Depresión y sociedad. la construcción social de la depresión

En el presente artículo realizado por Natalia Gómez Martínez y María Guadalupe Fernández González, nuestras psicólogas de Ourense, nos habla de construcción social de la depresión.

18 FEB 2016 · Lectura: min.
Depresión y sociedad. la construcción social de la depresión

Hablando de Occidente… En los titulares de las noticias, es cada vez más común escuchar hablar de Depresión, debido a que en estos últimos años ha aumentado la incidencia de esta problemática, al igual que ocurre con la venta y consumo de psicofármacos (especialmente ansiolíticos y antidepresivos).

Muchos son factores explicativos, que contribuyen y aportan datos relevantes en un diagnóstico de Depresión y que nos sugieren ideas relevantes para salir de ella o sobrellevarla. El contexto social en el que nos movemos es muy importante en estos casos, ya que en él mismo encontramos factores de protección y de vulnerabilidad, que no explican toda la casuística, pero que son una parte explicativa del proceso, del desarrollo, de la resolución y de cómo las personas afrontan este trastorno del estado de ánimo.

Entre los factores sociales que vamos a destacar, el primero en mencionar es el género. Los estudios publicados hasta el momento, revelan que hay más diagnósticos de Depresión en mujeres que en hombres. Entre los motivos que explican esta diferencia se encuentran los siguientes:

- Diferentes vivencias. Las exigencias de la sociedad, las expectativas a las que cada día se enfrentan y, todavía, en muchos casos, la desigualdad y la discriminación en algunos sectores, sobre todo, en generaciones mayores, han hecho y hacen, que la vida de las mujeres, estadísticamente, que las mujeres, bajo ciertas circunstancia, puedan sentirse más vulnerables.

- Diferentes formas de percibirla. La misma sintomatología de nerviosismos y angustia en mujeres y hombres es considerada por los profesionales como Depresión en mayor número de ocasiones entre el género femenino que entre el masculino.

- Diferentes formas de comunicarla. En el caso de los hombres, en un primer momento, se muestra como enfado y frustración para pasar luego a un estado de presión al sentirse vulnerables. Entre el género femenino, destaca el sentimiento de tristeza y la angustia.

El factor económico no pasa desapercibido en esta lista. No es de extrañar, que en momentos de crisis económica, se eleve el número de casos de éste y otros trastornos mentales, siendo considerado un importante elemento de vulnerabilidad. La pobreza, el desempleo y el tipo de ocupación hacen a la gente sentirse indefensa en un escenario en el que ven limitadas sus ofertas de empleo y de educación, lo cual provoca un sentimiento de indefensión individual y de inutilidad para la sociedad. Cabe aclarar, que paro y pobreza no son lo mismo, pero que los efectos que el primero tiene en el estado anímico de la persona sí sería importante tenerlos en cuenta.

El racismo también tiene cabida en esta lista, ya que la experiencia de discriminación es otro de los elementos significativos que pueden ser desencadenantes de una depresión. El sentirse excluidos los acompaña a lo largo de su vida y este sentimiento, no sólo influye en el inicio y el proceso de la Depresión, sino que puede llevar a tener un papel importante a la hora de buscar ayuda al no sentirse en un contexto seguro, empático y de confianza.

Un contexto familiar y de pareja con violencia puede influir en la aparición de un posible cuadro depresivo. No es de extrañar que muchas personas con este diagnóstico presenten historias de abusos en la infancia, que hayan presenciado episodios de violencia entre sus progenitores, además de la posibilidad, de que en la actualidad la violencia esté presente, de algún modo, en su relación de pareja o núcleo familiar. Una vez más, vivir en este clima, puede generar sentimientos de indefensión y ser el detonante del inicio de un trastorno del estado de ánimo.

Una aproximación contextual es interesante que contemple el desarrollo de la persona deprimida en varios escenarios, en los que incluyen la dinámica de pareja, las relaciones con las familias de origen y la extensa, el contexto social, cultural y laboral. Es interesante tener en cuenta la importancia de abordar el problema que está manteniendo el proceso depresivo, pero también es necesario analizar los escenarios secundarios que pueden contribuir, tanto a una mejora, como a un empeoramiento de los síntomas. Es decir, puede que una persona tenga un estado de ánimo bajo frente a su familia, sin embargo, el trabajo o las relaciones sociales pueden ayudarle a que, en ciertos momentos, lo sintomatología no esté presente aún cuando el problema principal no esté resuelto.

Escrito por

Fundación ANAED (Asistencia Nacional de Ayuda a Enferm@s de Depresión)

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