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Paso del cole al instituto, conociendo la adolescencia (I)

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

El paso de la etapa escolar de primaria a secundaria es algo que suele preocupar a madres, padres e hij@s. El presente artículo tiene como finalidad ofreceros información precisa.

9 JUL 2015 · Lectura: min.
Paso del cole al instituto, conociendo la adolescencia (I)

El paso de la etapa escolar de primaria a secundaria es algo que suele preocupar a madres, padres e hij@s. Por ello, el presente artículo tiene como finalidad ofreceros información precisa sobre esta etapa para aliviar esa preocupación y que podáis transmitir, también a vuestr@s hijos cierta tranquilidad y confianza, ya que para ell@s también es un nuevo camino a recorrer.

Nos vamos a centrar, principalmente en la persona, nuestro hij@ adolescente y en nosotr@s mism@s, como madre y como padre, y no tanto en las circunstancias, es decir, no nos centraremos específicamente en el paso de un centro a otro.

¿Y por qué?, os preguntaréis, si es eso lo que nos preocupa.

A mi entender, las circunstancias muy pocas veces las podemos cambiar, mientras que nuestra actitud y percepción sí son modificables. Es decir, el paso del colegio al instituto no lo podemos evitar, pero sí nuestra manera de afrontarlo si conocemos mejor el mundo psicológico adolescente, y en función de cómo lo vivamos nosotros, así se lo transmitiremos a nuestros hij@s.

Casi todo el mundo conoce los cambios físicos que se dan en el niñ@ (la pubertad), por ello aquí nos centramos en lo más desconocido, en ese mundo psíquico que lo caracteriza: Saber qué es la adolescencia, para qué sirve, qué características tiene el pensamiento del adolescente, qué características tiene su mundo emocional…

¿Por qué plantearnos este objetivo?

Porque, como ya sabemos, el conocer nos da seguridad, mientras que el desconocimiento, el no saber es lo que nos genera inseguridad y desorientación. Cuando nos enfrentamos a algo que no conocemos o no controlamos bien nos surgen los miedos y la indecisión a la hora de actuar y tomar decisiones.

Para qué sirve la adolescencia

Esta etapa evolutiva es fundamental para que el niñ@:

- Pase de la dependencia a la independencia en la relación con los padres.

- Establezca una identidad personal positiva y coherente (aunque no acrítica) con las normas sociales.

- Aprenda a relacionarse de forma saludable de adulto a adulto en relaciones caracterizadas por la intimidad.

En consecuencia, vemos el siguiente apartado.

Qué ocurre en la adolescencia

Si nos adentramos en las vivencias adolescentes, nos encontramos con el llamado "síndrome normal de la adolescencia". Este síndrome está caracterizado por tres rasgos esenciales:

- Una crisis general de identidad.

- Un proceso de separación de los padres con un reforzamiento de la tendencia grupal.

- Y el desarrollo afectivo y sexual.

Veamos cada rasgo más en detalle.

Crisis en la identidad, duelos

El niñ@ entra en la adolescencia con dificultades, conflictos e incertidumbres que se magnifican en este momento vital, y debe salir de este periodo hacia la madurez con una personalidad estructurada e integrada. A través de la adolescencia el individuo logra alcanzar una entidad personal y una adecuada auto-cognición. La consecuencia final de la adolescencia sería un conocimiento del sí mismo como individuo biopsicosocial en el mundo. Los tipos de crisis que sufren los adolescentes son:

- Una crisis de identidad corporal. Cambios físicos que cuestionan la imagen que el adolescente tenía de su cuerpo y le obligan a realizar una reconciliación con él. Durante este periodo, el crecimiento físico se acelera realizándose casi a saltos que desconciertan al adolescente y le generan mucha inseguridad. El hecho de que su cuerpo se convierta en un extraño está directamente relacionado con la crisis de identidad que el adolescente atraviesa. Éste puede vivir los cambios corporales como una amenaza a su atractivo y éstos pueden deteriorar la confianza en sí mismo.

– En la mediana adolescencia, sufren otra crisis, y esta es por su identidad sexual o de género.

– Y en la última etapa, surge la crisis en los roles sociales, la omnipotencia de "saberlo todo" se ve condenada a ceder y, el adolescente será lo que logre llegar a ser.

Así, la adolescencia constituye una crisis de identidad global. Una crisis que le permite llegar, a través de sus tomas de decisiones y de sus identificaciones pasadas y presentes, con sus "modelos" y con su imagen del "yo ideal", a significarse como un ser individual (único y reconocible), socialmente aceptado y sexuado. Esta crisis implica atravesar y elaborar una serie de importantes duelos que suponen la pérdida del cuerpo, del rol y la identidad infantiles, y de los padres que le protegían en la infancia.

Mecanismos de defensa psicológicos del adolescente

Como mecanismos de defensa y de ajuste ante las pérdidas citadas que están ocurriendo dentro de sí mismo, el adolescente experimenta la necesidad de intelectualizar y de fantasear.

Está perdiendo el estatus infantil y comienza a preocuparse por cosas que antes no lo hacía, y esto lleva la pérdida de la despreocupación normal infantil y el encuentro con las cavilaciones. El adolescente es feliz cuando sueña, construyendo mundos fantásticos y dejándose arrebatar por el vértigo de éstos.

Cuando el adolescente entra en esta edad difícil se pregunta quién es, qué es, para luego intentar dar una respuesta más o menos adecuada a esta pregunta e interrogarse acerca de qué hacer con él, con lo que él supone que es. El adolescente descubre las posibilidades de pensar de forma abstracta y lógica y se dedica a "jugar a pensar".

Se intensifica su trabajo de introspección, es decir, se plantea los grandes temas de la existencia humana y en este proceso pueden atravesar crisis religiosas (ateísmo, misticismo…), cuya finalidad es siempre la misma: adoptar una postura personal respecto al mundo que le rodea.

La búsqueda de la propia identidad a menudo se expresa como una rebeldía y una actitud social reivindicativa. La pérdida de la omnipotencia –inconsciente– infantil, y el de tomar conciencia de las limitaciones, genera decepción e impotencia, de ahí que el adolescente manifiesta rebeldía.

El adolescente adopta un comportamiento que a veces se denomina "La segunda edad del No" (en clara referencia a la "etapa del No" que atravesó en torno al segundo año de vida). Podemos decir que niega lo negativo pero no afirma lo positivo.

El peligro es que de este modo se afiancen tendencias antisociales de diversa intensidad, que en el fondo son la respuesta a sus vivencias de peligro al entrar en el mundo de los adultos y salir del estatus infantil.

Toda la serie de cambios que experimenta lleva al adolescente a una cierta desubicación temporal. El adolescente convierte el tiempo en presente y activo como en un intento de manejarlo a su antojo; las urgencias son enormes y, a veces, las postergaciones (dejar las cosas para más tarde) aparentemente irracionales.

Muchos de los acontecimientos que el adulto puede separar, discriminar, diferenciar... son para él acontecimientos equiparables, de igual significación y coexistentes (ej, le da la misma prioridad a ponerse guap@ para ir a clase que a estudiar). También aparecen contradicciones sucesivas en todas las manifestaciones de la conducta (ej, son puntuales para lo que les interesa, sí para salir con l@s amig@s, no para volver a casa).

Destacar también, que en el adolescente lo normal es la inestabilidad permanente; se habla de una "normal anormalidad".

Finalmente, el adolescente expresa su crisis como constantes fluctuaciones del humor y del estado de ánimo. Existe una búsqueda de situaciones placenteras, que no siempre se logran, lo que determina el refugio en el interior de sí mismo. Se produce una constante evaluación y reconsideración de vivencias y fracasos; con desmedidos excesos cuando se siente que no se ha superado algún fracaso.

Hasta aquí hemos visto en qué consiste la crisis de identidad del adolescente.

En el próximo artículo veremos los siguientes rasgos de la adolescencia: el proceso de separación de los padres con un reforzamiento de la tendencia grupal y el desarrollo afectivo y sexual.

Aprovechemos las vacaciones de verano para relajarnos e ir reflexionando sobre esta nueva andadura que os espera en el próximo curso.

Escrito por

Psicóloga-Psicoterapeuta Mª José Miñana

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