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La validación y la queja

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La educación que hemos recibido tiene unas señales en nuestra manera de afrontar el mundo y a nosotros mismos.

30 SEP 2017 · Lectura: min.
La validación y la queja

El ser humano se enfrenta constantemente a situaciones que no son exactamente cómo le gustarían y la idoneidad de las mismas queda muy lejos de las situaciones realmente vividas.

En estos casos vemos como cada uno se enfrenta a esta circunstancia de diferente manera. Por un lado tendremos a aquellos que minimizan las diferencias de esta soñada idoneidad y otros sin embargo enfatizan todas estas diferencias, viviéndolas como algo insostenible. Focalizan la atención en esas diferencias, de ahí aparecerán las quejas y las insatisfacciones.

En esta diferencia de juicio sobre lo vivido hay un trasfondo que no tomamos en cuenta.

1. El coste de esta diferencia, para el individuo. Lo que el individuo puede perder o pone en juego, no sólo a niel material también a otros niveles; su identidad, honra, vínculos emocionales, visión personal de sí mismo o que con ello desarrollen los demás.

2. El tiempo en el que se lleva manteniendo esta situación. No es lo mismo vivir una situación de forma puntual o con un tiempo de caducidad, que hacerlo de manera sostenida o incluso que se pueda suponer que sea de "por vida"

3. La herencia de otras situaciones que como en esta no hemos llegado al clímax de lo añorado. El encontrarnos nuevamente ante un problema que en otro lugar, momento y con otros actores, ya hemos vivido y no queremos volver a hacerlo, nos negamos a ello o en su contra, ya nos hemos habituado y hemos dado por hecho que nos tenemos que conformar, "la vida es así".

4. El aprendizaje y el histórico a la hora de afrontar temas similares. A lo largo de nuestra existencia vamos sumando a nuestro repertorio de reacciones habituales aquellas que de forma vicaria hemos visto que a otros les servían o a nosotros mismos nos han servido. Todas ellas se irán integrando en nuestra forma habitual de reaccionar interna y externa. Estas reacciones, muchas veces ni las valoramos, simplemente las llevamos a cabo, a veces con acierto y otras veces no.

5. La generalización que hagamos de otras situaciones más incomodas en las que hemos tenido que tomar medidas más drásticas. Un poco al hilo de las anteriores pero con ciertas connotaciones especiales. A sabiendas de que esto puede no ser lo único que podemos hacer, lo elegimos porque nuestra situación emocional ante el problema nos pide un giro radical. Estos giros radicales les llevamos a cabo, porque en otras ocasiones nos trajeron el éxito o nos han permitido escapar de una situación que ya no daba más y que era de difícil solución. Estos no son automáticos, pero si es una huida desesperada cuando ya no sabemos que más hacer por evitar algo que nos incomoda hasta el extremo.

6. La implicación emocional que tengamos con la situación. Dependiendo de ella, cualquier eventualidad o contrariedad nos puede afectar más o menos y la podemos ver más como terrible o como un hecho más entre tantos. Si la implicación es elevada cualquier variación nos puede afectar de forma desbordante y nos puede implicar un gran disgusto del que nos es difícil escapar, ya que en ello nos va el "alma" o nuestra propia identidad o algo a lo que amamos de forma profunda. Sin embargo este mismo hecho, cuando la implicación emocional es baja, podemos verlo como una contrariedad que no lleva a ningún sitio y que se puede quedar incluso como está y no tomarla en cuenta en nuestra valoración de éxito y fracaso. Esto también tiene que ver con el nivel de responsabilidad, la alta implicación emocional viene dada en todo aquello de lo que nos sentimos responsables de primer grado.

7. Lo que esperamos de la misma. Las ganancia, no sólo económicas o materiales, también espirituales, emocionales o de implicación con nuestro roll dentro de un área determinado de nuestra vida. La ganancia de estatus, de situación personal, de situación frente a nuestros apegos emocionales….

8. Las posibilidades de cambio que la atribuyamos. Cuando vivimos una situación que la encontramos de fácil cambio por ser pasajera o fácil de sustituir o porque tenemos otras oportunidades en la misma esfera, lo que ocurra al respecto no nos parecerá tan importante como si consideramos que esa oportunidad o posibilidad es única e insustituible.

9. La fe en este cambio (lo puntualizo, ya que, no son las salidas sólo, es la fe que tengamos en ella) Esto se dará en las ocasiones en las que hemos estado esperando una oportunidad parecida a la que se nos presenta en ese momento y sabemos que puede ser decisiva en la consecución de nuestros objetivos, el hecho de que algo no nos salga como lo habíamos previsto nos puede llenar de desesperación ya que la atribuimos la condición de única.

10. La seguridad y el valor que nos damos a nosotros mismos. Si nos sentimos seguros de nuestra valía y condiciones personales y particulares a la hora de llevar acabo lo que tenemos entre manos en ese momento, nos sentiremos más confiados y por ello dejaremos fluir menos la preocupación y los miedos a los posibles inconvenientes, si por otro lado valoramos que nuestras habilidades no llegan a ser suficientes o lo son de forma muy justa para enfrentarnos a tal desempeño, tomaremos más en cuenta cualquier peligro externo o interno que nos pueda limar lo que ya consideramos bastante justo. Esta situación es particularmente ansiógena.

11. El apoyo emocional con el que contemos. Sentirnos apoyados y alentados por nuestro entorno nos hace estar menos a la defensiva, no tenemos que demostrar tanto, en realidad nuestra valía no está vinculada a nuestros logros y si a nuestro trabajo que se da por algo útil y de sumo valor, las ganas que pongamos y la trayectoria que tengamos. Esto tiene que ver mucho con nuestra autoestima, en realidad esa es la verdadera autoestima. Los logros están muy vinculados al factor suerte y a las oportunidades relacionales y otros detalles que pueden variarlo mucho, sin embargo la verdadera valía se encuentra en nuestro trabajo, perseverancia, las decisiones acertadas dentro de las condiciones con las que contamos, pero para ver esto con claridad muchas veces necesitamos ser validados emocionalmente y también materialmente por las personas que nos acompañan, sobretodo en edades tempranas, que es cuando realmente vamos formando nuestra imagen personal , que no siempre, si toda va bien, debe de ir unida a la consecución de nuestros logros. "hice todo lo que estaba en mi mano, por tanto no hay nada que se me quedara en el tintero, habiéndolo conseguido o sin conseguirlo".

12. El entorno en el que se de esta situación. Encontrarte en un entorno que consideremos hostil o poco seguro disparará nuestra hipervigilancia a cualquier variación que no nos haga sentirnos seguros, depositamos nuestra confianza sólo en lo que estamos seguro de que va a pasar, si el entorno nos es hostil, por supuesto no será en él donde podamos depositar esta confianza. Todo lo contario pasará si consideramos que el entorno es amable y tiene recursos de ayuda hacia nosotros.

13. Las ganancias a otros niveles que tengamos con el mantenimiento de la situación. Muchas veces sin sentirnos seguros, ni cómodos, ni a la altura, ni otras muchas cosas más, decidimos por otras cuestiones, por ejemplo, las ganancias emocionales, personales o materiales que vamos a recibir y las necesidades que tengamos de ellas. Mantenemos situaciones incómodas y a veces, ya que no somos capaces de tomar la decisión de desprendernos de ellas, buscamos otras maneras de evitarlas que pueden llegar a ser de lo más peregrinas. Aquí se puede dar la somatización, el rechazo visceral, algunas obsesiones, caer en manías o en rituales… en conclusión, en comportamientos evitativos y rumiantes, que nos encierran en otras conductas desadaptadas.

Todas estas puntualizaciones nos pueden ayudar a reflexionar sobre muchas reacciones de ansiedad que sentimos pero no podemos llegar a explicar de forma clara. Sentimientos insatisfacción, desarrollamos conductas de evitación, que no sabemos muchas veces por que se desencadenan. El simple hecho de manejar todas estas variables que influyen en la toma de nuestras decisiones, en la valoración de nosotros mismos y de lo que hacemos, en la valoración de nuestro entorno, pueden ser lo suficientemente aclaratorias para tranquilizar o simplemente desalentar muchas emociones negativas que ya no hacen falta si realmente conocemos los motivos de su existencia y no por que las vayamos a evitar de forma consciente, si no, porque ya "no ha lugar" Las decisiones claras y sabedoras de los motivos reales de las mismas nos ayudan a mantenernos firmes ante toda esta vorágine de sensaciones contradictorias que nos mantienen hipervigilante a los estímulos negativos de nuestro alrededor, como en espera de que aparezcan amenazantes, dándoles más protagonismo que al disfrute de las situaciones o a nosotros mismos y nuestro desarrollo personal. Estas actitudes pueden desencadenar incluso patologías, obsesiones o fobias. Todo esto a veces nos envuelve sin ser conscientes de ello. Por eso la validación de nuestras razones, gustos, preferencias, objetivos, planes o necesidades es vital para mantenernos equilibrados, para alcanzar aquello que llamamos felicidad, para disfrutar de nuestra existencia y de nuestros logros o no logros y si del camino que nos conduce a ellos.

No hay peor maltrato emocional que la falta de validación de estas necesidades de forma continua y sistemática por el entorno, incluso cuando no nos damos cuenta de que nos está pasando, tendrá coste para nosotros, ya que, nos estaremos acostumbrado a ello y nosotros mismos dejaremos de validar todas estas cuestiones básicas de nuestra existencia por sistema. Como aquel que está haciendo lo que debe de hacer, lo que hay que hacer. Esta validación no debe ser solamente interna, también externa. Cuando hablamos de asertividad nos quedamos en la superficialidad del término, defender mis derechos, respetando los de los demás y lo llevamos al simple acto de comunicación. Realmente la asertividad va más allá. Ser una persona asertiva es también defender nuestro derecho a equivocarnos, a cambiar de opinión, a enfadarnos, a tener debilidades o a sentirnos hastiados por algo sin por ello sentirnos culpable o tener la necesidad de justificarnos. Ser asertivo con nosotros mismo es también reconocer nuestros fuertes y nuestras debilidades sin necesidad de estar a la defensiva constantemente por si ello significa no llegar a la expectativa, es defender nuestro derecho a de vez en cuando no ser razonable y a dejarnos llevar por una emoción si es lo suficientemente importante para nosotros. La perfección no existe y si existe, es aburrida y carente de oportunidades, la creatividad muchas veces están en salirse de la norma de lo perfecto de lo esperable de lo y de lo idóneo, hay algo más allá de lo idóneo y es lo sublime.

Cuando iniciamos un camino, en el mejor de los casos tenemos un objetivo claro. El recorrer de ese camino nos va aportando, completando, nos va sumando y restando, todo ello nos va ir cambiando nuestra propio ser y con ello, probablemente los perfiles del objetivo mismo. Validar todo ese cambio, toda esa evolución, es validar nuestra propia existencia como individuo flexible, adaptativo y creador de nuestra propia vida. Validar todo este recorrido, saber valorar sus aportaciones, negativas y también positivas. Dejar sentirnos esclavos de las decisiones tomadas o las palabras dichas es una enseñanza contraria a la adquirida, pero útil y necesaria para nuestra vida y la construcción de nuestro yo.

"La vida y la felicidad, es aquello que nos va pasando mientras hacemos planes"

Siempre el planteamiento de una meta nos aportará beneficios la consigamos o no, ya que en el transcurso de nuestro camino hacia ella habremos conseguido un aprendizaje que no hubiera sido posible sin habernos planteado su consecución.
Escrito por

Lidia Santoyo

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