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"El efecto Navidad"

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

En estas fechas aumenta el número de consultas por descompensación emocional, dado que suelen aflorar diferentes tipos de sentimientos.

9 DIC 2015 · Lectura: min.
"El efecto Navidad"

El estrés navideño

En fechas en las que parece que la clave es disponer de todo tipo de compensaciones materiales por "haberse portado bien" y por entrar en una competencia de tratar de ser el que mejores regalos realiza y recibe es natural que entren en juego factores estresores como:

-Tratar de cumplir con ciertas expectativas como conseguir encontrar el detalle ideal a menudo dejado para el último momento,

-El estar sufriendo dificultades económicas,

-El desborde de la agenda laboral…

Parece como si el mundo se acabara o se paralizada después de navidad como si todo lo importante hubiera que hacerlo antes o durante estas fechas.

Síndrome de depresión o Fenómeno Grinch

El síndrome de Grinch llamado así por el personaje de una película en la que aparece un duende verde malhumorado que trata de acabar con la navidad y el espíritu navideño es en realidad un trastorno afectivo estacional más común de lo que creemos producida por una insatisfacción o frustración que se hace aún más evidente en fechas que a menudo conllevan un momento de evaluación de los logros de los objetivos, de los deseos y anhelos anuales.

Así pues, el síndrome de la depresión navideña tiene como origen la sensación de tristeza, nostalgia, frustración, aislamiento y apatía por no cumplir el ideal de felicidad, alegría, abundancia y compañía esperable para fechas especiales como estas.

Del mismo modo, a menudo se confunde la felicidad con compartir momentos de reencuentro una vez al año con personas que no apetece ver o reunir . Por ello, es clave tratar de hacer aquello que a uno le haga feliz con quien de verdad le apetezca y se sienta unido de un modo sincero.

La silla vacía en Navidad

La Navidad se suele considerar como un momento especial de reencuentro en el que disfrutar de la compañía de los seres queridos. Pero para muchos otros es el momento en el que una silla vacía se hace notar más que nunca. Es entonces cuando momentos en los que nos rodea un ambiente de felicidad se convierte en una contradicción por estar pasando por un proceso de duelo, caracterizado por echar de menos a un ser querido fallecido e incluso a "pérdidas sin muerte", producidas por separaciones, rupturas, …

Algunos consejos para aliviar el malestar producido son:

- Respetar y expresar las emociones

- Procurar mantener y llevar a cabo la rutinas o hábitos cotidianos sin forzarse demasiado pero permitiendo la reconexión con la realidad.

- Rodearse de personas positivas

- Simbolizar al ser querido fallecido (realizar algún acto simbólico de recuerdo).

-Buscar nuevas tradiciones (incorporar algún acto nuevo en la celebración para sustituir otros que generen nostalgia). Tomarse respiros durante la reunión o celebración

- Hacer algo por los demás (como por ejemplo pensar en el regalo que le haría a su ser querido y llevarlo a una ONG, centro hospitalario…).

- Aceptar y solicitar ayuda práctica a la red de apoyo cercano y/o profesional.

Se trataría de procurar no rememorar el pasado con nostalgia de los seres con quienes se compartía momentos y que ya no están para poder centrase en el presente, eso sí, hablando de ellos y compartiendo nuestros sentimientos con el resto de seres queridos que aún siguen a nuestro lado.

Hay que reconvertir los momentos especiales en un modo de vida, es decir , disfrutar de todo y todos, así como de uno mismo, en cada momento del año, sea primavera verano, otoño o navidad y así, haciendo lo que a cada uno le haga feliz cada día garantizaremos que el mañana sea cual sea el momento seguirá siendo lo más especial posible para cada persona.

Al mero proceso de duelo, a menudo se añade el efecto aniversario o primera navidad sin el ser querido, donde las celebraciones se convierten en el recordatorio de la ausencia física. Especialmente en este tipo de circunstancias es aconsejable realizar algún tipo de recordatorio verbal, e incluso pactar algún tipo de ceremonia o ritual dirigido a la persona o situación que se perdió con el objetivo de propiciar la elaboración de dicha pérdida.

En estas fechas, muchas personas se sienten solaspuesto que se espera recibir algún regalo, afecto y compañía. Por ello, si tenemos la fortuna de no sentirnos así , estamos felices y nos sentimos bien de salud, no debemos olvidar tender una mano y acompañar a aquel que esté pasando por un momento vital más desafortunado, desde el respeto, desde el amor y permitiéndole expresar y compartir su dolor con nosotros para reconvertirlo en comprensión que ayudará a sanar y reconfortar a aquel que lo precise.

Es clave respetar el tiempo y proceso de cada persona y comprender que formamos parte de un todo dentro de la naturaleza que está en constante cambio y muerte. Somos como aquel árbol que cambia su apariencia, vitalidad, se transforma y crece, ese ser vivo que un día perderá sus hojas y frutos en otoño para desnudar sus ramas en invierno y permitir así poder dar paso a nuevos frutos o brotes de uno mismo con matices distintos a la primavera anterior y por supuesto a la que aún está por venir.

Cabe señalar la importancia de no olvidar que todos algún día tendremos o hemos tenido una silla vacía a nuestro lado o enfrente, solo hay que mirarla recordar, llorar si es necesario, expresar el enfado, sonreír,… lo que sea necesario para poder continuar disfrutando del resto de sillas ocupadas o de la nuestra propia.

A menudo, enviar una "simple postal" tradicional de navidad escrita a mano o entregar algún detalle creativo, enviar un mensaje, grabar un video, realizar un regalo hecho por nosotros mismos puede ser un gran antídoto contra el malestar… ¡imaginación al poder! .

No se trata de lo caro que sea el detalle sino de la ilusión o motivación, del tiempo invertido y el sentimiento dedicado a aquella persona. No importa el no recibir aparentemente nada a cambio porque es mucho tener a quién dirigir nuestro afecto, lo cual en realidad siempre es posible, puesto que siempre hay un familiar, amigo, conocido e incluso desconocido al que dirigirse y tenderle una mano.

Cualquier cosa hecha o entregada con corazón tendrá mucho valor, será bien recibida y hará mucho bien.

Aunque se esté pasando por un momento de tristeza, hay que atreverse a vivir el espíritu navideño dándose permiso a uno mismo para disfrutar de pequeños instantes de felicidad que pueden significar mucho en el proceso de gestión y recuperación emocional.

Escrito por

Rosa Guillén Ferrer

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