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El apego

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Qué es el apego y funciones. Quién y cómo se desarrolla el apego

15 MAY 2014 · Lectura: min.
El apego

Con el apego comienza, dentro del psicoanálisis a desarrollarse el estudio de una forma de vinculación entre el niño y la madre que trasciende lo instintivo sexual y que según J. Bowlby determina conductas que surgen con claridad a partir de los 6 meses, por lo que habrá que distinguirlas de la primera fase de total dependencia y unión cuasi simbiótica del hijo respecto de la madre.

La función de esa forma de vinculación es primero, la búsqueda de seguridad del infante a la figura de apego, y esa “ base segura” lograda va a ser determinante para los posteriores avances en la conquista de la autonomía, del bienestar, la autoconfianza y la felicidad del niño, así como de su posterior interés y habilidad en el ámbito de las relaciones sociales.

“Decir que un niño está apegado a, o que tiene apego a alguien significa que está totalmente dispuesto a buscar la proximidad y el contacto con una figura concreta y a hacerlo en determinadas situaciones, sobre todo cuando está asustado, cansado o enfermo”. Es a partir de la obra de Bowlby, cuando se comienza a considerar que no es únicamente, quien alimenta y da los cuidados para la subsistencia del niño la figura más importante para él. O como nosotros decimos, más bien será la capacidad empática de respuesta de la madre o del cuidador-a , a la hora de responder a las llamadas del niño y cómo éste se siente acogido a través de los gestos, caricias y juegos, ofrecidos por dicha figura, como el niño-a va a elegir a la persona con quien desea estar y vincularse .

“Este tipo de observaciones, así como otras muchas, demuestran claramente que, aunque la madre biológica del niño suele ser su principal figura de apego, ese papel también puede ser asumido con eficacia por otras personas. Los datos obtenidos confirman que, siempre que la madre sustituta brinde afecto y cuidados maternos al niño, éste la tratará como cualquier otro niño trataría a su madre biológica”. El que un niño tenga un apego adecuado con una familia que le adopta dependerá, según Bowlby, sobre todo de cómo estos le acogen, de su grado de implicación a las demandas de atención y afecto. Basándose en las investigaciones de Rutter (1981) afirma que también será significativa la edad en la que el niño es acogido porque la labilidad afectiva inicial del niño, decrece a medida que pasan los años; y cuanto más tarde sea, hará más difícil trasformar situaciones de abandono en las que el tipo de apego tiende a ser evitativo, ansioso o desorganizado; y por tanto, será más difícil que se instaure una pauta de apego segura.

Como es natural, las características individuales de la criatura (si es un niño difícil e impredecible) también complicarán o facilitarán la instauración de esa pauta de relación estable y confiada del niño; pero desde mi punto de vista será básico ante todo, el trato de la persona adulta que le acoja, será esto lo que fundamentalmente determinará el tipo de apego que se va a desarrollar.

Como decimos, este vínculo saludable que J. Bowlby denominará como apego seguro se va a establecer en la criatura con mayor profundidad por aquella persona que atiende con la suficiente prontitud y sensibilidad a las demandas del niño y que emprenda a la vez, una activa y gozosa interacción con él. Esto no quita para que consideremos que también será fundamental en la organización de dicho vínculo, como ocurre en toda relación social desde las primeras interacciones, la importancia de cómo las expectativas de uno y otro son reajustadas de un modo equilibrado o no (feedbak). Tampoco las demandas del niño siempre habrán de ser cubiertas, y el modo en cómo se digiere y canaliza el niño la consiguiente frustración será también un factor determinante del tipo de apego que va a instaurarse.

Finalmente, la capacidad de la madre para sentir empatía y colocarse en lo que realmente está sintiendo y demandando el niño, servirá para reflejárselo como en un espejo, para que así pueda desarrollar también la criatura, esa capacidad para captar lo que el otro está sintiendo y necesitando, condición necesaria para los tan habituales, y a veces complicados acuerdos entre ambas partes, que permiten conocer lo que uno espera que el otro haga y cuáles son las pautas estables que generan el bienestar de la relación. Según investigaciones realizadas por Bretherthon y otros (1981), esta capacidad para analizar las metas y los motivos de los demás está desarrollada a los tres años; tendremos que añadir sin embargo, que eso ocurrirá cuando es tratado con la suficiente sensibilidad y atención.

Las últimas investigaciones dejan todavía más clara la cuestión de la falta de una correcta regulación cerebral, en especial del cerebelo, ocasionada por la ausencia de contacto y cuidados que hacen que el cerebro produzca más adrenalina, y esto, provocará comportamientos más impulsivos y agresivos o más hiperactividad; al contrario que el balanceo materno, el mecer de modo continuado y cálido de una madre a sus criaturas modula la producción de noradrenalina y dopamina tranquilizantes naturales que darán al niño la sensación de bienestar y seguridad que precisa para el correcto desarrollo del sistema límbico (de localización central), el cual, además de regular los aspectos emocionales y motivacionales (apego, empatía...), también se preocupa de las conexiones entre los otros dos cerebros: entre las estructuras inferiores (cerebro reptiliano) que se preocupan de la regulación fisiológica y las estructuras superiores o el neocórtex, sede de las áreas evolutivamente más avanzadas (percepción y razonamiento).

Tipos de Apego

El tipo de apego instaurado podrá ser, siguiendo a Jorge Barudy y Maryorie Dantagnan (2010):

1. Apego seguro ( el 65% de la población) o vínculo protector: son niños-as con recursos internos, y ya con 12 meses en presencia de la madre, son capaces de explorar el entorno; y si la madre “desaparece”, obtiene seguridad mediante el contacto con un osito de peluche o bien se aproxima a la desconocida para tratar de conseguir un lazo seguro.

2. Apegos inseguros: -Apego evitativo: a partir de padres emocionalmente inaccesibles o reactivos, niños que evitan o minimizan la búsqueda de proximidad( el 20% de los infantes). La presencia de la madre no provoca la cálida interacción que permite al niño conseguir sus recursos y aunque juega y explora ante la madre no comparte con otros. Si la madre desaparece, no es fácil de calmar y cuando vuelve no corre hacia ella para obtener seguridad. -Apegos resistentes, ansiosos, ambivalentes: de padres incoherentes y negligentes a la hora de responder a las demandas de sus hijos, se da como una sobre-activación del sistema de apego, búsqueda desesperada de proximidad a la figura de apego pero sin que llegue a calmarse con su presencia. ( el 15%.). Niños poco dados a la exploración cuando está presente la madre. Si ésta desaparece, la angustia es muy grande, cuando vuelve será difícil de consolar.

3. Apegos desorganizados/ desorientados: (5% ) cuando la incompetencia parental es severa, como por ejemplo en casi la totalidad de los niños-as que sufren malos tratos. Nos encontramos con diferentes estilos de respuestas desorganizadas por parte de los niños y que por las características de este trabajo no podemos mas que nombrar. (Vienen desarrolladas en el libro antes citado). En general, son niños que en el segundo año no han desarrollado la menor estrategia de búsqueda afectiva o de lucha contra la desesperación. Su mirada ausente y sus gritos imprevisibles trasmiten una sensación de extrañeza que desorienta al adulto.

A- Modelo de apego desorganizado- controlador:

- Punitivo agresivo

- Cuidador compulsivo

- Complaciente compulsivo

B- Modelo de apego desorganizado desapegado.

- Indiscriminado inhibido

- Indiscriminado desinhibido.

Este tipo de clasificaciones, entiendo que nos sirven como cartografías a partir de las cuales podemos orientarnos mejor a la hora de comprender determinados comportamientos. Sin embargo, me da la impresión que como casi todas las clasificaciones que funcionan en psicología, no podemos pensar en que hay tipos puros sino que todas las personas tenemos seguramente aspectos de todas las formas de apego en mayor o menor medida, aunque haya alguno más dominante. Es decir, que si suponemos por ejemplo, que tenemos esa base segura de apego en un 77% del conjunto de nuestra personalidad y respondemos de esa manera (en un 77% de los casos) a las situaciones a las que nos enfrentamos; entiendo que habrá también en nosotros, ante determinadas situaciones también actitudes evitativas, supongamos por ejemplo, en un 10% de los casos; en otros momentos adoptaremos respuestas más ansiosas en el 9% de los casos; e incluso, adoptaremos actitudes más patológicas ante situaciones más altamente estresantes adquiriendo cualesquiera de las conductas desorganizadas ocupando esta vez un 4% de la personalidad.

Es decir que aunque haya una base segura y una buena autoconfianza en esa persona que imaginamos, y que por ello, no desarrolle graves conflictos que le lleven a solicitar ayuda terapéutica en su vida. Puede ser relativamente evitativa en sus relaciones sociales; o tener respuestas más del estilo de apego ambivalente-ansioso, sobre todo en sus relaciones con el sexo opuesto, por ejemplo; e incluso llegar a ser extremadamente complaciente en sus relaciones con el jefe, o punitivo agresivo en determinadas situaciones de su vida familiar.

Escrito por

Centro De Psicoterapia Integrativa IPAR

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