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¿Es bueno que mienta a mi hijo?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

En este artículo comento las consecuencias que puede para un niño pequeño las mentiras. Échale un ojo y mira cómo afecta algo tan sencillo en nuestro hijo.

14 SEP 2015 · Lectura: min.
¿Es bueno que mienta a mi hijo?

Sólo una mentirijilla o una mentira piadosa, lo hago por su bien, para que no sufra...

Contestar a esta pregunta es un poco peliagudo y muy general, voy a poner un ejemplo para que os hagáis una idea de a lo que me refiero.

Vamos a imaginarnos a un niño pequeño, supongamos que tiene cinco o seis años, vamos a llamar a este niño Pablo, va a ser el protagonista de nuestras hazañas. Pablo es un niño muy feliz, tiene a dos padres que le quieren muchísimo. Su madre le da muchos besitos y para él ellos son las personas más importantes del mundo, aprende de ellos todos los días.

Pablo está en un edad, en la que comienza a reconocer e interpretar el mundo que le rodea, sabe que cuando se hace daño y llora su madre o su padre le dan besitos, le curan la herida y le consuelan hasta que ya está todo solucionado, cierto es que nada cura más que los besitos y abracitos de sus madres o padres.

También sabe que cuando está contento y se ríe, también se ríen sus padres. Sabe cuándo sus padres están enfadados, contentos, en general sabe interpretar el entorno que le rodea y las emociones o el estado de ánimo de los que quiere.

Uno de los días después de estar jugando fuera, cuando entró vio a su madre en el salón llorando, se le encogió el corazón, quería ir y darle besitos como hacia su madre cada vez que él lloraba (eslo que su madre le había enseñado). Pero antes de acercarse, le preguntó:

- Mamá, ¿estás llorando? -Le preguntó Pablo con una pena que se hacía patente en la voz.

Aquí se abren dos opciones:

Opción A: decirle que no

- No, estoy bien, no me pasa nada- le respondió la madre, mientras se limpiaba las lágrimas de los ojos.

Pablo se quedó allí de pie, sin saber muy bien qué hacer. Pues quería consolar a su madre y abrazarla, como tantas veces había hecho ella a él, pero en su lugar, se giró lentamente muy confuso, pues él pensaba que sabía identificar e interpretar el entorno que le rodea, y se acababa de dar cuenta que no.

Imaginaros por un momento que yo estoy triste, me ha pasado algo y por alguna situación estoy llorando. De repente entra mi hijo y me pilla. Quiero protegerlo del sufrimiento, ya que puede impresionar ver a una madre llorar. Así que por su bien le digo que no estoy llorando que se me ha metido algo en el ojo. No quiero que mi hijo sufra y se ponga triste.

Veo como mi hijo me mira un poco incrédulo, pero se da la vuelta pensativo y se va, quizás su paso es más lento, pero le veo alejarse mientras yo me limpio los ojos.

A esta argumentación quiero hacer hincapié en varios detalles, voy a numerar las consecuencias de este comportamiento y los posibles beneficios que se darían en el caso contrario.

  1. Partimos del primer axioma para nuestros hijos: mis padres son los mejores, nunca me mienten y ellos me explican todas las cosas de las que tengo duda, en este mundo tan raro.
  2. Mis padres cuando lloro, cogen un pañuelo me secan las lágrimas y me dan besitos y un gran abrazo- y a través de estos comportamientos me voy haciendo una idea de cómo es el mundo, de qué esperan de mi y de cómo hay que actuar ante las situaciones, ya que las interpreto yo.
  3. Si veo a mi madre llorar, mi figura de apego, a la persona que más quiero, la empatía es inmediata. Pablo se siente triste, porque está empatizando con su madre. Quiere imitar lo que hace su madre cuando él esta malito, o se ha hecho daño.
  4. Pablo se siente confuso, ya que su interpretación del entorno ha sido totalmente catastrófica, no ha servido de nada y se ha equivocado. Puede comenzar a desconfiar del entorno, ya que piensa que su interpretación de él es errónea.
  5. Aquí es donde puede comenzar a desconfiar de su propia percepción y esto lleva a una inseguridad en él mismo (autoestima baja).

Puede que la próxima vez que vea a alguien llorar no se acerque a ver como está, ya que sus padres le ha enseñado que cuando uno llora no hay que ayudarle. Una falta de empatía y habilidades sociales parece que le espera si esta situación se repite y se le unen algunas más. Parece que evitando el sufrimiento a un niño hacemos que se vuelva un poco egoísta ya que piensa solo en sí mismo. No se preocupará por nadie más, ya que ha sido protegido de todo, sobre todo para que no sufra.

Opción B: decirle que sí.

Imaginemos que ocurriera la situación contraria y la madre le dijese que se ha hecho daño. Pablo irá y le dará besos a su madre, le curará la herida porque así es como lo hacen sus padres cuando él se hace daño, y después de eso se irá orgulloso porque ha sabido interpretar la situación, ha trabajado su empatía, curado a su madre y a su madre le ha dado un gran abrazo. No podría estar más contento se ha portado como los mayores, puede estar seguro.

Parece duro, pero no es malo que el niño sepa los sentimientos que tiene el resto de la gente, trabajar con las emociones de los menores y fomentar la empatía ayuda a su comprensión del entorno y de forma indirecta refuerza su autoestima ya que la comprensión tanto de si mismo como del mundo que le rodea es buena. Se ha sentido satisfecho como nunca lo ha estado.

La empatía es una de las características que son necesarias tanto para tener buena autoestima así como habilidades sociales.

Escrito por

Centroanda

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