¿Por qué se fuma? ¡Quiero dejar de fumar y no puedo!

El tabaco constituye un grave problema de salud pública, el primer problema de salud pública. Estamos ante una epidemia en términos de salud.

17 ENE 2018 · Lectura: min.

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¿Por qué se fuma? ¡Quiero dejar de fumar y no puedo!
  • El tabaco constituye un grave problema de salud pública, el primer problema de salud pública. Estamos ante una epidemia en términos de salud. Por ello, si queremos mejorar la salud de cualquier país desarrollado la mejor medida que se puede tomar es conseguir reducir el número de fumadores de la población. De ahí que fumar cigarrillos es la primera causa de muerte evitable en nuestro país.
  • Las personas no fuman por casualidad. En el tabaco hay una sustancia psicoactiva, una droga, que es la nicotina. La nicotina no sólo es adictiva sino que también es tóxica. Fumada en forma de cigarrillos se absorbe a través del árbol bronquial y los alvéolos pulmonares. En menos de 10 segundos la inhalación del humo del tabaco, después de llegar a los pulmones, atraviesa la barrera hematoencefálica. De ahí su potencial adictivo, su rapidez de acción y su poder como reforzador. Su acción se manifiesta en los sistemas nervioso central y periférico, cardiovascular, endocrino, gastrointestinal y neuromuscular.

Otro componente importante de la combustión del tabaco es el alquitrán. Éste es una sustancia con aspecto untuoso, de color oscuro, olor fuerte y de sabor amargo. Es uno de los principales componentes sólidos de los cigarrillos. Se produce en la combustión del papel del cigarrillo y del tabaco.

¿Por qué se fuma?

El consumo de tabaco va incrementándose poco a poco, una vez que se prueban los primeros cigarrillos, desde la niñez y adolescencia, hasta la juventud y la edad adulta, que es cuando se consolida la adicción y dependencia de la nicotina. La consolidación del consumo viene determinado por varios factores: de tipo biológico, psicológico y social. Hay que considerar los tres conjuntamente.

Los efectos psicofarmacológicos de la nicotina se deben al poder reforzante de la nicotina, que actúa tanto a través del reforzamiento positivo (satisfacción, placer, disfrute) como del reforzamiento negativo (evitación de los efectos negativos de la abstinencia). La nicotina tiene un poderoso efecto psicofarmacológico sobre el SNC. Se absorbe rápidamente y llega en pocos segundos al cerebro al atravesar la barrera hematoencefálica. Produce efectos eufóricos y sedativos modulados por la dosis, procesos neuroendocrinos, etc. Además, la ingestión continua de nicotina como cualquier otra droga, produce tolerancia, dependencia y síntomas de abstinencia físicos y psicológicos al dejar de fumar.

¿Por qué ocurre esto? Porque en nuestro cerebro tenemos receptores nicotínicos que se activan y sensibilizan cuando se fuma. Si no se fuma no se activan ni sensibilizan. Si se fuma, comienza el proceso adictivo. El resultado final, ser o no dependiente de la nicotina, va a depender de la historia biológica y genética previa, los procesos de aprendizaje, la motivación, expectativas, metas, cogniciones y medio social en el que vive. Por ello la sustancia no es suficiente para explicar la dependencia. Hay que considerar la sustancia, el individuo y su entorno. Pero cuando se fuma, se incrementa el riesgo de desarrollar una adicción a la nicotina, lo que no ocurre con otros productos de la naturaleza (ej., las naranjas), cuando no existen receptores específicos que permiten llevar a sus consumidores a la adicción.

A partir de aquí el fumador establece distintas asociaciones condicionadas, a partir del potente reforzador que es la nicotina. Poco a poco las asociaciones se multiplican y, al final, el fumador tiene que fumar en múltiples situaciones.

La nicotina cumple un gran número de funciones: herramienta psicológica para manejar un estado de ánimo negativo, reducir el estrés, afrontar mejor todo tipo de situaciones, controlar el peso, etc. Por otro lado, el tabaquista va negando, minimizando o considerando que las informaciones negativas sobre el tabaco no le incumben a él; en todo caso, le afectarán a otros fumadores.

¿Qué beneficios tiene el dejar de fumar?

Dejar de fumar tiene claros beneficios para la salud, tanto física como mental. Dejando de fumar, se reduce en un 50% el riesgo de muerte prematura en los primeros cinco años después de dejarlo. El riesgo del cáncer de pulmón es más de 20 veces mayor en los hombres fumadores y 12 veces mayor en las mujeres fumadoras. Después de diez años de abstinencia, el riesgo de cáncer se reduce de un 30% a un 50%. Cuando mayor sea el período de abstinencia, mayor reducción en el riesgo de padecer dicha enfermedad. El riesgo de cáncer de la cavidad oral en los hombres es más de 20 veces superior en los fumadores. El riesgo en las mujeres fumadoras es entre 5 y 10 veces mayor. Dejarlo reduce a la mitad el riesgo, comparado con seguir fumando, cinco años después de abandonar los cigarrillos. La reducción del riesgo ocurre en mayor grado cuando pasa un período mayor de tiempo. Lo mismo podemos decir del resto de cánceres y enfermedades producidas por el tabaco.

¿Qué tratamientos existen para dejar de fumar?

A diferencia de otras épocas pasadas hoy tenemos un gran número de tratamientos efectivos para dejar de fumar. Además de los ya clásicos tratamientos psicológicos, con más de 40 años de historia de efectividad a su espalda, tenemos tratamientos farmacológicos, como la terapia sustitutiva de la nicotina y el bupropión, que son eficaces, los procedimientos de autoayuda, como manuales de tratamiento, folletos.

El conocimiento de la existencia de recursos terapéuticos eficaces debe servirnos para aplicarlos. También debemos saber cómo manejarlos adecuadamente, optimizando su utilización. El conocimiento es la clave del éxito o del fracaso en muchas de nuestras intervenciones.

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Escrito por

Laura Montero Blanco Linkedin

Psicóloga nº colegiado: M-26735/ M-26668

Licenciada en Psicología Clínica por la Universidad Complutense de Madrid. Máster en Psicología Clínica y de la Salud. Formación en terapia familiar sistémica. Experta en el trabajo con personas con discapacidad y trastornos mentales graves. Posee un gran recorrido en la intervención psicológica en adultos, pareja y familia.

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Comentarios 1
  • Sofía

    Fui fumadora durante aproximadamente 13 años. Al principio sólo fines de semana, pero pronto pase al paquete diario. Hace ya 10 años que no fumo y recuerdo que lo que más me costó fue la dependencia psicológica y social. La dependencia física en realidad dura poco y se controla bien, pero lo que más me costaba era ver mi café y no tener mi cigarro o no salir a fumar cuando estaba agobiada. Hoy puedo decir que no me siento ex-fumadora, sino NO fumadora. Ya no hay necesidad ni ganas de fumar y confieso que no lo echo de menos. Es muy gratificante haberlo logrado. Ánimo a todos los valientes, porque vale la pena dar el paso.

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