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La hipnosis como parte del proceso terapéutico

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La hipnosis es un estado mental que tiene múltiples aplicaciones terapéuticas.

18 ENE 2016 · Lectura: min.
La hipnosis como parte del proceso terapéutico

Bautizada como tal por el escocés James Braid, la hipnosis puede definirse como un proceso mental inducido por un operador, que, por medio de esta terapia, establece una comunicación con el paciente para llegar a una meta previamente establecida. No se trata tanto de un estado de pérdida de consciencia, ya que el paciente no llega a perderla, sino de una forma de centrar su atención consciente, aprovechando el estado de relajación física y mental del mismo, para acceder temporalmente a algunos comportamientos del inconsciente.

A pesar de que por sí sola constituye una terapia, conocida como hipnoterapia, muchos profesionales la emplean en el seno de un proceso terapéutico más complejo con el fin de que el paciente y el terapeuta consigan alcanzar el objetivo fijado.

A este respecto, José Manuel Garrido Alfonso, psicólogo titular de Psicosoma Huelva y experto en hipnosis terapéutica y práctica clínica, apunta que «la hipnosis es una técnica cognitiva que puede ser usada como herramienta en el marco de un proceso terapéutico», ya que la eficacia de la hipnosis por sí sola «queda bastante mermada». De ahí la necesidad de aplicarlo en un contexto terapéutico más amplio, que permita que sus efectos se prolonguen con el paso del tiempo.

De hecho, antes de someterse a hipnosis, el terapeuta deberá evaluar al paciente y determinar si la hipnosis sirve o no para tratar su problema. También deberá realizar alguna prueba de sugestionabilidad para determinar su utilidad. Como indica este profesional, «cualquier persona puede ser hipnotizada, aunque no todas las personas son igualmente sugestionables. Se estima que alrededor del 90% de las personas pueden llegar a alcanzar un trance ligero, más que suficiente para una intervención clínica convencional».

Incluso existe la posibilidad de autohipnotizarse, ya que se puede seguir un protocolo previamente definido, aunque, como es lógico, en la mayoría de los casos no se conseguirá profundizar del mismo modo que cuando la hipnosis la practica un especialista.

En líneas generales, el proceso hipnótico se suele dividir en dos fases o etapas:

«Una fase de inducción, que si bien se adapta a cada paciente, suele tener un protocolo relativamente establecido, y una fase de sugestión, que se dirige de manera específica al objetivo terapéutico establecido en la evaluación previa». Es decir, se pretende que el paciente alcance un estado de trance para que, junto al terapeuta, pueda centrar su atención en el problema a tratar.

A pesar de que en nuestro país no existe una normativa que regule quién debe dirigir este proceso, resulta lógico que lo tienen que llevar a cabo «profesionales de la salud mental», afirma José Manuel Garrido.

En la actualidad la hipnosis se emplea para tratar diversos problemas psicológicos, como adicciones, depresión o ansiedad, pero donde destaca de manera importante es el tratamiento del dolor. El dolor afecta a dos estadios: el sensorial, «que proporciona una información básica sobre la localización y la cualidad del dolor», y el emocional, «que tiene que ver con la preocupación que el dolor nos causa». Con la hipnosis se puede incidir sobre ambos aspectos ya que, al ser un proceso fisiológico y cognitivo, «se centra en la relajación física (muy útil en determinados procesos dolorosos) y en la focalización de la atención, aportando un elemento clave de distracción que es de vital importancia en cualquier abordaje terapéutico del dolor, tanto agudo como crónico», explica el psicólogo.

Pero además, las sugestiones, que suelen ser visuales, sensoriales y cognitivas, permiten incidir sobre el estadio emocional mediante la aportación de experiencias positivas, fundamentales para controlar el dolor a través de distracciones o sustituyendo emociones, por ejemplo.

Por ello, debemos tener claro que la eficacia de la hipnosis es tal cuando se complementa con otros tratamientos. Como expone José Manuel Garrido, la hipnosis «no es magia, sino una técnica cognitiva más, que debe ser empleada como parte de un proceso terapéutico debidamente estructurado y planificado».

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Escrito por

Raquel Rodríguez

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