su propia familia). Por ello, es indispensable pensar en esto cada vez que nos parezca "incorrecto" o "inadecuado" ciertas creencias, opiniones, prioridades, comportamientos o expresiones de nuestra pareja (siempre que éstas no sean agresivas o violentas).

Cuando no aceptamos las creencias, las prioridades, comportamientos o expresiones de la otra persona, ésta se siente "rechazada" por su propia pareja, aunque siga comprometida a nivel relacional. A nivel sentimental y de intimidad, esta persona no está siendo aceptada.

Recordemos que una pareja puede tener tres variables:

  • pasión (el sentimiento de los primeros momentos, más identificada con el deseo y la atracción sexual)
  • la intimidad (el conocimiento mutuo, la comprensión, la aceptación de la forma de ser de la otra persona)
  • el compromiso (la promesa mutua de estar juntos)

La intimidad es una parte muy importante dentro de una relación, ya que implica la curiosidad por saber qué creencias posee la persona con la que hemos decidido compartir nuestra vida: sus prioridades, sus intereses, opiniones, necesidades, principios, etc. y aceptarlos tal cual son, es decir, conlleva la aceptación incondicional de esa persona tal y cómo es, y no condicionada a cómo la otra pareja quiere que sea.No hace falta compartir sus creencias, sino no seríamos fieles a nosotros mismos, pero sí comprenderlas y aceptarlas (podemos comprender una posición u opinión, pero no estar de acuerdo con ella).

Cuando decidimos convertir a una persona en nuestra pareja, en nuestra compañera de vida, es porque nos gustó tal y cómo es, pero a veces, cuando la pasión comienza a disminuir, empezamos a rechazar aquellas características de nuestra pareja que en un inicio nos habían resultado hasta atractivas o neutras.

Las consecuencias pueden resultar desastrosas para la relación, y este tedio puede repetirse de pareja en pareja sin un fin, "boicoteando" de manera inconsciente todas las relaciones que emprendemos. En vez de insinuar cómo nos gustaría que hiciera una determinada cosa, acabamos atacándola por su manera de ser o de hacer, concluyendo en una atmósfera negativa y cargada de tensión y hastío dentro de la relación.

¿Pero cómo no caer en este círculo vicioso? Aceptando que cada uno tiene derecho a tener su propia visión de la vida, que puede ser diferente a la nuestra, respetando su individualidad y su manera de ser, sin calificar de "malo" o "bueno", de "inadecuado" o "adecuado". Nos terminamos por olvidar de los aspectos positivos que nos atraían de esa persona, así que habría que volver a recordarlos.

¿Cómo?

1. Centrarse en lo positivo. Durante una semana, fíjate en las cosas que tú consideras positivas de esa persona y apúntalas.

2. Gestos de cariño. Agradéceselas con gestos cariñosos, caricias o de manera verbal.

3. Cread nuevas experiencias juntos. La rutina puede ser la gran enemiga dentro de una relación, ya que suele desembocar en tedio y aburrimiento de la otra persona.

4. Intentad ser detallistas: y con ello no me refiero a los "grandes gestos" que se hacen muy de vez en cuando(hay gente que es muy exagerada en cuanto a romanticismo, no hace falta escribirle su nombre con velas a tamaño Godzilla en la playa), sino a los pequeños gestos del día a día, como prepararle el desayuno a tu pareja, o darle un beso cuando llegue a casa, guiñarle un ojo en forma de complicidad, preguntarle e interesarte por qué tal le ha ido el día, etc.Los grandes gestos románticos son los llevados por la pasión del momento, pero no significan "amor", e incluso pueden utilizarse a veces como chantage emocional en contra del otro o como "compensación" de conductas inadecuadas . Los pequeños detalles del día a día conyevan un sacrificio diario, un "estar pendiente del bienestar del otro", empatía por tu pareja, tenerla en cuenta en tu vida, y esto así lo percibe el otro miembro, es el compromiso y la intimidad.

5. Elogios: los elogios son una parte muy importante dentro de una relación. Con el paso del tiempo, los miembros piensan que la otra persona ya los sabe, pero eso no es cierto, ya que los sentimientos por lel otro pueden cambiar en cuestión de meses, semanas o incluso días u horas. Lo mejor es recordarle con frecuencia a la otra pareja cuánto la quieres mediante elogios o halagos (siempre que estos no sean exagerados, abstratos o falsos). Estos actúan de refuerzo, fomentando una atmósfera positiva y de aceptación dentro de la pareja. ¿A quién no le mejora el ánimo con un elogio? Tenderemos a asociar nuestra pareja con un aumento de endorfinas, desearemos su compañía.

6. Hablar de lo que nos molesta. Si algún comportamiento de la otra persona te molesta mucho, en vez de atacarle, procura decirle cómo te gustaría o cómo preferirías que actuara la próxima vez, informándole de los beneficios para ambos que tú ves al actuar de diferente manera, siempre explicado de forma amable y sin sarcasmos ni ironías, siendo franco, honesto y empático. Por supuesto, hay que respetar la negativa de la otra persona a no querer actuar de la forma que tú dices que es adecuada.

7. Decir lo que realmente queremos. Si te gustaría que hiciera algo, no pienses que tendría que saberlo si te conociera de verdad. Ya es bastante agobio el saber qué quiere uno mismo como para intentar adivinar lo que quieren los demás, aunque esta sea tu pareja. Lo mejor es decirle abiertamente lo que te gustaría, una y otra vez. Así se promueve el conocimiento de las preferencias e intereses de la otra pareja, y llegará un momento en el que el otro sabrá, con más certeza, qué te gusta exactamente.

Espero que os sirvan estos consejos a las parejas que estáis en este tipo de situaciones. Disfrutad de tener pareja, ya que hay que recordar que el tenerla es compartir la vida con tu mejor amigo, con tu compañero de experiencias, con tu apoyo incondicional, con una persona que te acepta tal y cómo eres.

Escrito por

Centro de Psicología Jara Amaro

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