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Emociones: "estorbo"/valor positivo

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Las emociones no siempre han tenido buena fama y aún hoy a pesar de su valor positivo una de las principales demandas en terapia es cómo evitarlas o "mantenerlas a raya".

10 FEB 2015 · Lectura: min.
Emociones: "estorbo"/valor positivo

Las emociones aunque ahora parece que están muy de moda bajo el "título" de Inteligencia Emocional, no siempre han tenido buena fama. Entre los profesionales de la salud mental han sido consideradas y entendidas un muchas ocasiones como un "estorbo" para la terapia, se evitaban. Más tarde, supongo que porque es obvio que están ahí y no van a "desaparecer" se las ha considerado y todavía se las considera, como un efecto o reacción a nuestros pensamientos (orientación cognitivo conductual) y no se suele contemplar que la emoción pueda preceder al pensamiento, lo que también puede ocurrir.

Un sencillo ejemplo nos puede ayudar a entenderlo y a contemplar está nueva perspectiva: en no pocas veces nos ha podido ocurrir que una persona de la que no sabemos nada "nos cae mal" y que por tanto, es muy probable que nuestros juicios (pensamientos) sobre él hallan sido más negativos que los que hacemos sobre alguien del que tampoco sabemos nada pero, que nos "cae bien".

Una de las peculiaridades de la Psicología Humanista, a lo largo de toda su trayectoria, ha sido el haber considerado el valor positivo de las emociones en el conjunto del comportamiento humano, entendiéndolas como un sistema de motivación y orientación. Por ello, para la Psicoterapia Integradora Humanista es importante y deseable que la persona comprenda el significado del mundo emocional y aproveche positivamente la fuerza que este posee.

También Vittorio Guidano desde la psicoterapia postracionalista creada por él lo expresa así: "Un terapeuta (refiriéndose al terapeuta que actúa como un pedagogo) que tiene como objetivo el autocontrol, trata como irracionales las emociones negativas como la depresión la angustia, la rabia, etc, posiblemente trata de excluirlas y si es posible controlarlas totalmente. No promueve una conducta de exploración hacia éstas. El terapeuta del segundo tipo (el que busca la comprensión, aumentar la conciencia del sí mismo), en cambio, no se asusta cuando el paciente le habla de emociones negativas, al contrario, los trata como fenómenos normales e induce hacia estas una actitud interés por parte del paciente: la mejor forma de controlar, estas emociones que son desagradables, es enfocándolas y entendiéndolas…"

emotion.jpg?w=300La opinión pública en general, de alguna manera también las ha juzgado al clasificarlas intuitivamente como "buenas" o "malas". Desde luego, la rabia, sobre todo tiene muy mala fama y hay quién todavía dice que "llorar es de niñas" o incluso se siente intimidado ante sentimientos como la ternura, como vemos ni las emociones consideradas más agradables se libran.

Desde la P.H.I se distinguen tres subsistemas (entre otros) que están íntimamente ligados entre sí, el corporal (sudor, lágrimas, taquicardias, …), el cognitivo (pensamiento, recuerdos, imágenes, …) y el subsistema afectivo (emociones, sentimientos, humor, pasión ...) lo que le lleva a considerar, entonces, que las emociones no son apéndice del sistema cognitivo sino que forman parte del subsistema afectivo que es independiente pero abierto y en continua interacción con este (y también con el corporal).

Un par de ejemplos nos pueden servir para comprenderlo:

- Recuerdo una situación en la que me insultaron (cognición) me da rabia (emoción) y tenso ligeramente los puños y las mandíbulas (corporal)

- Tengo dolor de muelas (corporal) y reacciono con un estado de ánimo irritable (emoción) y pienso en la vida como un lugar hostil (cognición).

Podemos decir entonces, que las emociones no son fenómenos:

- incomprensibles- incontrolables- y, destructivos para las relaciones

sino, que son fenómenos altamente:

- sabios- sofisticados pero que al igual que el cuerpo o la mente (pensamiento) pueden enfermar.

Se puede, entonces reeducar el aprendizaje emocional disfuncional para poder alcanzar un mayor grado de inteligencia emocional, y por tanto, de bienestar o salud con uno mismo, los demás y nuestro entorno.

Para saber más:

- "Análisis Transaccional para psicoterapeutas. Volumen II". Ramon Rosal Cortés y Ana Gimeno-Bayón Cobos. Editorial Milenio.

- Revista de Psicoterapia nº 60. "El trabajo con Inteligencia Emocional en Psicoterapia Integradora Humanista". Ana Gimeno Bayón Cobos.

- Revista de Psicoterapia. Nº 94/96

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