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El ciclo de la vida como padre y madre

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Aquellos que en estos tiempos son padres, comprenderán que serlo no es una tarea fácil, ya que no existe el manual ideal para todas las situaciones que nos tocan vivir.

12 jul 2019 · Lectura: min.
El ciclo de la vida como padre y madre

En muchos casos simplemente utilizamos como referencia nuestro papel como hijos y cómo fueron nuestros padres y, desde esa patrón, comenzar a construir una versión mejorada, con los nuevos hábitos y momentos vividos y como gestionar esa autoridad de manera eficiente y sin perder el control de quiénes somos cada uno.

Unos son los padres y los otros son los hijos

Darlo todo por ellos no es adecuado. Lo primero que nos viene a la mente cuando ejercemos la paternidad es darles lo que no recibimos nosotros. Pero no olvidemos que crecer en un entorno en el que todo vale y todo es dado sin sacrificio puede llevarles a una etapa adulta llena de frustraciones y decepciones personales.

Si nos centramos en los hechos simplemente biológicos, nuestra meta en la paternidad debe ser que nuestros hijos sea capaces de defenderse en la vida con una herramientas emocionales mejores que las nuestras. Siempre debemos evolucionar a mejor, no desde la acumulación material y si desde la implantación de valores, creencias y respeto con amor. Tratar a nuestros hijos, tengas la edad que tengas, como mayores, les hace sentir esa responsabilidad de verse capaces de acometer cualquier reto, enfrentarse a cualquier situaciones con seguridad y confianza.

Dejemos de tratar a los hijos con eternos bebés faltos de todo

Dejadles que arriesguen, que experimenten, que comprueben en primera persona y con su propia experiencia en el acto de vivir. Cuando un hijo aprende algo seguramente lo tendrá más claro, por como lo sintió y como lo vivió, más que como se lo explicamos con palabras o amenazas los mayores. Siempre imagino y recuerdo una situación con mi propia hija a la que explicaba que el horno estaba caliente: "No te acerques que está caliente". Y en el momento que fue ella la que se propuso comprobar qué significado era caliente, se acercó, ni siquiera llegó a tocarlo, sintió el calor y con sus propias palabras dijo: “Papi, está caliente, puede quemar, no te acerques”.

Con esto me planteo a nivel personal y profesional que nuestro patrón de padres es educar, guiar, orientar y dar experiencias de acompañamiento a todas las acciones que surjan espontáneamente de nuestros hijos, y vigilar prudentemente hasta dónde debemos dejar que ellos actúen para comprobar. Los dieciocho años es la edad tope, a partir de esa edad, ellos debe comenzar a rellenar su maleta de viaje de experiencias propias, donde lo que nosotros aportamos sea lo más importante: amor incondicional y apertura de mente.

Lo que nos sucedió a nosotros no tiene que sucederles a ellos nuevamente, ellos debe afrontarlo con sus propios recursos, y nosotros desde nuestra sabiduría en forma de años de vividos, podemos solo aconsejar y orientar, ya que al final es una decisión suya la que van a tener que vivir.

Recordar al final del ciclo, es el momento de valorar cómo lo hemos hecho como padres, ya que seremos nosotros con nuestra  avanzada edad, la que necesitaremos los cuidados, paciencia, y atención de quienes más nos quieren, nuestros hijos. Como lo enfoquemos ahora será como seremos recordados y tratados al final de nuestro propio ciclo de vida.

La premisa es simple, hazlo lo mejor que sientas y con amor, y sentirás que ese amor te será devuelto algún día multiplicado por miles de recuerdos y momentos felices.

Escrito por

Juvenal

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