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Nos enseñan a amar un tipo de cuerpo

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Está claro cuál es el modelo de belleza que rige hoy en día en nuestra sociedad. Nos dicen que si no lo tienes, debes esforzarte por tenerlo. Y si no lo haces, no eres digna.

30 MAY 2016 · Lectura: min.
Nos enseñan a amar un tipo de cuerpo

Sabemos de sobras qué modelo de belleza corporal impera en nuestra sociedad. Nos bombardean con mensajes de cómo debe ser nuestro cuerpo y qué debemos consumir para conseguirlo: cremas, pastillas, dietas, tratamientos... Relacionan un cuerpo ideal con la felicidad, el bienestar, la dignidad, la seducción, incluso con la salud.

Y, ¡ay de la que no lo consiga!

Es verdad que un cuerpo sano proporciona más calidad de vida, pero nada tiene que ver con la estética; se relaciona con componentes biológicos y fisiológicos. Tiene que ver con el "interior" de nuestro cuerpo, con el estado de nuestros órganos, músculos y esqueleto y no con el exterior. Es mucho más importante y relevante su contenido que su forma. ¡Pero...!

Nos enseñan a querernos dependiendo del grosor de nuestras piernas, del ancho de nuestra cadera, de la medida de nuestro pecho, de qué hay en nuestra piel, de la distancia entre nuestros ojos, del blanco de nuestros dientes. Y sí es cierto, unos dientes blancos se relacionan generalmente con unos dientes más sanos y uno debe cuidarlos si quiere que le duren pero, ¿realmente hacen falta todos esos tratamientos tan costosos para conseguirlos y poder así ser queridos y felices?

Nos inculcan qué cuerpo tener para ser deseadas y con derecho a ser amadas.

Y lo peor de todo, es que les creemos. Nos creemos ese culto al cuerpo, esa necesidad de ser bonitas según sus parámetros y la importancia de entrar en una talla específica.

No nos enseñan a amarnos incondicionalmente; nos enseñan a hacerlo a condición de tener ese cuerpo 10 que tanto se empeñan en vendernos.

Pasamos por penas y sufrimiento, esfuerzo y frustración por intentar que nuestro cuerpo entre en ese molde que nos han vendido tan a consciencia. Y nos enfadamos con él si no responde como debería. Lo llevamos a extremos con dietas enfermizas, le exigimos una rutina de deporte sólo al alcance de alguien entrenado. Nos frustramos si no conseguimos un resultado rápido y visible. Y lo peor de todo, nos odiamos por ello.

Estamos invadidos por ese modelo de belleza, que lejos de darnos esa felicidad prometida, nos la quita día a día. Habría que plantearse por qué aún nos empeñamos en él y no vemos que nuestro bienestar no pasa por nuestro físico, sino por nuestra mente.

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Escrito por

Nuria Arrebola - Psicóloga

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