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Los estudiantes, los olvidados de la crisis

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

A diario las noticias hacen referencia a la crisis del covid-19. En las siguientes páginas hablaré de cómo está afectando esto al colectivo estudiantil.

22 MAY 2020 · Lectura: min.
Los estudiantes, los olvidados de la crisis

Durante la crisis del covid-19, la vida de las personas se está viendo afectada de diferentes maneras. Hay personas que han perdido el trabajo, hay personas que han perdido a familiares y amigos, hay personas que se encuentran en una situación de incertidumbre respecto a su futuro ya que, aunque no hayan perdido el trabajo, no saben cómo vamos a salir de esto y de qué manera va a afectar a sus vidas, más de lo que ya está afectando, por no hablar de la ansiedad que ya de por si nos crea a todos el hecho de estar confinados, con un cambio de vida radical que afecta de manera directa a absolutamente toda la población.

Yo, como la mayoría de las personas, estoy pasando esta etapa de la mejor manera posible, con mis miedos y mis incertidumbres, porque, aunque sea psicóloga, también me preocupo, y esta es una situación que nos está afectando a todos. Hay cosas que no se enseñan en la universidad y una de ellas es aprender a sobrevivir psicológicamente sano a una pandemia, no por la enfermedad en sí, que por lo que leo a diario y por lo que la gente me cuenta ya es lo que menos importa, si no por todo lo nombrado anteriormente, esa incertidumbre que causa una enorme preocupación por el futuro, especialmente el económico, porque aunque nos alegramos de tener salud, también necesitamos tener la nevera llena.

Se ha hablado de cómo están llevando esto los niños, los mayores, las personas que se han quedado en paro, deportistas, sanitarios, hosteleros…pero hay una población a la que hoy me quiero dirigir, y ellos son los estudiantes, especialmente universitarios y opositores.

Mi interés por escribir sobre este tema surge a raíz de, hace una semana aproximadamente, cuando me encuentro viendo mis redes sociales y aparece una noticia en "El País", donde se hace referencia a unos twist que publican unos estudiantes acerca de la ansiedad que están experimentando. Esto me resultó interesante porque creo que poco se habla de esta población, que es la generación que viene detrás y que se va a encontrar en una crisis que va a marcar su entrada al mundo laboral. No solamente me resulta interesante por el hecho de que se hable poco de ello, sino también porque yo, a mis 31 años, vengo de una crisis, en la que nos hemos considerado la "generación perdida", ha sido un largo camino de estudio y de trabajos malpagados que no tenían nada que ver con mis objetivos, y cuando al fin parece que todo ha cogido un color mejor… nos encontramos ante semejante situación. Todo esto me genera una empatía con ellos.

Tras este primer momento inmediatamente se me ocurre ponerme en contacto con algunos estudiantes, tanto de universidades como de oposiciones, para que me cuenten su experiencia y ofrecerles mi ayuda. Lo que voy a contar ahora es lo que reconstruyo de sus historias.

Los opositores

A diferencia de lo que la mayoría de la gente piensa, la vida de los opositores se está viendo muy afectada, vale que opositar es como trabajar desde casa, te levantas, te tomas un café, te sientas en el escritorio y te levantas para ir al baño, para comer, y vuelves al escritorio, puede parecer que aparentemente no hay cambios, pero no es así. No solo han perdido su momento de poder salir y despejarse, ojalá todo fuera eso, lo difícil es lo que voy a contar ahora. Los opositores, al empezar esta crisis comienzan a experimentar una incertidumbre por cuándo será su examen, la mayoría de ellos han dejado su vida aparcada para dedicarse en cuerpo y alma a algo que de repente se está esfumando, qué pasa ahora con todo el esfuerzo que llevan, hacia dónde se encamina, una rutina marcada desde hace meses y de repente aparece un enorme obstáculo que les impide avanzar en lo que más desean, no pueden controlarlo. Toda esa preocupación por el futuro a corto y largo plazo provoca una serie de pensamientos negativos que hacen que el rendimiento baje, aparece la frustración, antes estudiaban en una hora lo que ahora estudian en tres. Quieren seguir y estar al cien por cien pero no pueden, porque cuando se plantean estudiar unas oposiciones saben que un día pueden encontrarse mal, que otro día puede pasar algo, pero nadie se plantea que pueda ocurrir una pandemia mundial. Aparece una lucha interna, una preocupación por todo el esfuerzo, que se añade a la ansiedad que provocan las noticias negativas que constantemente ven, que incluso deciden apartarse de todas las fuentes de información pero igualmente saben que algo muy malo está pasando ahí fuera. Realmente empiezan a plantearse si seguir o abandonar, empiezan a lamentarse de el año que han elegido para hacerlo, se desmotivan porque ahora les dicen que se aplaza otro año más y las metas que se habían marcado ya no sirven, la meta se alarga tanto que no sienten esa motivación que necesitan, intentan buscar lo positivo "más tiempo para estudiar", pero en realidad frustra saber que ya podrían haber terminado, que aunque tengan más tiempo su ritmo ha bajado, no se sienten con ganas de replantearse nuevos objetivos y metas y todo esto causa ansiedad y tristeza, todo lo que han estudiado hasta ahora…si no siguen haciéndolo igual es tiempo perdido. Finalmente se encuentran muy negativos e intranquilos, aunque intenten llevar una rutina, hacer ejercicio o relajación, la parte que incita a dejarlo es mayor que la que incita a la motivación y al logro, no saben si tomarse un tiempo, si empezar a estudiar más adelante, no saben realmente cómo acabará esto y si verdaderamente el examen será algún día o se seguirá alargando, se hace muy difícil seguir sin una meta clara, sienten que tienen que empezar de cero y eso frustra y desmotiva.

Los estudiantes universitarios

Muchos de estos chicos están lejos de sus casas, y ante el desconocimiento de cómo se van a desarrollar las cosas en un primer momento deciden quedarse en los pisos, esto significa estar sin sus familias durante todo este tiempo. Tratan de llevar la rutina de la mejor manera posible, dedicar al día sus horas de estudio, hacer lo que recomiendan los expertos, porque aunque hay cierta preocupación piensan que es algo que durará un par de semanas, un mes a lo sumo y que manteniendo el ritmo en casa todo seguirá prácticamente igual cuando esto acabe. Cada día van viendo que no se trata de un par de semanas o un mes, sino que esto está aumentando de manera descontrolada y las cifras de fallecidos y contagios van aumentando día tras día. Durante esta primera etapa no tienen absolutamente ninguna noticia de la universidad, por lo que el miedo y la ansiedad aumentan. Siguen estudiando, ante una situación totalmente desconocida, preparando unos exámenes que no saben cuándo serán, cómo serán, si sus fechas cambiarán, si la gente no puede aglomerarse cómo lo harán, es difícil concentrarse ante tantas dudas. La productividad empieza a bajar día tras día. En el mes de Abril reciben al fin noticias de su futuro a corto plazo, parece ser que, teniendo en cuenta la situación, es preferible optar por una evaluación continua, donde se tendrá en cuenta todo el trabajo hecho a lo largo del curso. Esto es una buena noticia, pueden relajarse un poco. Dos semanas después todo vuelve a tornarse negro, muy oscuro, resulta que finalmente se opta por la evaluación final, todos los exámenes se concentran en un breve periodo de tiempo, esos exámenes que creían que ya no iban a tener, esos exámenes que en situaciones normales se reparten como en mes o mes y medio aproximadamente, ahora, por si no había suficiente ansiedad por todo el panorama, lo ponemos más interesante comprimiéndolo todo en poco más de dos semanas. Si a toda la ansiedad que provoca de por si el confinamiento, le sumamos las preocupaciones por el futuro, la desmotivación por todo el esfuerzo hecho, el bajo rendimiento por tener la mente en otro sitio, y la novedad de una evaluación totalmente diferente a la de siempre, la falta de explicaciones y de apoyo por parte de la propia universidad, obtenemos un cóctel explosivo que en muchos casos se presenta en ataques de pánico y ansiedad, totalmente incontrolables. El tiempo que necesitan para prepararse un examen es mucho mayor que antes debido a cómo se encuentran, pero el contenido de la materia sigue siendo el mismo, ¿cómo lo hacen? A los estudiantes se les dice "estudia, si no tienes otra cosa que hacer, si no puedes salir", que fácil, ¿no?, levántate cada mañana, sabiendo que el mundo está fatal, sabiendo que la gente está muriendo, que tus padres están en erte, que tus abuelos son población de riesgo, que estás en la recta final de tus estudios y no tienes ni idea de cómo va a acabar, y siéntate tranquilamente a estudiar porque tienes muchísimo tiempo, ah, y no te olvides de sonreír, hacer ejercicio todos los días y comer sano. Pues sí, estudian más horas, pero no porque tengan más tiempo, sino porque para lo que antes necesitaban 4 horas ahora necesitan 10 o 12, y porque no pueden dormir, y hablamos de los que lo siguen intentando, porque muchos de ellos se han dado por vencidos.

Las palabras más usadas por ellos cuando hablaban conmigo eran frustración, desmotivación, ansiedad, preocupación e incertidumbre. Todos coinciden en algo, al comenzar esto tenían preocupación por la pandemia, ahora ya ni se acuerdan de eso, sólo les preocupa su futuro.

En mi opinión, durante toda esta etapa que llevamos recorrida con la crisis, se ha escuchado constantemente que tenemos que marcarnos una rutina, pero la verdad es que cuando nos encontramos realmente mal se hace un poco difícil mantenernos tranquilos y positivos, y esa rutina que nos hace estar estables en ocasiones se ve desequilibrada.

Llegados a este punto nos hemos hecho a la idea de que vamos vivir en una sociedad muy diferente a la que teníamos, vamos a convivir de una manera limitada durante un largo periodo de tiempo, y eso lo sabemos y lo aceptamos. Todas las personas que están viendo sus vidas cambiadas radicalmente, que no van a poder volver a vivir como antes por el motivo que sea, en su mayoría son personas que ya han hecho y están haciendo todo lo que pueden y deben, todo lo que está en sus manos. Que esto haya pasado se escapa de nuestra acción. Los estudiantes tienen dos opciones, dejarlo todo o luchar, y cada opción tiene unas consecuencias. Esto se acabará algún día, tienen que imaginarse qué quieren para su vida llegado ese momento, y hacer todo lo que esté en sus manos para conseguirlo. Si lo dejan no estarán encaminados a lo que realmente quieren en su vida, si siguen estarán más cerca de conseguirlo. Hay que tener muy claro los objetivos y metas que te llevan a lo que deseas y ,aunque esta situación genera incertidumbre y no tenemos una bola de cristal, solo nos queda ser fieles a nosotros mismos y hacer todo lo que esté en nuestras manos, porque lo que no dependa de nosotros es algo sobre lo que no podemos intervenir, por lo que tampoco podemos marchitarnos en ello, conlleva mucho esfuerzo perdido preocuparse excesivamente por algo que no podemos controlar, gastemos ese esfuerzo en algo productivo para nosotros. Lo normal es sentir ansiedad y preocupación, es parte de la vida, aprendamos a vivir con ello más que a intentar continuamente controlarlo.

Escrito por

María Alonso Segovia

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2 Comentarios
  • Fernanda Montealegre

    Hola cómo puedo comunicarme con ustedes? es que me gustó mucho este post. Pero al enviar un mensaje no me deja verificar mi numero de teléfono. Saludos

  • Paqui Esteban

    Magnífico artículo que expresa detalladamente lo que estamos pasando los opositores y universitarios... Tal vez no sufrimos económicamente está pandemia pero a nivel emocional y personas nos hemos visto muy afectados, tras renunciar a tiempo y momentos con familiares y amigos ahora dudamos de si tanto esfuerzo ha merecido la pena. Gracias por esta gran aportación y no olvidaros de nosotros!

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