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Nutrición, pérdida de peso ¿y qué más?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Cuando queremos perder peso no sólo hay que ocuparse de modificar la alimentación e incrementar ejercicio.

28 JUL 2014 · Lectura: min.
Nutrición, pérdida de peso ¿y qué más?

¿Alguna vez has comido por aburrimiento? ¿Y porque te sentías solo? ¿Y por desamor? ¿Y quizá porque tenías algún examen o reunión importante a la vista? ¿Y porque no te atreves a decirle a ese alguien lo que sientes? ¿Quizá porque te sentías culpable de no ser capaz de llevar a cabo algo que te habías propuesto (incluso la propia dieta)? ¿Y por cubrir una situación incómoda? ¿Comes con ansiedad generalmente? ¿A veces? ¿Tienes atracones? ¿Pierdes el control de lo que comes?

Si has contestado que sí a alguna de estas preguntas entonces estarás de acuerdo conmigo en que en la alimentación no entra en juego únicamente lo que comemos, sino que, entre otras muchas cosas pero especialmente las emociones tienen un papel fundamental.

Entonces... ¿Por qué cuando queremos bajar de peso sólo atendemos a los alimentos? Y en los mejores casos, al ejercicio físico.

Aún queda un trabajo por hacer para concienciar y sensibilizar a las personas (profesionales y no) a tener en cuenta que en muchas ocasiones el “fracaso” de una buena dieta (las dietas milagro y demás es un fracaso asegurado por sí mismo) no responde a la ineficacia de las pautas, sino a falta de seguimiento o compromiso y falta de habilidades y recursos para manejar todas las variables psicológicas que se ponen en juego.  

Hay más factores psicológicos y de aprendizaje que intervienen en los hábitos alimenticios que tenemos. Este post sólo tiene como objetivo hacer reflexionar a las personas sobre aspectos que no suelen tenerse en cuenta y que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso, entre la satisfacción y el hastío. De ahí la importancia, en muchas ocasiones, de llevar a cabo un trabajo con diferentes profesionales.

Emociones

Vale, bien, pero ¿qué pasa con esto de las emociones? ¿En qué me influyen? ¿Cómo puedo dejar de tenerlas o controlarlas?

Dos noticias. La mala es que no van a desaparecer; nos han sido útiles a lo largo de nuestra ya larga historia como humanos y nos siguen haciendo falta. La buena es que podemos aprender a manejarlas; aprender a vivir junto con mis emociones.  Lo fundamental es que esas emociones no interfieran ni impidan realizar ninguna meta que nos hayamos propuesto. Están ahí, pero no nos paran.

Yo puedo sentir ansiedad, tristeza, soledad, culpa o vergüenza y AÚN ASÍ tener el control de lo que como, en qué cantidad lo como, de qué modo lo como. ¿Complicado? Puede ser, pero es otro aprendizaje más que podemos hacer, como tantos otros. No es insalvable.  

¿Qué sucede cuando no tengo la sensación de control?

Es relativamente habitual, cuando uno quiere adelgazar o controlar el peso, sentirse culpable porque no somos capaces de seguir el camino “recto” hacia nuestro objetivo. Comemos cuando sabemos que no deberíamos, o alimentos que no deberíamos, o cantidades, o … Culpable, culpable, culpable... Eso es todo lo que nos dicen nuestros pensamientos si no conseguimos lo que nos hemos propuesto.

Entonces es cuando llegan las explicaciones posteriores “no soy capaz de hacerlo”, “no valgo”, “no tengo fuerza de voluntad”, “nunca lo voy a conseguir” o incluso “soy una persona horrible porque no puedo llevar a cabo algo que quiero”.

Lo siguiente que hacemos es llevar a cabo conductas que vayan en la línea de esos pensamientos: abandonamos la dieta, nos damos permiso para darnos atracones, dejamos de subir las escaleras a pie,…. Asumimos, en definitiva, que no nos vamos a sentir bien con nuestro cuerpo nunca porque no “valemos” para hacer dieta.

Y así ya tenemos justificado que, efectivamente, no somos capaces de controlarlo y no tenemos “fuerza de voluntad” y dejamos de HACER todo aquello que nos acercaba al objetivo.

De este modo se cierra el círculo:

Me pongo a ello → me siento culpable por no hacerlo “bien” (porque no sé gestionar mis emociones) →  dejo de hacer pequeños pasos → “no valgo para las dietas” → abandono la dieta y me siento frustrado y culpable.

Bendita culpa, la de perrerías que nos hace. ¿Por qué cada uno de nosotros ha conseguido en múltiples ocasiones objetivos que nos hemos propuesto y con el tema del peso parece casi como imposible? La clave principal está en que solemos adjudicar la responsabilidad de nuestros actos a motivos inamovibles: “soy así”, “no lo voy a conseguir”, “yo no puedo con esto”. O lo intentamos pero las emociones hacen de las suyas y nadie nos ha enseñado a saber qué hacer.

Nuevamente se pone de relevancia la importancia de cuidar los aspectos que no son exclusivamente nutricionales.

Lo ideal sería atribuir esa falta de éxito a que aún no hemos aprendido las estrategias adecuadas para manejar la comida y todo lo que lleva asociado, en cada caso particular (de ahí que tenga que ser un trabajo individualizado, como los temas de nutrición).

No hay fuerzas externas, no tenemos una incapacidad genética para no poder hacer cumplir nuestros objetivos con el tema de la comida. Es nuestra responsabilidad y ¡sólo depende de nosotros! Y de aprender cómo hacerlo.

En definitiva el objetivo es: aprender a controlar lo que comes, no que te controle la comida.

Entonces, ¿qué puedo hacer?

Es necesario que cada persona ponga en marcha recursos y estrategias adecuadas a sus circunstancias y a su forma de funcionar, no obstante, existen algunas pautas generales que pueden ser de utilidad tenerlas en cuenta:

Si tienes ansiedad y lo único que te apetece es ir a la nevera...PONTE A HACER UNA TAREA que sea incompatible con “lo que te pide el cuerpo”!.Sal a la calle.Haz una lista de beneficios de lo que vas a conseguir y cómo te vas a sentir cuando lo consigas (Si son muchos kilos los que quieres perder, haz esa lista pero referida a pequeños objetivos).Recuérdate por qué no quieres ir a la nevera y comerte lo que haya.Deja que pasen 5/10 minutos y si aún sigues teniendo ganas de ir a la nevera, hazlo.Antes de abrir la nevera y arrasar, decide y elige qué vas a comer (da igual la cantidad y las calorías que estés eligiendo!). Saca sólo eso y disfrútalo.Ponte objetivos pequeños que seas capaz de cumplir y según los vayas cumpliendo vete aumentándolos progresivamente, pero no te frustres desde el principio. Date premios cada vez que consigas un pequeño paso! No es necesario que sean materiales si no quieres, también vale una ducha especial, una mascarilla, un paseo por donde más te gusta,... Es fundamental que dediques tiempo a organizar las comidas, a cocinar, a comprar...Aprende a detectar situaciones de riesgo que puedan hacer que vayas a la nevera inmediatamente, y ponles remedio antes de que pasen.Y casi lo más importante de todo, si un día no lo puedes hacer, o no consigues lo que te habías propuesto, ¡no pasa nada!. Vuelve a tomar el control y ¡¡no abandones!! Vuelve a ponerte a ello.

¡Claro que puedes!

Si consideras que tu problema va más allá de unas pautas, y que no eres capaz de manejarlo, te animo a que acudas a un profesional de la psicología y te ayude a recuperar el control con respecto a la comida.

Escrito por

Mirella Vegas Psicóloga

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