Los beneficios del juego entre padres e hijos

El juego es para los niños una forma de expresión y de comunicación por medio de la cual crean vínculos afectivos, expresan emociones y aprenden a conocer la realidad que les rodea.

16 AGO 2019 · Lectura: min.
Los beneficios del juego entre padres e hijos

El juego es para los niños una forma de expresión y de comunicación por medio de la cual crean vínculos afectivos, expresan emociones y aprenden a conocer la realidad que les rodea.

Las investigaciones han demostrado que el juego del niño compartido con el adulto, desde la primera infancia, fortalece los vínculos afectivos entre padres e hijos. El gran beneficio es que, cuando, como padres, nos ponemos a la altura del niño/a a través del juego, comprendiendo su mundo, el niño/a siente que es importante para sus padres, adquiere confianza y seguridad en sigo mismo y en la relación afectiva que va construyendo con su familia.

La relación de seguridad y confianza es la base para un armonioso desarrollo emocional y cognitivo del niño. Cuando los padres son capaces de construir una relación segura con sus hijos, ya en temprana edad, está demostrado que se reducen los problemas emocionales y de conducta y que los niños se sienten más felices.

No tenemos que pensar que jugar con nuestros hijos sea una pérdida de tiempo, porque el juego para los niños tiene un valor extraordinario e insustituible.

El juego familiar, además que reforzar los lazos afectivos entre padres e hijos, permite a los niños de expresar y compartir sus emociones así que, a través de ello, los niños aprenden a reconocer y expresar sus sentimientos, a regular sus emociones y a reconocer las señales afectivas y emociones ajenas. Además el juego familiar desarrolla la imaginación de los niños, capacidad que les permitirá relacionarse creativamente con el mundo real y desenvolverse en ello con buenas habilidades sociales. Finalmente, refuerza atención y concentración, funciones esenciales para un buen rendimiento escolar.

Que pautas pueden seguir los padres para jugar y relacionarse positivamente con sus hijos/as?

1. Crear una rutina: varias veces por semana dediquéis un tiempo de juego con sus niños y niñas pequeños. Es imprescindible que tengáis disposición para jugar con sus hijos. La actitud del adulto no debe ser correctiva o excesivamente directiva.

Solo en el caso que no se respetan los límites básicos de no hacerse daño, es cuando se debe de limitar.

2. Crear un clima tranquilo y relajado, dejando que el niño elija el juego. Los padres deben procurar que los juguetes sean apropiados a la edad de su hijo/a.

3. Participar al juego respectando las preferencias y los tiempos del niño/a, sin imponer o invadir.

4. Observar el comportamiento de su hijo/a mientras juega para comprender cual actividad lo motiva más y donde pone más atención e interés.

5. Poner atención al lenguaje que utilizan. El acompañamiento y las palabras sirven a crear una conexión entre las emociones de los niños y la comprensión de estas, así que podáis reflejar las emociones que creáis este viviendo el niño en aquel momento y que todavía no es capaz de expresar. Por ejemplo si vemos nuestro hijo desorientado porque se ha caído mientras jugaba, podemos ayudarlo poniendo palabras a su miedo, diciéndole por ejemplo lo asustado que lo vemos. Así mismo podemos reflejar la alegría de nuestro hijo, cuando vemos que por ejemplo disfruta con su juguete favorito, y así compartir con él/ella esta felicidad. Esta actitud de acompañar al niño en reconocer y expresar sus emociones lo ayudara a vivirlas de forma natural y espontánea. El niño/a, aprenderá, a medida que crece, a reconocer, expresar y manejar sus emociones y manifestará sus estados de ánimo de una forma apropiada y coherente desarrollando así mayor autocontrol emocional.

Como vemos el juego como actividad compartida con los padres es una experiencia enriquecedora tanto para los hijos que para los padres y los beneficios son muchos para ambos porque: fortalece los lazos afectivo entre padres e hijos, mejora la comunicación entre los integrantes de la familia, mejora la autoestima en los niños, facilita la comprensión y la expresión de las emociones propias y ajenas, aumenta la atención y la concentración así como reduce estrés y tensiones.

AUTOR: Daniela Papetti, Psicóloga

Escrito por

InTerapia - Psicoterapia y Formación

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