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Las implicaciones de la plasticidad neuronal en nuestra conducta

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

El cerebro es un órgano en constante cambio. Las neurociencias han demostrado que nosotros podemos cambiar nuestro cerebro a través de lo que hacemos.

23 AGO 2017 · Lectura: min.
Las implicaciones de la plasticidad neuronal en nuestra conducta

El cerebro es un órgano en constante cambio. Las neurociencias han demostrado que a través de procesos de plasticidad neuronal (también llamada neuroplasticidad), nosotros mismos moldeamos nuestro cerebro cuando hacemos nuestras actividades de la vida diaria o pensamos frecuentemente en algo. Cuando por ejemplo tocamos el piano, esa vía neural concreta que conecta varias partes del cerebro se refuerza y se agranda cada vez que lo practicamos.

En un estudio con taxistas Londinenses, se demostró que tenían un hipocampo más grande que otras personas con profesiones distintas porque debían saberse todas las calles de memoria para conseguir pasar el examen para ser taxistas. El Hipocampo tiene diversas funciones, pero una de ellas es que se ocupa de la información de la agenda visuoespacial (nuestros mapas mentales del espacio en el que vivimos que nos dicen cómo se llega a algún sitio que conocemos).

Pero qué implicaciones tiene que nuestro cerebro sea como la plastelina? Desde luego hay implicaciones muy positivas que contraatacan las etiquetas sociales negativas y estigmatizadores que muchas personas sufren por haber sido diagnosticados con algo. O bien hay personas que se autoestigmatizan y se consideran a ellos mismos enfermos, o bien otras personas muestran su rechazo social cuando descubren que cierta persona tiene un diagnóstico.

Una de éstas implicaciones es que la cronicidad que se asocia a algunos trastornos es muy relativa, si podemos moldear el cerebro implica que podemos modificar el trastorno a través de psicoterapia (y medicación en los casos que se requiera), porque los trastornos mentales tienen una relación biológica directa con nuestro cerebro y con lo que hacemos, sentimos y pensamos -que es lo que controla nuestro cerebro-. Quiere decir esto que el trastorno crónico no existe? No, claro que no. Los casos son muy variados y hay muchas más variables que intervienen en que un trastorno se vuelva o no crónico. Pero desde luego podemos ser más positivos y tener más esperanza de que con la ayuda adecuada y el esfuerzo personal, un trastorno -en teoría crónico- puede minimizarse hasta el punto de que no afecte e incluso "se cure" y la persona pueda llevar una vida completamente normal.

Sin embargo, leyéndose este artículo puede parecer que la plasticidad neuronal es siempre algo positivo. La plasticidad neuronal es simplemente un momento en el que el cerebro es propenso a moldearse, pero el moldeamiento se puede dar en dos direcciones: positiva, representando una adaptación, o negativa, representando un problema). No siempre que se dan procesos neuronales de este tipo, éstos resultan positivos para los pacientes. A veces cuando un trauma se instala y se autorefuerza, es porque se ha producido un proceso de neuroplasticidad que ha quedado plasmado biológicamente en nuestras conexiones sinápticas; nosotros inconscientemente reforzamos ese trauma cada vez que experimentamos una imagen mental intrusiva y reaccionamos en consecuencia evitando, por ejemplo: exponernos a la situación que nos provoca el miedo o intentando tener un locus de control demasiado alto de nuestras situaciones.

Por ejemplo, un caso ficticio de una persona que tiene miedo a salir de casa desde que hace unos años, fue víctima de un atraco. En este caso el hecho de no salir de casa representa la evitación de la experiencia y por tanto el refuerzo del trauma, de manera que si la persona se encierra en casa y no se enfrenta a su miedo, su cerebro nunca podrá aprender que es seguro salir de casa y que a los minutos de hacerlo, la ansiedad empieza a disminuir paulatinamente.

Para más información os invito a que veais el documental sobre plasticidad neuronal que tenéis clicando a este enlace.

Escrito por

Bárbara Pérez - Clínica Gouet

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