El agotamiento en nuestras vidas

El agotamiento mental y físico está cada vez más presente en nuestro día a día. ¿Está esta sensación totalmente ligada a nuestra forma de vida?

22 NOV 2018 · Lectura: min.
El agotamiento en nuestras vidas

Seguramente, no ha cambiado nada relativamente importante en tu día a día, pero de aquí a un tiempo te notas más cansado/a, como aplanad/a, sin ganas de afrontar lo que te espera durante la jornada.

Puede haber muchos factores que, a largo plazo, estén teniendo cada vez más influencia en este agotamiento: poca actividad física, baja calidad de sueño, alimentación poco saludable... Pero todos estos frentes, están a su vez influidos por algo más global, más difícil de detectar y que, además, tiene mucho que ver con poder abordar todos estos "mini-problemas" mencionados con anterioridad, y es de lo que vengo a hablarte.

Si paras un momento, si paras del todo, te sientas en un sitio cómodo, como el sofá o un sillón, sin móvil, sin tablet, sin televisión, sin música. Quizá y solo quizá entonces, cuando no tengas ninguno de estos estímulos quitándote atención, puedas ver lo que sí permanece. ¿Lo notas? Sí, es tu cabeza, no para de pensar: cosas que tengo que hacer, cosas que no me va a dar tiempo a hacer, me duele aquí, qué silencio tan horroroso, me aburro...

Resulta que ese modo automático que llevamos, en el que mientras estamos haciendo una tarea, estamos pensando en la siguiente, hace que nuestra actividad mental se dispare, incapaz de parar. Es a lo que la hemos acostumbrado, y además le exigimos que siempre esté al 100%, porque es necesario estar totalmente concentrado, con una memoria de elefante y muy activo físicamente, para afrontar cada tarea que tengo que realizar a lo largo del día.

Tengo una mala noticia, eso es imposible. Por mucho que se lo pidamos, por mucho que forcemos a nuestras capacidades para estar siempre en marcha, llega un momento en el que pasan dos cosas:

  • Estás totalmente agotado/a.
  • Tu mente ya no sabe parar y relajarse.

No sé si te has parado a pensar alguna vez lo peligrosas que son estas consecuencias. Por un lado, ese agotamiento mental, que incluso puede traducirse en algún tipo de dolor o molestia corporal más orgánica, dolor de estómago, problemas digestivos cada vez que ingerimos un alimento, dolores de cabeza, dolores musculares... Podría seguir con la lista, pero quizá con esto ya te has dado cuenta de que ir al médico o tomar algún ibuprofeno no acaba con el problema, y es porque la raíz es otra. El agotamiento mental, esa lucha constante con nosotros/as mismos/as, esa pura exigencia que nos sale automática para seguir adelante, hace que nuestros recursos para afrontar nuestro día a día sean insuficientes. Y es muy posible que, estos recursos, sí sean completamente capaces de afrontar todo ello en un estado óptimo, pero no les dejamos actuar en condiciones.

Por otro lado, el irse a dormir y notar cómo nuestro cuerpo está activado, como nuestra mente nos está diciendo todo lo que tenemos que hacer mañana, reprochando todo lo que no hemos hecho hoy, no sólo aumenta el agotamiento, si no que no nos deja descansar. Y es que aquí está todo conectado: no duermo bien, tengo menos energía para cualquier actividad física, tengo menos ganas de preocuparme por lo que como... Ves por donde voy, ¿verdad?

Decirle adiós al agotamiento

Atajar el problema del agotamiento mental sería la base para ajustar todos los factores, que son absolutamente necesarios, y así conseguir afrontar el día a día de la manera óptima que nos exigimos y queremos.

¿Cómo lo consigo? Parando. Seguramente la primera vez que pares, como has hecho en el sillón o sofá, te angustie ver la verdad de esa activación. Pero si, poco a poco, con mucha paciencia y actitud cariñosa hacia ti, te permites parar y dejarte fluir, si permites a tu mente darse un respiro, observando cómo funciona y cómo poco a poco su actividad va bajando, quizá entonces encuentres esa respuesta que tanto ansías.

Cabe decir que es muy difícil llegar a estos límites cuando llevamos tanto tiempo con un tipo de rutina (mental, de actitud, automática) tan activa. A veces, puede ser necesario comenzar con algún tipo de recurso extra: meditación, yoga, mindfulness, proceso terapéutico si hay algún tema personal atascado. Pero lo importante es darnos cuenta, ser conscientes de cómo le estamos pidiendo a nuestro cuerpo (mental y físicamente) que lleve su día, y ver las consecuencias que en él se están produciendo, para tomar las riendas y no soltarlas más.

Escrito por

Psicodisruptiva

Ver perfil
Deja tu comentario

últimos artículos sobre estrés