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Cómo decir “no” a los niños

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Educar a un niño no es una tarea fácil, sobre todo cuando se intentan establecer límites sobre lo que debe hacer y lo que no. Por ello es fundamental mantenerse firme cuando se dice "no".

22 jul 2014 · Lectura: min.
Cómo decir “no” a los niños
Educar a un niño no es una tarea fácil, sobre todo cuando se intentan establecer límites sobre lo que debe hacer y lo que no. Los enfados y las rabietas suelen ser una respuesta relativamente frecuente, pero es fundamental aprender a decirles “no” de forma calmada y razonando dicha actitud para que el pequeño sea también consciente de su propio proceso de crecimiento y se sienta seguro al ir ganando más autonomía.
Necesidades y caprichos

En primer lugar, es fundamental identificar las peticiones de los niños y cuándo éstas se refieren a necesidades reales o a meros caprichos. Frente a las primeras la respuesta, generalmente, deberá ser afirmativa, salvo determinadas circunstancias en las que la necesidad esté realmente superada y el pequeño la haya acabado convirtiendo en capricho por comodidad, pereza, etc. De hecho, frente a los caprichos, la respuesta negativa debe ser segura y contundente.

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No sentirse culpable

Por otra parte, conviene trabajar de antemano la propia asertividad para no sentirse culpable a la hora de decir que no. Es decir, es importante mantenerse firme y decidido en la respuesta, sobre todo porque el educador debe demostrar la autoridad que posee frente al niño, pero con coherencia y sin imposiciones sin sentido –esta circunstancia denotaría la propia inseguridad y cierto sentimiento de culpabilidad por parte del adulto-.

Adaptarse a la edad del pequeño

No todos los “no” son iguales, como tampoco todas las circunstancias son las mismas ni los niños presentan las mismas actitudes. Lo ideal es que, tanto la forma de pronunciarlo como un posible gesto de refuerzo se adapten más o menos a la edad del pequeño.

Así, por ejemplo, si un niño de un año quiere tocar o jugar con un objeto que no debe, conviene situarse a su altura, mirarle mientras se le habla despacio y tranquilo y retirarle el objeto en cuestión con voz baja, lenta y frases cortas. Mientras que, con un niño más mayor –normalmente, a partir de los 4 años-, ya es posible establecer un diálogo y un razonamiento con justificaciones más formales.

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Foto de Psicoforma.
Criterios comunes a todos los educadores

También es importante que, para evitar confundir al pequeño, todos los adultos que forman parte de su proceso educativo estén de acuerdo en los límites que deben establecerse. Igualmente, conviene que sus gestos y actitudes en el momento de decir “no” sean coherentes con lo dicho anteriormente.

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