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El "síndrome postvacacional". ¿Patología o mito?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

¿Ha llegado el momento de consultar a un psicólogo, buscar un coach o acudir al psiquiatra?, ¿o se trata más bien de un proceso natural por el que hemos de transitar?

6 SEP 2016 · Lectura: min.
El "síndrome postvacacional". ¿Patología o mito?

Ha llegado septiembre y, con él, lo que algunos autores denominan "síndrome postvacacional", un estado caracterizado por un ánimo triste, apático, irritable y/o ansioso.

Pero, ¿estamos realmente hablando de un trastorno? ¿Es necesario intervenir psicoterapéutica o farmacológicamente para eliminarlo?, ¿deberías preocuparte si presentas alguna de las características descritas anteriormente? ¿es el momento de romper con todo y cambiar la dirección de tu vida?

Llegar al término del periodo vacacional supone un cambio: un cambio en los ritmos de sueño, en el ritmo y en el tipo de actividades que se desarrollan, así como un cambio en el entorno físico y social. Seamos sinceros, no es lo mismo despertar con un desayuno mirando los montes asturianos o tomar el sol en una playa del Cabo de Gata, pongamos por caso, que tener que meterse en un tren en hora punta a las 8 de la mañana para ir a la oficina. Todo cambio conlleva un periodo de adaptación, especialmente si con ese cambio pierdes confort y placer. Cuando un cambio implica un aumento del bienestar genera emociones que, generalmente, nos resultan muy agradables. Sin embargo, cuando esos cambios suponen un aumento del displacer, como puede ser el tener que madrugar, viajar una hora en metro al trabajo y someter a nuestro cuerpo y nuestra mente al esfuerzo que conlleva la rutina diaria, las emociones que se generan quizás nos incomoden un poco.

Y es que volver a la rutina supone una pequeña pérdida (la pérdida del estilo de vida propio de las vacaciones) y, por ello, necesitaremos un periodo de adaptación a la nueva situación.

Etiquetar este estado como "síndrome" nos remite a considerar que no es sano sentirse así. Pero nada más lejos de la realidad. Hay muchas experiencias en la vida que provocan emociones que no nos resultan agradables, ya sea tristeza, angustia, ira, etc. Y, aún resultando molestas, estas emociones tienen una función importante para todas las personas y, de hecho, es saludable (y deseable) que las experimentemos. Sin embargo, actualmente, estas emociones tienen muy mala prensa. Hemos llegado a creer que las emociones desagradables no son sanas, quizás porque vivimos en una especie de "sociedad de la felicidad", en la cual, los malestares de la vida, ya sean grandes o pequeños, no son bien recibidos por lo que tratamos de taparlos y/o anestesiarlos. Y, precisamente, hacer esto sí puede llegar a convertirse en algo potencialmente patológico. Además, de esta forma se nos induce a creer que, ante cualquier estado emocional que se aleje de la alegría, debemos encender la señal de alarma puesto que algo estamos haciendo mal: o estamos en el trabajo equivocado, o tenemos un posible trastorno mental, o somos personas deprimidas y deprimentes que intoxicamos a los demás, etc. Y esto es algo que puede tener consecuencias nefastas para nuestra autoestima.

No es de extrañar que muchas personas que experimentan un "bajón" cuando toca volver a la rutina, se planteen pedir ayuda ante un mensaje de estas características, cuando en realidad se trata de un proceso totalmente natural.

Otra cosa es que desees hacer terapia o pasar por un proceso de coaching para tu crecimiento personal y/o para superarte a tí mism@. Esto es algo que, por otra parte, también es muy saludable.

¿Cuándo es conveniente pedir ayuda?

No obstante, si ese estado de ánimo persiste más allá de unas pocas semanas, si interfiere significativamente o impide que lleves a cabo las actividades de tu vida diaria, si tus relaciones personales o laborales se ven perjudicadas o si la intensidad de estas emociones te provoca un sufrimiento real, quizás sí te podría venir bien preguntarte qué está pasando para que esto suceda. En tal caso, acudir a un profesional (o encontrar asesoramiento laboral) sí te puede resultar muy útil e, incluso, recomendable.

La alegría por volver al trabajo. ¿un éxito o una trampa?

Ahora quiero ir más allá y mencionar el caso opuesto. Esto es, el de una persona que experimenta sensaciones muy agradables cuando terminan las vacaciones y vuelve a la rutina diaria. Esto es algo que le ocurre a no pocas personas. Y teniendo en cuenta los mandatos de la "sociedad de la felicidad", quizás pensemos que este es el estado ideal, al que todas y todos deberíamos aspirar. Y sí, en ocasiones esto se produce porque la persona en cuestión, adora su profesión. Pero también puede ocurrir que el trabajo suponga una vía de escape a una vida personal poco satisfactoria o, incluso frustrante; o quizás obedezca a que esa persona necesita mantenerse activa porque mientras realiza actividades, evita tener que pensarse ciertas cosas.

Estar alegre por regresar al trabajo no siempre es buena señal. A veces sí, porque quizás amas lo que haces, pero a veces será sólo un tapón para problemas más profundos que, quizás te resulta difícil afrontar. En tal caso, acudir a un profesional o permitirte un espacio para la reflexión podría resultarte más útil de lo que piensas.

Bienvenid@ a la realidad de la vida humana

Ahora bien, en términos generales y salvando algunos supuestos descritos más arriba, tanto si estás deseando volver a tu trabajo, como si estás echando de menos los días de vacaciones, me gustaría darte la bienvenida a lo que es, sencillamente, la realidad de la vida humana, con sus luces y sus sombras.

Por último, me gustaría también darte la enhorabuena: si echas de menos las vacaciones probablemente es porque las has disfrutado, y si estás deseando volver al trabajo probablemente sea porque tu profesión te satisface.

Escrito por

Psicosubjetivo

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