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La nostalgia del emigrante

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Miles de personas emigran cada año de sus países de origen a destinos que prometen mejoras en sus vidas y en la de sus familias, pero no siempre es fácil.

11 may 2012 · Lectura: min.
En muchos casos la migración genera separaciones en la familia, este hecho puede provocar grandes tensiones emocionales que deriven en enfermedades.

Miles de personas emigran cada año de sus países de origen a destinos que prometen mejoras en sus vidas y en la de sus familias. Las historias que se escuchan en sus países sobre los que se fueron a buscar nuevas oportunidades y las encontraron alienta a otros a seguirles. Sin embargo, pocas veces se habla de un síndrome muy común en ellos: la nostalgia del emigrante.

Los primeros momentos tras la llegada al nuevo país son de euforia, de nuevas sensaciones, pero puede llegar a convertirse en un proceso de duelo, ya que has perdido algo, estás lejos de los tuyos. Y por último viene la nostalgia. Según los psicólogos existe la nostalgia del emigrante, y también puede causar trastornos psicológicos graves. Esta enfermedad fue descrita por primera vez por un médico suizo, Johann Höfer, en el siglo XVII, que había supervisado un grupo de soldados que, pensando todo el día en su tierra, manifiestan signos de depresión y otros síntomas como insomnio, pérdida de apetito, hiperventilación, ansiedad, e incluso fiebre. Tan pronto como los soldados regresaban a casa los síntomas iban desapareciendo.

Pocos son los que dudan que trabajar en el extranjero mejorará la economía familiar, el desarrollo profesional, el estatus social y su familia. Pero es importante pensar en los efectos psicológicos de la emigración. El caso de Jesus Navas, un jugador sevillano que acabó renunciado a jugar en el Chelsea por la nostalgia de volver a casa.

Incluso los estudiantes no residentes pueden experimentar este malestar. Algunos tienen más fuerza para acostumbrarse a la nueva situación, pero muchos se dan por vencidos y vuelven a casa.

A continuación destacamos los aspectos más comunes que implica en la persona la migración:

  • Impacto social: en muchos casos la migración, cuando viene motivada por una necesidad económica, genera rupturas en la familia que inevitablemente se desintegra. El cambio de país también implica la separación con los amigos, cambios de ocupación, estilo de vida, etc. En el caso de tener que aprender un nuevo idioma, el emigrante deberá aceptar cambios que frecuentemente causan estrés psicológico. Estos problemas pueden generar, con el tiempo, desórdenes mentales en las personas vulnerables. Inevitablemente los problemas siempre repercutirán en la familia.
  • Impacto linguístico: Para los que van al extranjero para aprender un nuevo idioma, la comunicación no es inmediata. Además de la tensión de tener que hablar en un idioma extranjero, incluso la comunicación no verbal es diferente, la forma de bromear, o los estereotipos acerca de los acentos extranjeros pueden contribuir a exacerbar el sentimiento de malestar.
  • Impacto cultural: los hábitos, el estilo de vida, los horarios, la política o la religión. Todo es nuevo y todo es diferente. La comparación de lo que era y es su vida cotidiana puede llevar a fallar en el propósito por acostumbrarse a la nueva etapa. La cultura es tan penetrante que empuja al emigrante a la búsqueda de lo más próximo a lo que conoce como suyo, con el riesgo de la auto segregación.
  • Impacto ambiental: para aquellos que se cambian de un país más frío a uno más caluroso o viceversa, el clima puede ser un factor peyorativo para el malestar del emigrante.
  • Impacto psicológico: entre los factores psicológicos de más importancia se encuentra el estrés psicosocial, que se ve motivado por querer hacer una rápida adaptación al nuevo país, para así poder empezar a funcionar en la sociedad de acogida. El emigrante que no cuente con amigos en los que apoyarse durante este periodo y sea de baja autoestima, será más vulnerable de sufrir enfermedades mentales. La autoestima, el miedo al fracaso, a sentirse diferente... todos estos pensamientos pueden llevar a que la persona incremente su malestar, y puede llevarle a caer en una depresión o crisis de ansiedad, por ejemplo.

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Desórdenes mentales

Las enfermedades mentales que pueden afectar a los emigrantes y a sus familias son numerosas: desórdenes depresivos y ansiosos; fobias, somatización, drogas, violencia familiar; episodios psicóticos e incluso la esquizofrenia han sido descritos en las poblaciones emigrantes.

Para salir fortalecidos en esta nueva etapa es importante contar con el apoyo de los seres queridos, y en el caso de ser necesario acudir a los servicios de un terapeuta que sepa orientar de la mejor manera.

11 consejos para no sucumbir a la nostalgia de casa

1. Antes de iniciar los preparativos para la marcha: trata de aprender el idioma, conocer las costumbres, la burocracia y el tipo de Sanidad que hay allí. No te olvides de revisar los derechos y obligaciones de los extranjeros en el país de destino. Cuando estés en un sitio tratando de leer el periódico en el país anfitrión, pide información a la gente de allí sobre la cultura y las costumbres, te ayudará a sentirte más cerca de ellos y menos confusa.

2. Involucra a tu familia y amigos en la preparación de todo antes de irte y asegúrate de hacer una fiesta de despedida para celebrar el acontecimiento.

3. Piensa y entiende que vas a echar en falta a las personas que se quedan en el origen. Si te preparas el impacto será menos duro.

4. Lleva pequeños objetos que te consuelen y animen, aquellas cosas que te hacen sentir como en casa, o incluso detalles que decoren tu habitación. Todo ello te ayudará a superar el trámite de una forma más fácil.

5. Una vez llegues al destino procura inscribirte lo antes posible en un curso de idiomas o en otras actividades de grupo. Hacer amistades te ayudará a superar la nostalgia.

6. Cuando hables por teléfono con tu familia y amigos céntrate en explicarles las cosas positivas que están viviendo y descubriendo, y no únicamente les cuentes las cosas que extrañas.

7. Volver a casa de tanto en tanto es bueno, pero no es tan bueno si lo haces con demasiada frecuencia: te impedirá centrarte en esta nueva etapa, y además multiplicarás las despedidas.

8. Sé flexible: las cosas no son siempre lo que uno espera. Si estás abierto a que algo salga mal los obstáculos los superarás con menos esfuerzo.

9. De vez en cuando haz cosas que te gustaba hacer en casa, como ver una película en tu lengua materna, prepara la comida que hacíais los domingos para tus amigos en el nuevo destino, incluso con compatriotas, para sentir que estás viviendo un intercambio mutuo de costumbres y tradiciones.

10. No le hagas más caso de la cuenta a la nostalgia, pero habla de ello con tu pareja o con tus amigos. Si escondes esa sensación, puedes sentirte a la vez frustrado.

11. Haz una lista con todas las cosas que has dejado atrás: las que te alegras de haber dejado y las que echas de menos, pero también con las cosas positivas que has encontrado en el destino.

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