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Estar triste o enfadado no solo es bueno, también es necesario

A pesar de lo que digan los defensores del optimismo, en la vida también hay cabida para el enfado y la tristeza.

10 ENE 2018 · Lectura: min.
Estar triste o enfadado no solo es bueno, también es necesario

Estamos hartos de escuchar que hay que enfrentarse a la vida con una actitud positiva, siempre buscando el lado bueno de las cosas, con frases como «al mal tiempo, buena cara». Pero lo cierto es que las emociones negativas también son necesarias.

Durante los últimos años hemos asistido a un incremento de teorías positivas, de un optimismo desmesurado que apuesta por hacer frente a la vida, a los baches y piedras que esta te pone en el camino, siempre con una actitud positiva, con una sonrisa en los labios. Ahora, muchos expertos cuestionan esta actitud, este comportamiento excesivamente idealista, y afirman que no es tan bueno como parece. Todo lo contrario, hay momentos en la vida en los que los acontecimientos nos golpean, momentos en los que es imposible no estar enfado o sentir ira o tristeza. Y esos sentimientos, esas emociones, que tanto contrastan con lemas del tipo «sonríele a la vida», si se gestionan adecuadamente, son necesarios para nuestra salud emocional.

¿Por qué? Porque vivir en un estado de ilusión continua, de optimismo permanente, impide que nos enfrentemos realmente a los problemas, los comprendamos y los superemos. Es necesario para nuestra salud mental y está dentro de nuestro instinto de supervivencia. Es así de simple. Con ello no queremos decir que cuando tengamos un problema, suframos una enfermedad o debamos hacer frente a la muerte de un familiar tengamos que caer en una depresión o que no salgamos nunca más de casa. Pero tampoco hay que tratar de buscar el aspecto positivo de todo ello. Es decir, tenemos la necesidad de llorar, de enfadarnos, de ponernos tristes, de desear estar solos… Es comprensible e ineludible, es un sentimiento completamente primario que debemos sortear, porque nos hace más fuertes emocionalmente, nos ayuda a comprender y a gestionar ese problema. Pero también debe ser un sentimiento controlado, que sepamos manejar. Por eso, las actitudes positivas están muy bien, pero no son realistas. Evadir un problema, mirar para otro lado con una sonrisa en los labios, no nos ayuda como seres humanos, no nos hace comprender a los demás, sentir su problema y desarrollar sentimientos como la empatía, el compromiso, la responsabilidad o la solidaridad. Además de que es un comportamiento casi imposible, por muy optimistas que seamos.

Y no solo hablamos de tristeza o enfado. Ese miedo que tenemos los padres a la frustración de nuestros hijos, y que muchas veces tratamos de evitar, es básico para que crezcan fuertes emocionalmente, para que sepan plantarles cara a la vida y superar ese desafío. Y lo mismo sucede con los temores, los miedos... E incluso con los nervios, la angustia y el estrés. Aceptar esas emociones y conocerlas es importante, pues nos ayuda a hablar de ellas con naturalidad y a compartirlas con los demás. Eso, lejos de ser malo, hace posible controlarlas, manejarlas e incluso superarlas. Si no se conocen, si no se aceptan, si no se controlan ni se comparten, pueden complicarse y desembocar en trastornos emocionales más complicados. Por ello, los sentimientos negativos son buenos, siempre que sepamos gestionarlos de manera correcta, y no hay que negarlos o evadirlos. Forman parte de nosotros y nos hacen evolucionar como personas.

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MundoPsicologos.com

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1 Comentarios
  • Eva Morales

    Pero si no consigo soltar el pasado....me enfado y a la vez me entristece mucho.

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