Cómo manipulamos la realidad

“Persuádete de que estás enamorado, y te convertirás en un amante elocuente... Muchas veces el que empezó fingiendo, acabó amando de veras”

20 MAY 2019 · Lectura: min.
Cómo manipulamos la realidad

Seguro que alguna vez te ha pasado estar muy seguro de algo, tan seguro que serías capaz de poner una mano al fuego para afirmar con más intensidad aquello que estás defendiendo. Sin embargo, ¿te has parado a pensar que quizá, aunque estés seguro de lo que defiendes, esto no puede ser vivido ni visto de la misma manera por otra persona?

Pues sí, ¡así es! Cada uno pensamos y vemos las cosas según el mundo que nuestra mente ha creado para nosotros. Obviamente no me refiero a que si algo es de color verde, para otros sea de color amarillo, aunque bueno, para una persona que sufre daltonismo si lo sería… Hay miles de realidades pero ninguna totalmente real.

Modelos mentales

Estamos hablando de modelos mentales, es decir, de representaciones internas de una realidad externa. Cada persona puede interpretar la realidad de un modo distinto, lo que nos lleva a posibles enfrentamientos y conflictos con aquellos que no ven las cosas de la misma forma que nosotros. Y esto sucede, y mucho… nuestros pensamientos automáticos son los que manipulan nuestra realidad y la forma en que interpretamos las cosas.

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Por ejemplo; si vemos una película, leemos un libro o estamos presentes en una acción varias personas, posiblemente podamos describir con palabras lo mismo o muy parecido. Sin embargo, nuestro cerebro habrá establecido distintos modelos y por esta razón, de la misma película o libro podemos sacar conclusiones distintas, aún habiendo sido espectadores y lectores de lo mismo.

¿Por qué tenemos distintas representaciones de la realidad?

  • Genética: Los genes, aquellos genes heredados que influyen en nuestra manera de ser, incluso de comportarnos.
  • Circunstancias personales: Las distintas situaciones que hemos vivido influencian en nuestra capacidad de pensar y creer.
  • Cultura: Donde hemos crecido, nuestro escenario de actuación ha condicionado nuestra forma de ver y percibir el mundo.
  • Canal de comunicación: La forma en que nos expresamos, incluso el propio lenguaje e idioma condiciona en el momento de explicar las cosas a los demás.

Cada individuo nace dentro de un contexto, vive en una determinada cultura y así determina su comportamiento para formar su realidad.

Para que quede un poco más claro, cuando vemos algo conocido, lo que estamos haciendo es llevar esa representación externa a nuestra colección de modelos e intentar reconocer el que más se aproxime, a partir de esto confeccionamos una realidad particular y la expresamos a los demás con certeza absoluta, aunque el otro no lo vea de igual forma.

¿Se pueden modificar los modelos mentales?

Pues afortunadamente ¡SÍ! Los modelos mentales se pueden entrenar y ampliar en función del número de experiencias que vivimos. Estas serán las encargadas de hacer, aquello de "abrir la mente a nuevas posibilidades"

¿Cómo podemos modificarlos?

Como he dicho, a través de nuevas experiencias. Salirnos de la rutina, aprender temáticas distintas en nuestro día a día, intentar llegar a conclusiones distintas, probar cosas nuevas, descubrir nuestros pensamientos disfuncionales…

Os dejo a continuación una ejemplificación de Paul Watzlawick, personalmente me encanta, describe como una persona puede llegar a manipular su realidad, la realidad del otro y la que existe de verdad a través de sus propios pensamientos.

"Un hombre quiere colgar un cuadro. El clavo ya lo tiene, pero le falta un martillo. El vecino tiene uno. Así, pues, nuestro hombre decide pedir al vecino que le preste el martillo. Pero le asalta una duda: ¿Qué? ¿Y si no quiere prestármelo? Ahora recuerdo que ayer me saludó algo distraído. Quizás tenía prisa. Pero quizás la prisa no era más que un pretexto, y el hombre abriga algo contra mí. ¿Qué puede ser? Yo no le he hecho nada; algo se habrá metido en la cabeza. Si alguien me pidiese prestada alguna herramienta, yo se la dejaría enseguida. ¿Por qué no ha de hacerlo él también? ¿Cómo puede uno negarse a hacer un favor tan sencillo a otro? Tipos como éste le amargan a uno la vida. Y luego todavía se imagina que dependo de él. Sólo porque tiene un martillo. Esto ya es el colmo. Así nuestro hombre sale precipitado a casa del vecino, toca el timbre, se abre la puerta y, antes de que el vecino tenga tiempo de decir: "buenos días", nuestro hombre le grita furioso: "¡Quédese usted con su martillo, so penco!".

Escrito por

Raquel Puig

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