Acceso centros Añade tu centro gratis

El desarraigo: La pérdida ambigua de la persona inmigrante

<strong>Artículo revisado</strong> por el

Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Vivimos en constante contacto con la inmigración, ya que es un fenómeno natural en el ser humano el hecho de trasladarte a otro sitio en busca de nuevas oportunidades.

26 JUN 2019 · Lectura: min.
El desarraigo: La pérdida ambigua de la persona inmigrante

Es más, nuestros ancestros eran nómadas y las migraciones han sido un factor fundamental en la evolución del ser humano. O bien hemos emigrado, o casi con total seguridad conocemos a algunas personas que lo han hecho, y lo tenemos tan normalizado que en muchas ocasiones no pensamos en las repercusiones psicológicas y emocionales de las migraciones. Por supuesto, las migraciones incluyen muchas consecuencias positivas en las personas. A lo largo del artículo nos centraremos más en los retos psicológicos y emocionales que suponen la pérdida ambigua, pero no por ello todos los aspectos positivos como enriquecimiento personal y cultural, son menos importantes.

Por un lado, la persona inmigrante sufre en mayor o menor medida, y por supuesto de forma única, una pérdida ambigua.

¿Y qué es una pérdida ambigua?

Es una pérdida más amplia y más reducida que la muerte: Por un lado más amplia porque incluye pérdida de familiares y amigos/as que permanecen en el país de origen, pérdida de la lengua natal, de las costumbres y rituales, de la tierra misma, etc.

Por otro lado más reducida porque la pérdida no es totalmente clara, completa o irrevocable. Todo está con vida pero ausente. Existe la fantasía de volver y reencontrarse.

Las peculiaridades de vivir una pérdida ambigua son, principalmente, la experimentación de emociones contradictorias. Algunas de ellas son:

  1. Tristeza y alegría. Tristeza por lo que deja atrás, alegría e ilusión por los nuevos proyectos.
  2. Pérdidas y restituciones. Se produce una pérdida, un duelo perpetuo, y una restitución o reconciliación afectiva con el país de origen y con el de acogida.
  3. Ausencia y presencia. Hace referencia a que el objeto de la pérdida, la cultura, la familia, los amigos, los lugares; están ausentes físicamente, pero al mismo tiempo están presentes en la mente de la persona inmigrante. Además, esta ambivalencia se encuentra también en que la nostalgia y el estrés por adaptarse a la nueva cultura, puede producir en algunos miembros de familias inmigrantes, que se encuentren emocionalmente ausentes aunque físicamente presentes.

Tanto si eres una persona migrante, como si trabajas con estos colectivos, resulta de mucha utilidad entender el desarraigo al que hay que enfrentarse para poder ayudar a afrontarlo de la mejor forma posible.

Por un lado, ayudar a no culpabilizarse por sentir las emociones complejas de una pérdida ambigua, a entender por qué se encuentra haciendo un enorme esfuerzo por adaptarse y sobrevivir en un entorno nuevo y diferente, y a preservar algunas costumbres que van a ayudar a esta persona a dar coherencia a su vida, a darle una continuidad. Emigrar implica una mudanza a otro país, con otra cultura, donde apenas van a quedar cosas de la cultura de origen. En este cambio está en juego aspectos de la persona, como su capacidad de adaptación, su apertura mental, etc. En la construcción de nuestra identidad personal hay aspectos culturales y sociales. En muchas ocasiones, la migración supone una ruptura tan grande que puede afectar a la propia identidad y llevar a la persona a no reconocerse a sí misma una vez fuera de su conocido sistema social, cultural y familiar.

Poniendo la metáfora del trasplante de una planta que se saca de la tierra, además de sacar sus raíces consigo, se preserva un poco de la tierra original, que ayudará a que el choque del trasplante sea menor. En el caso de una persona inmigrante, se puede interpretar como la tierra de las raíces al hogar que crea, las costumbres, las comidas, la lengua y expresiones, las tradiciones que transmiten a sus hijos y nietos. Esta tierra con el tiempo se va mezclando con la nueva tierra de la maceta, y acaba habiendo una mezcla de culturas en la persona inmigrante. Es esta mezcla la que le va a dar un sentido de coherencia. El “sentido de coherencia” es una búsqueda de coherencia narrativa o de dar sentido a la historia de nuestras vidas. Es decir, de adaptarnos al cambio pero también de mantener suficiente continuidad con la cultura original.

Por lo tanto, la resiliencia o capacidad de adaptación, van de la mano de los rituales espontáneos, como intento de abarcar la pérdida y encontrar significados en la nueva situación, recuperando lo que es posible recrear y mantener así el sentido de coherencia. Algunos rituales espontáneos son las fiestas tradicionales, las bodas, comidas, rezos, misas, juegos, saludos, etc.

Escrito por

Elena Magaldi Psicología

Ver perfil
Deja tu comentario

últimos artículos sobre depresión