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La enfermedad de Alzheimer y el entorno

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La enfermedad de Alzheimer es la demencia cortical que más habitualmente se diagnostica a partir de los 65 años de edad

20 SEP 2018 · Lectura: min.
La enfermedad de Alzheimer y el entorno

La enfermedad de Alzheimer es la demencia cortical más habitual a partir de los 65 años de edad y tiene una clara correlación con el envejecimiento, de modo que al aumentar la edad, también aumenta el riesgo de padecerla. Este hecho tiene una gran relevancia en los países desarrollados, puesto que el continuo descenso de la mortalidad y el aumento de la esperanza de vida hace que aumente progresivamente el número de personas afectadas por esta enfermedad.

La enfermedad de Alzheimer es un tipo de demencia progresiva e irreversible que se caracteriza, en las etapas más tempranas, por un aparición insidiosa de alteraciones de la memoria, desorientación, pérdida de iniciativa y de espontaneidad, así como cambios emocionales y afectivos (son frecuentes los síntomas de tipo depresivo).

Los problemas iniciales afectan a la memoria episódica (memoria autobiográfica), alterando el recuerdo de acontecimientos cotidianos, como por ejemplo donde se han dejado las cosas, o repite la misma pregunta o historia varias veces sin recordar que ya lo había hecho antes, o se pierde fácilmente en sitios nuevos, etc. Progresivamente, los olvidos se amplían a la memoria semántica (memoria de los significados y los conocimientos conceptuales) con la que tiene lugar una imposibilidad para recordar los nombres de las cosas. Las personas con enfermedad de Alzheimer muestran un deterioro severo del recuerdo de memorias recientes y del comienzo de su vida adulta, mientras que ma mantienen conservados recuerdos de su infancia. Estas personas muestran dificultades para hacer nuevos aprendizajes. Es en esta etapa cuando, los propios afectados o sus familiares más cercanos, pueden darse cuenta de que alguna cosa está ocurriendo y esta preocupación hace que lleguen a consultar al médico.

Los recuerdos irán borrándose poco a poco a medida que avance la enfermedad.

En una etapa más avanzada de la enfermedad, aparecen otros síntomas:

-Afasia o alteraciones del lenguaje: la persona empieza a tener dificultades para encontrar las palabras que quiere decir, los nombres de las personas que conoce, su propio número de teléfono, o su dirección…

-Apraxia o alteraciones en las habilidades manipulativas: empiezan a aparecer dificultades en gestos como peinarse, utilizar unas tijeras, cerrar la puerta con llave, caminar…

-Agnosia o alteraciones perceptivas tanto de los objetos cotidianos, como del propio cuerpo, o del lenguaje.

-Confabulación: la persona no es capaz de distinguir entre lo que es real y lo que es imaginado.

-Alteraciones en el reconocimiento facial,tanto de los conocidos como dels familiares.

-Cambios de personalidad

-Alteraciones físicas

Todos estos cambios imposibilitan, a la larga, que la persona pueda llevar una vida independiente.

Durante todo el proceso, los familiares, amigos y conocidos van sufriendo las consecuencias de esta enfermedad, pero sobre todo el cuidador o cuidadora principal es quien asume la responsabilidad de atender las necesidades más básicas y facilitar el día a día de esta persona. Esto comporta un riesgo evidente para su salud, que no siempre está bien atendido y comprendido por el entorno. Esta sobrecarga puede conllevar un estado de irritabilidad, preocupación, tristeza, apatía, soledad.

Ante un diagnóstico de demencia, es necesario acompañar al enfermo durante todo el proceso de la enfermedad, pero por favor, no descuidemos la salud y la felicidad de los cuidadores y cuidadoras.

Escrito por

Alicia Navarro Psicóloga

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