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¡Cuidado con las palabras que empleamos!

Usar términos alusivos a enfermedades mentales para describir determinados comportamientos o emociones contribuye aún más a estigmatizar a quienes de verdad las sufren.

31 dic 2018 en Actualidad - Lectura: min.

psicólogos

Desde hace ya algún tiempo se está cuestionando el uso inadecuado que en determinadas ocasiones hacemos del lenguaje para criticar o estigmatizar a alguien sin darnos cuenta de las consecuencias de ello.

Un caso muy claro es el referido al cáncer y al empleo de palabras como «batalla», «lucha», «héroe» o «superviviente» para hablar de la enfermedad y del proceso durante el cual los enfermos se tratan de esta dolencia. Los psicólogos y muchos pacientes llaman la atención sobre el uso de términos claramente alusivos a la guerra y las connotaciones que tiene que al paciente se le identifique como a un luchador que acaba ganando esta batalla, al que se le exige, con la utilización inadecuada de esas palabras, valentía y fortaleza para convertirse en ese héroe.

En el caso de los trastornos mentales, este es, si cabe, más grave, por cuanto usamos, a modo de crítica y con connotaciones negativas, términos que identifican a enfermedades diagnosticadas clínicamente para referirnos a personas que tienen comportamientos que no consideramos normales, como si la palabra normal dijera algo, como si existiera una línea que determinara qué es normal y qué no lo es.

Al margen de esta discusión, es muy común en la lengua que usemos términos como loco o esquizofrénico, obsesivo, bipolar, autista, fóbico, histérico, neurótico… con personas que no presentan ninguno de estos trastornos, solo por el hecho de que la reacción de una persona ante un suceso ha sido desmesurada o no nos ha gustado, porque ha gritado o se ha enfadado más de la cuenta (se le han cruzado los cables, se ha vuelto loco o es un esquizofrénico); alguien es muy ordenado o limpio (tiene TOC); ha pasado de la alegría al enfado ante un acontecimiento determinado (es bipolar); le gusta la soledad (es un autista, todo el día encerrado en su mundo); detesta algo sin que ello le provoque miedo o terror irracional (tiene fobia al color rosa); se ha enfadado más de lo que creemos que debería (está histérico), o se preocupa más por las cosas (es un neurótico).

Quizá un caso muy significativo sea el que atañe a conceptos como depresivo o ansioso para hablar de personas que están tristes o que se muestran nerviosas ante un acontecimiento concreto. La ansiedad y la depresión son dos trastornos bastante usuales que afectan a un 5 % de la población solo en nuestro país. Por ello, hay que tener cuidado cuando decimos que estamos deprimidos si un día nos sentimos tristes o que tenemos ansiedad si nos mostramos nerviosos por algo. Los nervios y la tristeza son dos emociones completamente normales que, por sí solas, no son enfermedades. De este modo, identificar esas emociones con la depresión o la ansiedad, patologías que se encuentran detrás de muchos casos de suicidios, no es recomendable.

En la mayoría de las ocasiones no las usamos con ánimo de hacer daño, sino para referirnos a reacciones o comportamientos que no consideramos usuales sin prestar atención al concepto negativo que acompaña a la palabra que utilizamos y sin pensar que con ello contribuimos más todavía a estigmatizar a aquellas personas que realmente tienen un trastorno mental

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