“No soy yo, es lo que viví”: Cómo el trauma moldea nuestra forma de sentir, pensar y vincularnos
El trauma puede afectar profundamente la forma en que sentimos, pensamos y nos relacionamos, sin que seamos conscientes de ello.
A veces, la persona llega a terapia con una frase en la punta de la lengua: "Siento que hay algo mal en mí". Le cuesta disfrutar, duda constantemente de sí misma, reacciona de forma intensa ante ciertas situaciones, se desconecta sin motivo aparente o experimenta una angustia que no sabe explicar. Lo más doloroso, muchas veces, no es el síntoma en sí, sino la culpa y la incomprensión que lo acompañan.
Desde un enfoque psicoterapéutico centrado en el trauma y el apego, estas experiencias no se ven como defectos personales, sino como respuestas profundamente humanas a lo que hemos vivido. Porque no somos lo que nos pasa, pero lo que nos pasa sí deja huella en cómo nos sentimos y nos relacionamos.
El impacto invisible del trauma
En la cultura popular, el trauma suele asociarse a grandes catástrofes o violencias evidentes: guerras, accidentes, abusos. Pero en psicoterapia hablamos también de otro tipo de trauma: el que se produce en el ámbito del apego, en el día a día, en el silencio, la negligencia o la falta de validación emocional. Lo que define al trauma no es tanto el hecho en sí, sino su impacto subjetivo y la falta de recursos o apoyo para integrarlo (Van der Kolk, 2015).
Como explica Janina Fisher (2017), el trauma fragmenta la experiencia: las emociones, el cuerpo y la cognición dejan de estar alineados. Se genera una sensación interna de desconexión, alerta constante o entumecimiento. Algunas personas se sienten constantemente al borde del colapso. Otras viven como si nada les afectara, pero en el fondo no logran conectar ni con su dolor ni con su alegría.
El trauma y el vínculo: cuando amar se vuelve difícil
Gran parte de las heridas emocionales profundas tienen su origen en el ámbito relacional. Cuando las personas que debían cuidarnos fueron fuente de miedo, rechazo o abandono, desarrollamos estrategias para sobrevivir emocionalmente. Estas estrategias —como desconectarse, hipervigilar o complacer constantemente— fueron útiles en su momento, pero en la adultez pueden volverse fuente de malestar.
Desde la teoría del apego, sabemos que los vínculos tempranos influyen en cómo nos relacionamos con nosotras mismas y con los demás. Bowlby (1988) describió distintos estilos de apego que pueden derivarse de experiencias infantiles: seguro, ansioso, evitativo o desorganizado. Este último, en particular, suele estar vinculado a experiencias traumáticas y genera una intensa ambivalencia: quiero acercarme, pero me da miedo; necesito al otro, pero no confío.
Estas dinámicas pueden reaparecer en la vida adulta, especialmente en relaciones afectivas. Muchas personas sienten que repiten los mismos patrones, que se sabotean o que no saben poner límites. No es falta de voluntad. Es la consecuencia de un sistema nervioso que aprendió a protegerse como pudo.
El cuerpo también recuerda
Una característica central del trauma es que no se almacena como una historia coherente en nuestra mente. Más bien, queda registrado en nuestro cuerpo y sistema nervioso. Es lo que Bessel van der Kolk (2015) resume en su conocido título: "El cuerpo lleva la cuenta".
Esto explica por qué muchas personas reviven el trauma no solo en forma de recuerdos, sino a través de síntomas físicos: palpitaciones, nudos en el estómago, tensión muscular, disociación o incluso enfermedades psicosomáticas. A veces, el cuerpo reacciona antes que la mente pueda entender qué está ocurriendo.
Por eso, en el trabajo terapéutico con trauma es tan importante incluir lo corporal, lo emocional y lo relacional. No se trata solo de "hablar del pasado", sino de crear nuevas experiencias de seguridad y regulación en el presente.
"Estoy rota por dentro": vergüenza y autocrítica tras el trauma
Uno de los efectos más devastadores del trauma es la vergüenza. Esa voz interna que dice: "Yo tengo la culpa, soy débil, no soy suficiente". Esta voz no es innata. Se construye en contextos donde las emociones no fueron bienvenidas, donde se castigó la vulnerabilidad o donde el dolor fue silenciado.
Según el enfoque de la Terapia Sensoriomotriz (Ogden, Minton y Pain, 2006), la vergüenza puede ser entendida como una respuesta adaptativa ante una situación en la que la persona se sintió impotente o indigna de cuidado. Es una emoción compleja que actúa como un mecanismo de autoprotección, pero que en el largo plazo refuerza la desconexión del self.
En consulta, muchas personas llegan con la sensación de estar "demasiado rotas para arreglarse". Pero con el acompañamiento adecuado, poco a poco, esas partes heridas comienzan a encontrar su lugar.
¿Se puede sanar?
SÍ. Sanar el trauma no significa olvidar lo vivido, sino integrar la experiencia desde un lugar seguro. Se trata de reconstruir la conexión con uno/a mismo/a, con el cuerpo, con las emociones y con los demás. De dar espacio a lo que dolió, pero también a lo que sigue vivo y tiene deseo de crecer.
La terapia centrada en el trauma y el apego ayuda a reconstruir esa sensación interna de seguridad, a reconocer y poner en palabras lo que antes era solo confusión o dolor mudo. También permite integrar las partes de nosotras que se han desconectado, desde un enfoque respetuoso, compasivo y reparador.
Tener heridas emocionales no te convierte en una persona débil. Al contrario: sobreviviste como pudiste, con las herramientas que tenías. Hoy, quizá sea el momento de aprender otras formas. De recuperar tu historia con una mirada diferente.
El objetivo no es "volver a ser como antes", sino encontrar nuevas formas de estar en el mundo, desde la autenticidad, la compasión y la fortaleza interna.
Porque no estamos rotas. Estamos heridas. Y las heridas, con tiempo, cuidado y presencia, pueden sanar.
Si te has sentido identificado/a…
Estás en tu derecho de pedir ayuda. Mereces entender lo que te pasa desde una mirada que no juzgue, que te acompañe y que te recuerde que lo que viviste no define quién eres.
Referencias:
- Bowlby, J. (1988). A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.
- Van der Kolk, B. (2015). The body keeps the score: Brain, mind, and body in the healing of trauma. Penguin Books.
- Fisher, J. (2017). Healing the Fragmented Selves of Trauma Survivors: Overcoming Internal Self-Alienation. Routledge.
- Siegel, D. J. (2012). The developing mind: How relationships and the brain interact to shape who we are. Guilford Press.
- Ogden, P., Minton, K., & Pain, C. (2006). Trauma and the body: A sensorimotor approach to psychotherapy. W. W. Norton & Company.
Las informaciones publicadas por MundoPsicologos no sustituyen en ningún caso la relación entre el paciente y su psicólogo. MundoPsicologos no hace la apología de ningún tratamiento específico, producto comercial o servicio.
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