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Podríamos decir que hay un alto porcentaje de la población que es deficiente emocional

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La Inteligencia Emocional en la práctica diaria

23 abr 2014 · Lectura: min.

Hoy en día es común encontrarnos en la consulta de psicología casos como:

- “En mi colegio hay un niño al que todo el mundo le teme porque es un abusón y nadie se lo quiere decir a la señorita. Le tenemos miedo”. (niño de 12 años).

- “Mi divorcio fue bastante traumático. Yo me di cuenta de que me estaba enfermando. Ahora estoy yendo a quimioterapia”. (madre de 55 años).

- “Las niñas del Instituto me hicieron el vacío, porque me ligué al guapo de la clase, eso creó envidias y ya no volvieron a hablarme más. Perdí varios cursos y dejé el Instituto”. (casada de 28 años con una hija de 6 años).

- “Trabajo en un ayuntamiento, pero me han pasado de un puesto de responsabilidad a otro que no se ni lo que tengo que hacer. Claro, es que antes era la secretaria del Alcalde, pero ahora está en la oposición. Creo que estoy al borde de la depresión”. (soltera de 35 años)

- “Mi primo abusó de mí durante unos años, yo creo que a mi me gustaba lo que hacíamos. No le guardo rencor pues me porté como una golfa. Yo tenia 8 años y el 17”. (madre de tres hijos de 48 años).

¿Cual es el denominador común de todos estos casos?, La mayoria de las personas podemos reconocer cuando un individuo padece una alteración cognitiva pues, observando en ocasiones su aspecto físico y su rendimiento académico determinamos que su inteligencia está limitada. Es el caso de los chicos que no avanzan en los estudios y que cuando llegan a un determinado curso repiten y no son capaces de superar las materias que le exigen estudiar; deducimos por tanto que los objetivos que pueden alcanzar están por debajo de las del resto de sus compañeros. Sin embargo, ¿es deficiente el niño que todo lo arregla peleando?, ¿el adolescente que se rebela fuertemente contra sus padres y que no sabe salir de ese estado?, ¿el padre o madre que todo lo arregla a bofetones?, ¿al que toma una escopeta y masacra a su familia en un acto de ira incontrolada?, ¿el que excarcela a un montón de delincuentes con delitos de sangre, en contra de los sentimientos de casi todos los ciudadanos de un país?, ¿el que roba de la caja del estado y se va a comer opíparamente con los amigos del partido?.

No estamos acostumbrados a llamar deficientes a los que cometen estos actos, pero si nos fijamos podemos ver que estas conductas punibles o no punibles, no son consideradas desde el punto de vista emocional. Se reconocen jurídicamente, intelectualmente, reflexivamente, pero ¿y el factor emocional?; estamos obviando desde hace milenios que somos reflexión y emoción y no nos percatamos de que casi todos los estímulos tienen su entrada por el cerebro emocional, ¿por qué lo hemos abandonado si resulta que es nuestra otra mitad?.

Desde que somos pequeños nos crían en unas escuelas en las que se obvia lo emocional, solo nos interesa que los niños aprendan lengua, matemáticas, inglés, el medio que nos rodea, solo el medio físico y material, pero nada del emocional. Una vez alcanzada la edad adulta, podemos obtener (con suerte) un puesto de responsabilidad en una empresa, una fabrica, una escuela o un cargo político o público relevante, eso suele conllevar el trato de subordinados y colaterales en la empresa, pero . . . ¿nos enseñaron como gestionar nuestra inteligencia emocional para que nuestros empleados, alumnos…, obtengan un mayor rendimiento en un ambiente sin estrés? En definitiva, oímos hablar de buenas relaciones sociales, familiares y laborables, pero nadie nos prepara para lograrlo.

Que fácil resulta, desarrollar un trabajo intelectual, implicarnos y tener éxito, cuando dominamos el tema y lo hemos estudiado suficientemente, sin embargo que difícil se nos hace la vida laboral cuando el compañero de trabajo, nos intenta zancadillear frente a nuestro jefe o estropea nuestro prestigio ante los demás. ¿Cómo nos defendemos de alguien que se nos atraviesa en el camino? ¿es la solución la ira, el enfado, la ignorancia...? desgraciadamente, ¡qué poca educación emocional hemos recibido!. Llegados a este punto podemos deducir como denominador común una fuerte concurrencia emocional mal gestionada que nos conduce por lo general a conductas o toma de decisiones que cambian nuestra vida sustancialmente, y en donde hay un componente dominante que corresponde al sistema límbico que no es más que el almacén de nuestras emociones encargado de guardar el miedo, la rabia, el amor maternal, las relaciones sociales, los celos . . . los TRAUMAS.

No es el aprendizaje reflexivo, ni los instintos, ni siquiera los actos reflejos los que intervienen en estos casos, es lo emocional, nuestra muy mal entrenada inteligencia emocional; debemos aprender a gestionar nuestras emociones frente a nuestra familia, amigos, compañeros; deberíamos crear en las escuelas el Departamento de las Buenas Relaciones, fundamental para producir desde la infancia y llevar ese bagaje en nuestro futuro, para tener desde pequeños el mando que regule nuestras habilidades emocionales. Como decía mi profesora de Mindfulness (meditación) “aprendamos a usar la mente en lugar de que ella nos use a nosotros, aprendamos a decirle a nuestra mente que es lo que tiene que hacer en cada momento, no nos dejemos llevar por el yo primitivo carente del control cultural y humano”. Atendamos urgentemente este aspecto, pues existe un alto porcentaje de la población que es deficiente emocional, le hemos enseñado al cerebro a gestionar el mundo de los conocimientos pero no el de las emociones.

Escrito por

Eduardo Sampedro Núñez

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