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Fomentar la Resiliencia en tiempos de adversidad

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Lo cierto es que a todos nos ocurren, a lo largo de la vida o en el día a día, circunstancias negativas que nos complican la existencia. Ya sea que has perdido el autobús para ir a clase ese

9 ABR 2020 · Lectura: min.
Fomentar la Resiliencia en tiempos de adversidad

¿Qué es la Resiliencia?

Cada vez que vivimos una situación estresante, esto genera en nuestro sistema nervioso un sobresalto, lo que conlleva a su vez que se activen todos los circuitos que nos preparan para la lucha o la huida. Es decir, nos preparamos para el peligro, o al menos el peligro percibido.

Por ello, y aunque reaccionar así en un primer momento es algo automático, todas las personas tenemos la capacidad de reducir ese tiempo de sobresalto que experimenta el cuerpo (y la mente). Por tanto, la Resiliencia es la capacidad para sobreponernos a las adversidades (situaciones que activan nuestra defensa ante el peligro) y, especialmente, salir reforzados de esas experiencias.

En estos momentos, característicamente adversos, en los que nos encontramos en confinamiento, es natural que aparezcan reacciones de ansiedad, somatizaciones y pensamientos catastróficos sobre el futuro. De ahí que, aumentar nuestras capacidades resilientes se convierta en una tarea imprescindible para nuestro bienestar presente y futuro.

Pasos para ser más resiliente

1. Tomar consciencia. Conocer lo que te ocurre y cómo reacciona tu cuerpo y mente, es el primer paso antes de pasar a la acción.

2. Diferenciar entre lo contrable/incontrolable. Es importante poder discernir entre aquello sobre lo que podemos actuar o influir, y aquello sobre lo que no. A veces, podemos hacer varios intentos antes de tenerlo claro, y en otras ocasiones sabremos claramente hasta donde llega nuestro margen de acción.

3. Entrenar la asertividad. Esta es otra herramienta que nos ayuda en momentos de adversidad, concretamente si hay conflictos con otras personas. Con la asertividad tratamos de afrontar los conflictos y buscar acuerdos pensando en que ambas partes salgan beneficiadas.

4. Practicar la respiración consciente. La respiración es nuestra herramienta clave para directamente influir en la activación o calma de nuestro sistema nervioso. Así, si llevamos nuestra atención a un punto concreto (las fosas nasales, el pecho o el vientre) y observamos con curiosidad cómo entra y sale el aire, estaremos sintonizando con el momento presente y por tanto activando la rama parasimpática del sistema nervioso. Esto nos infunde calma y relajación.

5. Adaptación al cambio. Lo único permanente es el cambio. Reconocer todas las experiencias pasadas que ya hemos superado es una buena muestra de nuestra capacidad de adaptación.

6. Compartir las emociones. Expresar cómo nos sentimos, qué nos ha molestado o qué nos preocupa tiene una importante función de autocuidado. Además, nos permite ponerle orden a la experiencia interna y desahogarnos para comezar a pensar en posibles soluciones.

7. Enfoque en soluciones. Cuando tenemos claro qué parte de responsabilidad o control tenemos sobre lo sucedido (y qué parte no) y hemos dado una salida sana a nuestras emociones, podemos comenzar a pensar en formas de resolver nuestra situación, o formas de aportar para beneficiarnos de esa adversidad. Estaremos, entonces, aumentando nuestras habilidades y aprendizajes resilientes.

Escrito por

Itae Psicología

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