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Conociendo al policía interior: el Superyó, origen y función

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Todos sentimos a veces esa voz interior que nos culpa, nos critica, nos prohíbe y nos enjuicia por ciertos comportamientos, causándonos gran desasosiego.

4 NOV 2015 · Lectura: min.
Conociendo al policía interior: el Superyó, origen y función

"…el superyó acaba por identificarse (…) con lo que llamo la figura feroz, a las figuras que podemos vincular con los traumatismos primitivos, sean cuales fueren, que el niño ha sufrido."(El seminario.1) Jaques Lacan

Para Freud el superyó se forma con el cierre del Edipo pues, al renunciar el niño a la satisfacción de sus deseos edípicos, introyecta las prohibiciones que sus padres le han hecho y se identifica con ellos interiorizándolas. Distingue, no obstante, el proceso del niño del de la niña. En el primero, el Edipo es frenado por el miedo a la castración, mientras que en la niña, la constatación de estar castrada da lugar a su atracción hacia el padre al que percibe como posesor del pene que ella anhela. Para Freud la niña nunca resuelve por completo el complejo de Edipo. Considero interesante destacar que las identificaciones que se producen no son exactamente con personas sino más bien con los superyós de los padres, con sus partes represoras y punitivas. De este modo, las tradiciones, juicios de valor etc. se transmiten de generación en generación, pues el hijo introyecta todos estos mandatos haciéndolos parte de sí y por tanto se los transmitirá a sus descendientes.

Es importante entender el hecho de que el conflicto de la escena edípica consiste en una oposición entre la ley que prohíbe y la supuesta consumación del incesto. El conflicto del cual resulta el superyó, no se sitúa entre la ley y el deseo, sino entre la ley y el goce absoluto del incesto. En otras palabras, el superyó no anula el deseo sino que este sigue muy presente pero prohibido. De este modo, cuando el niño acepta y por tanto incorpora la ley paterna que le prohíbe el goce con la madre, se escinde en dos partes, una en la cual permanece el deseo y otra, identificada con la ley paterna, que lo prohíbe. Este hecho marca la repetición de los tres gestos fundamentales de la salida del Edipo: renunciar al goce prohibido, mantener su deseo y salvar su pene (o su integridad física). El superyó es, según J.D. Nasio "la huella sin cesar renovada de estos tres gestos en el yo. De esta manera, el superyó representa la renuncia a un goce prohibido, la exaltación del deseo por un goce imposible y la defensa de la integridad del yo no sólo contra la amenaza de castración, sino también contra el peligro del goce terrible del incesto". Son estas las funciones básicas del superyó: prohibir (el goce), exaltar (el deseo) y proteger (la integridad yóica) las cuales regulan los movimientos del yo, despecho (odio) ante el goce prohibido, atracción (amor) por el goce imposible, repulsión (miedo) ante el goce terrorífico.

Es importante destacar que las funciones anteriormente descritas se llevan a cabo de manera inconsciente, por lo que el yo puede no tener ninguna constancia de las fuerzas que lo están dominando y, sin embargo, estar irremediablemente manejado por ellas.

Como ya se dijo anteriormente, hay varias versiones acerca del momento en el que se forma el superyó. Hemos visto que para Freud, la renuncia a los deseos amorosos y hostiles propios del complejo de Edipo da lugar a la formación del superyó, el cual se refuerza después con diferentes elementos sociales y culturales como la educación, la religión o la moral. Existen otras opiniones a esta respecto, como por ejemplo la de Ferenczi, quien opinaba que hay pautas educaciones anteriores al Edipo, verbigracia la imposición de tener que controlar los esfínteres, que predisponen la formación del superyó. Destacada es también la postura de Melanie Klein, quien sitúa el surgimiento de esta instancia psíquica en una época muy temprana pues afirma que, mediante la introyección de un pecho bueno (que satisface los deseos del niño) y de un pecho malo (que lo frustra por su ausencia) en un contexto de psique incapaz de discernir aún la diferencia entre dentro y afuera, entre bebé y mamá, etc. y acompañado por un sadismo infantil que se encuentra en su periodo más álgido, hace que se genere una instancia represora de gran crueldad.

Escrito por

David Busto Caviedes

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