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Manual del pensamiento positivo en acción

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Este manual está pensado para servir. Como tal, está escrito en un lenguaje sencillo y de una manera breve, concisa y clara

17 FEB 2020 · Lectura: min.
Manual del pensamiento positivo en acción

Es raro encontrar a alguien que no esté obstaculizando su propia vida con las cosas que se dice a uno mismo. Los pensamientos que nos vamos dirigiendo a lo largo del día, unido a nuestra biología interna -esa máquina imparable que se mueve en silencio, sin prisa pero sin pausa y que va creando los cambios en nuestro cuerpo físico- nos conforman a nosotros mismos.

La biología es un misterio inexorable. Ni siquiera están claros los límites entre lo vivo y lo inanimado. Mientras la Ciencia avanza y va intentando manejar ese caballo indomable que es nuestro cuerpo, nosotros podemos, sin embargo, hacer mucho por interaccionar con él e incluso modificarlo. El cuerpo es el vehículo del alma, se dice en la sabiduría popular. Realmente, la diferencia entre lo material y lo inmaterial es también muy sutil y desconocida y teniendo esto en cuenta, la distancia entre la mente y el cuerpo también lo es, por tanto.

Si hay algo que no te gusta de tu cuerpo, o lo aceptas y eres feliz con ello, o lo intentas cambiar si es eso posible y no entraña riesgos. Es una decisión. A menudo encontramos personas -o nosotros mismos- que utilizamos las quejas sobre nuestra salud o sobre nuestra apariencia física como excusas para postergar o para evitar hacer algo que, por las razones que sea, no nos atrevemos a hacer. Por eso hay que estar vigilantes y tomar como lema o como mantra (frase a repetir hasta la saciedad a lo largo del día, para uno mismo) la idea de que, a pesar de todas las limitaciones, vamos a hacer aquello que debemos hacer para conseguir nuestras metas. ¿Por qué? Porque nos marcamos metas que nos mantienen vivos y, sin ellas, es muy difícil sentirse felices. Sin estar cada día yendo en la dirección de nuestros objetivos en la vida, es muy fácil caer en conductas adictivas o de postergación, pensamientos depresivos, etc. comportamientos en suma, de evitación. ¿Evitar el qué? Básicamente, evitar la felicidad. ¿Por qué querría uno mismo sabotearse y evitar la felicidad? No tiene mucho sentido, ¿no es así? Y, sin embargo, la mayoría de nosotros lo hace a cada momento y, lo que es peor, de una manera oculta, sin que nos demos cuenta. Si nos preguntemos el por qué, las razones pueden ser múltiples: quizás porque nos lo han enseñado, o porque la libertad es responsabilidad y ser dueño de la propia vida de uno implica poder fallar, o puede que se deba a otros motivos subconscientes, pero en resumen, nos boicoteamos a nosotros mismos en todo momento y vivimos en una plena batalla con quien realmente somos, tratando de amoldarnos a cómo quieren los demás que seamos.

Volviendo a la imagen física, tan importante para muchas personas y causa de depresiones y otras muchas alteraciones, si algo no te gusta de ti y no te está dejando vivir, mírate a ti mismo frente a frente en un espejo y siendo sincero, párate a pensar qué es exactamente lo que no te gusta, por qué y si es posible cambiarlo sin entrañar daño físico a tu cuerpo. Si no es posible-el envejecimiento, por ejemplo- has de aceptarlo. Sé que la teoría es una cosa y la práctica otra, pero es que no hay otra verdad tan cristalina como ésta. En esa aceptación, puede que te topes con algo maravilloso, con caminos nuevos que nunca habrías descubierto de no ser por la desazón que te causaba el no gustarte a ti mismo.

Menciono esto porque existe hoy día todo un mundo de personas que están descubriendo la práctica de la meditación, la alimentación saludable y el pensamiento positivo consciente gracias a la no aceptación de algún aspecto en su vida y, como dice el dicho, no hay mal que por bien no venga.

Podemos descubrir que muchos trastornos psicológicos tienen su base en la no aceptación de la propia imagen física, y cuanto antes se confronte el tema en la vida, mejor.

Escrito por

Psicóloga Pilar Sánchez Galiano.

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