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Límites, normas y responsabilidades... Cuándo, cuántas y cómo ponerlas ¡sin morir en el intento!

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Sabemos la importancia de marcar una guía a través de límites y normas a los hijos pero no siempre sabemos cómo aplicarlos de manera adecuada. Aquí encontrarás las claves para lograrlo.

15 MAY 2018 · Lectura: min.
Límites, normas y responsabilidades... Cuándo, cuántas y cómo ponerlas ¡sin morir en el intento!

Límites, normas y responsabilidades, algo que todo padre y madre desea ver interiorizado en sus hijos y lo que cualquier hijo procura ahuyentar a toda costa. ¿Por qué les cuesta tanto aceptarlas? ¿Por qué tengo que repetirle una y otra vez lo que ya sabe que tiene que hacer?

Son preguntas y quejas recurrentes en los padres cuando intentan poner normas y límites a sus hijos. Para los adultos puede resultarnos fácil entender que los hijos deben de asumir y respetar las normas y responsabilidades que se les mandan y continuamente se producen tensiones en casa cuando los pequeños nos demuestran con su tesón y perseverancia, que prefieren no asumirlas o que no están de acuerdo con ellas.

¿Y por qué no entienden que hay que seguir las normas y que deben cumplir con sus responsabilidades? Pues porque esa es una conclusión a la que ha llegado el adulto, después de años y años de entrenamiento y aprendizaje y porque ellos todavía están en esa fase dónde deben ir aprendiendo la importancia, necesidad y utilidad de hacerlo.

Hoy en día el estrés, las prisas, las exigencias del trabajo, la falta de tiempo y de goce... están a la orden del día y los adultos asumimos que debemos cumplir con mil y una normas para poder llegar a todo y también al final del día y así, disfrutar por la noche aunque sean de 10 minutos de calma y libertad para nuevamente, volver a empezar al siguiente día con mil y una más. ¿Como creéis que perciben los hijos la asunción de límites y normas? Ven a sus padres estresados, mandando ésto y aquello y... ¡Hay que hacerlo rápido!. Ellos perciben que las normas y límites le quitan diversión y libertad como a sus padres, por lo tanto hay que evitarlas.

Si ellos nos perciben asumiendo y transmitiendo normas por doquier y a todas horas, malhumorados y además, son las causantes de que papá o mamá se enfaden conmigo... normal que quieran huir de ellas.

Es importante transmitir ya desde pequeños, la necesidad de unos límites y normas que se adapten a la edad evolutiva de cada niño/a. No se trata de poner miles ya que no se puede vivir a gusto en un entorno cargado de ellas. Es mejor poner pocas pero consistentes y que sean útiles, y es que debemos fomentar que los hijos vean las normas y los límites, no como algo que prohíbe la libertad, sino como algo que les da seguridad, les indica un camino a seguir y facilita la convivencia entre todos los miembros de la familia.

Veamos unos tips que pueden facilitar que los hijos asuman de mejor manera las normas y límites en casa:

  • No imponer a la fuerza. Si queremos que los niños hagan caso, no vale ganarnos la autoridad a través del temor, las reprimendas o amenazas. Primero, eso genera miedo en los niños y así van a odiar más las normas y a disminuir su confianza con los padres. Y segundo, la autoridad no se gana con el miedo, sino con el respeto. Hazle saber porqué es importante que cumpla la norma y en qué eso ayudará a mejorar la convivencia en casa (aprendizaje pedagógico).
  • Siempre y siempre valora su esfuerzo cuando la lleva a cabo. Ya pero ¿Para qué necesita que se lo reconozca si es su obligación? Pues porque todos necesitamos motivación para generar cambios y los niños deben sentirse reconocidos y valorados para entender que sus esfuerzos merecen la pena. Es habitual que los niños acostumbrados a recibir muchas pegas o comentarios negativos de sus padres, acaben desistiendo y pensando "¿Para qué lo voy a intentar si nunca hago nada bien?".
  • Concretar lo que se espera de ellos. Cuando pongamos una norma, no sirven los términos generales "Pórtate bien", ya que portarse bien incluye muchísimos aspectos (estar tranquilo, no chillar, hablar con respeto, recoger sus juguetes, no pelear...). Es mejor que las consignas sean BREVES y PRECISAS como: "Es hora de recoger tus juguetes porque ya has terminado de jugar".
  • Firmeza vs Autoritarismo. Debemos ser firmes pero sin necesidad de ser autoritarios. No debemos pedirles que hagan las cosas a voces, enfadados o con tono amenazante... ¿A quién le gusta que el jefe nos pida las demandas en ese tono?. Es mejor utilizar un tono calmado pero sereno y bajarnos a la altura de su mirada cuando se lo pidamos, así nos aseguraremos de que mantiene el contacto ocular y entiende lo que le pedimos.
  • Un buen truco es utilizar las normas en positivo. Podemos decir lo mismo de muchas maneras, pero casi siempre recurrimos a la connotación negativa y eso... lo siento pero no motiva NADA. Así, es mejor decirles lo que esperamos de ellos que no, lo que no queremos que hagan. En cambio de decir: "No chilles" podemos pedirle "Habla más bajito para que pueda entenderte", o "No puedes levantarte de la mesa todavía" por "Tienes que quedarte sentado un poquito más".
  • Otro buen truco es dibujar o escribir las normas en un sitio visible para todos y así resultará más fácil recordárselas (de forma tranquila) si las incumple. No vale poner un recital de reglas, debemos recordar que "menos es más", así que con 3 o 4 bastará.
  • Y lo más importante, los padres como modelos. Tenemos que ser coherentes con lo que les pedimos a los pequeños. No vale pedirles algo que nosotros luego no hacemos. Perdemos autoridad y confianza ante ellos y les enseñamos que las normas están para incumplirlas. Tampoco les pediremos algo que no puedan realizar acorde a su edad, las normas deben ser JUSTAS para todos.

Los niños deben tener límites y normas, pues su ausencia les genera inseguridad y consecuencias negativas para su desarrollo óptimo. Las interiorizaran en menor o mayor grado dependiendo del estilo parental en la manera de aplicarlas. Ayudemos a marcar un camino con piedrecitas que puedan ir superando, no uno lleno de pedruscos que resulten difíciles de escalar.

Escrito por

Alicia Hugas Cruz

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