¿Cómo es la crianza de nuestros hijos?

En este artículo queremos hablar de la educación que le damos a nuestros hijos en casa. ¿Cómo es? ¿Cómo afectará a su desarrollo y qué consecuencias tendrá en su edad adulta?

12 SEP 2018 · Lectura: min.
¿Cómo es la crianza de nuestros hijos?

Nadie nace sabiendo ser padre. Como en el caso de los niños, tenemos que aprender con ellos y adaptarnos a los cambios que los pequeños experimentan.

La mayoría de las veces acabamos repitiendo roles, frases y comportamientos que hemos visto en nuestros padres cuando éramos pequeños y que nos habíamos jurado no repetir. Los primerizos incluso nos hemos empapado de literatura sobre la educación de nuestros churumbeles para saber cuál es el mejor modo de afrontar el correcto desarrollo del menor. Todo ello ha dado pie a un sinfín de estilos de crianza. Y es que está demostrado que dependiendo de cómo haya sido la educación que le hayamos ofrecido a nuestros hijos, de cómo nos hayamos comportado con ellos, así serán ellos de mayores.

La crianza influye en el desarrollo y la personalidad que muestren los menores en su edad adulta. Se sabe que la mayoría de los niños que conviven en ambientes donde ha habido maltrato familiar acaban siendo violentos cuando son adultos, pues repiten los roles aprendidos durante su niñez. Y lo mismo sucede en otros contextos, porque los humanos acabamos haciendo aquello que conocemos, y si nos hemos criado en un ambiente demasiado estricto o muy descuidado, solemos ofrecer ese tipo de educación a nuestros hijos, sin darnos cuenta, puesto que es lo que hemos vivido y es lo que consideramos correcto.

En la década de los años 60, la psicóloga D. Baumrind expuso tres tipos de crianza según su experiencia profesional. Varios años más tarde, en 1983, las también psicólogas E. E. Maccoby y J. A. Martin publicaron un trabajo, en el volumen cuarto de la obra Handbook of child psychology, que llevaba por título «Socialization in the context of the family. Parent-child interaction», en el que incluyen un cuatro estilo más a los tres que exponía la especialista neoyorquina. Así, en este trabajo se habla de cuatro tipos de crianza en función de la interacción que se produce entre los padres y los propios hijos. ¿Quieres saber cuál de los cuatro es el que mejor te representa? Haz el test.


Aquí tienes más información sobre los diferentes tipos de crianza:

Dominador

También conocido como autoritario, este estilo se caracteriza porque los progenitores exigen a los hijos el cumplimiento de órdenes y reglas que, si se saltan, suponen férreos castigos disciplinarios. En este estilo no suele desarrollarse una relación paternofilial más allá del respeto y el miedo al castigo.

shutterstock-1054105055.jpg

En este tipo de crianza los padres esperan que los hijos cumplan unas expectativas: saquen las mejores notas, se comporten de una determinada manera, cumplan todas las exigencias, no pasen por fases de rebeldía que supongan malas conductas o contestaciones, estudien lo que quieren y acaben formando una familia con aquella persona que para ellos es la más conveniente para su hijo. No aceptan errores en los niños ni faltas de disciplina ni rabietas o enfados. Permitir todo esto supondría, para ellos, malcriar al niño. Se trata, por tanto, de una interacción en la que los padres establecen sus reglas en un «ordeno y mando» y el niño las acata sin más, sin cuestionar si son correctas o no.

La consecuencia más clara es que los hijos suelen mostrar inseguridades, problemas de autoestima. Serán adultos muy exigentes consigo mismos, que tenderán a tener problemas de ansiedad, estrés…

Permisivo

Este estilo de crianza es casi lo opuesto al anterior, pues que en él apenas existen los límites. Muchas veces este tipo de cuidado procede de padres que han sido educados bajo una férrea disciplina, progenitores que han luchado por rebelarse contra ese sistema de crianza e imponen todo lo contrario, pensando, quizá, que así consiguen que su hijo sea más feliz y pleno que ellos durante la niñez. En este caso, son los propios menores los que imponen sus propias reglas y los padres están ahí para cumplirlas.

shutterstock-174193190.jpg

Suelen tener bajas expectativas con respeto a lo que esperan de sus hijos y creen equivocadamente que esa permisividad fomenta la autonomía e independencia. Más que sus padres, pretenden convertirse en sus amigos, darles libertad para hacer y decir todo lo que quieran, aunque ello suponga faltarnos al respeto. De ahí que para estos progenitores decir «no» sea harto complicado, pues consideran que limita su desarrollo. La consecuencia más palpable de este estilo es que el niño se convierte en un pequeño dictador.

El resultado más claro es que estos menores tienden a frustrarse con facilidad, a estar insatisfechos continuamente, a esforzarse poco para conseguir lo que quieren. Serán adultos con problemas de narcisismo, carentes de empatía, dependientes de los demás, e incluso susceptibles de padecer depresión.

Positivo

El tipo de crianza positiva se conoce también como autoritativa o democrática. Es, posiblemente, el modelo más acertado de crianza, pues existen normas y reglas que hay que cumplir, límites a los que hay que atenerse, pero esas normas y límites están sujetos a debate, es decir, los padres hablan, escuchan y mantienen una postura dialogante con las necesidades de sus hijos. Prestan atención a lo que piensan o sienten y pueden modificar algunas reglas si lo consideran oportuno. Estaría a caballo entre el estilo de crianza autoritario y el permisivo.

shutterstock-351460961.jpg

Los progenitores que adoptan este tipo de educación suelen ser comprensivos con los menores y, a pesar de que tengan las expectativas altas, entienden los momentos y situaciones por los que pasan los niños y adolescentes. No son padres controladores ni punitivos, que imponen castigos cuando un límite se quebranta, sino que suelen mostrar apoyo, cariño y respeto por sus hijos, aun cuando se han saltado alguna norma, ya que creen que la autoridad no está reñida con el respeto.

Como consecuencia, son niños que crecen seguros y confiados, que se sienten queridos y respetados. Por tanto, serán adultos autosuficientes, independientes y con muy buena autoestima.

Descuidado

Es el cuarto estilo de crianza que incluyen las psicólogas Maccoby y Martin a la lista de Baumrind y es, posiblemente, el más grave, por cuanto los padres no ofrecen ningún tipo de cuidado, cariño y atención a los hijos. Son padres que, bien por falta de tiempo o de ganas, no suelen atender a los menores, así que delegan su educación y crianza en los profesores, los abuelos, los cuidadores, la niñera… No prestan atención a lo que realmente necesitan sus hijos y no se molestan en enseñarles nada o ponerles límites que les hagan crecer en un ambiente seguro y responsable.

shutterstock-276857036.jpg

Como resultado, los niños suelen tener problemas de autoestima, inseguridades, falta de cariño… Por tanto, serán mayores con tendencia a padecer problemas de baja autoestima, dependencia emocional, ansiedad, depresión…

psicólogos
Linkedin
Escrito por

MundoPsicologos.com

Deja tu comentario

últimos artículos sobre psicología infantil