¿Qué es sano? ¿Autoestima alta o baja?

Desde hace décadas se ha promovido la falsa creencia de que hay que tener siempre una alta autoestima. En este artículo aprenderás a obtener una autoestima sana, motivadora, fuerte y estable

19 FEB 2019 · Lectura: min.
¿Qué es sano? ¿Autoestima alta o baja?

En la época de nuestros abuelos existía la creencia que la alta autoestima era algo malo, puro egoísmo y desinterés por los demás, y que lo correcto era ser siempre humilde y modesto con nuestros logros y cualidades, e incluso abandonar nuestros deseos y necesidades por los demás. Posteriormente, a mediados del siglo pasado, se pasó de un extremo a otro, culpando a la baja autoestima de ser la creadora y causa de todos los males de la sociedad.

Desde hace décadas nos han inculcado la idea de que necesitamos conseguir una alta autoestima, creernos capaces de todo, estar siempre seguros de nosotros mismos, que nada es imposible, es decir, creernos "la pera". Tradicionalmente existía una visión muy dicotómica de lo que debía o no debía ser la autoestima: la sana equivaldría a una autoevaluación global positiva de uno mismo, es decir, a la alta autoestima; y la insana sería la autoevaluación negativa, una autoestima baja, producto de todos los problemas mentales, sociales, educativos, laborales y familiares.

Así pues, se creó un Movimiento por la autoestima que alcanzó su apogeo en el año 1988, aprobándose la ley de la autoestima en California con el objetivo de promover un aumento de esta en la población mediante programas educativos en las escuelas financiados con fondos públicos, de esta manera la gran mayoría de los problemas sociales disminuirían de manera irremediable. La generación X e Y, precisamente, hemos padecido de este tipo de intervenciones superficiales que agasajaban gratuitamente con elogios a todos los alumnos independientemente de cómo actuaran, ocultándoles sus errores y limitaciones e inculcándoles la falsa creencia de que "ellos podían con todo y que podían conseguir lo que quisieran". Era una idea un poco irrealista e infantil, ¿no? ¿Qué provocó esto? Que muchos niños fuesen intolerantes a las frustraciones u obstáculos del día a día porque ellos se merecían obtener lo que deseaban, independientemente de lo que hicieran para obtenerlo o de si podían objetivamente conseguirlo; incapaces de perseverar hacia sus metas o aprender de sus errores ya que no los conocían o los negaban, ya que, ¿no era que todo lo hacían bien, no tenían errores, y la vida debía darles todo lo que quisieran por el simple hecho de ser ellos mismos? Se descuidó enormemente su comportamiento, si era o no adecuado, centrándose en mejorar tan sólo sus sentimientos hacia sí mismos que siempre tenían que ser positivos, indistintamente de que hicieran las cosas mal, sin sentirse culpables ni responsables de sus errores (ya que no tenían, ¿no?).

Baumeister, Smart y Boden (1996) tras sus diversas investigaciones (y numerosos investigadores actuales) llegaron a la conclusión de que la alta autoestima estaba asociada a "personas egocéntricas, arrogantes y prepotentes, con tendencia a distorsionar la realidad para hacerla coincidir con su imagen distorsionadamente positiva, a reaccionar con ira o violencia, y a dominar o subyugar a sus semejantes" (Elia Roca, 2014).

Tanto la alta o baja autoestima poseen una característica en común: su fragilidad. Ambas dependen de la aprobación de los demás y de los logros de manera rígida, y en el momento en que esto no coincide con su ideal de persona, reaccionan de manera inadecuada:

  • -Las personas con autoestima alta, poseen una visión muy distorsionadamente positiva sobre ellos mismos, llamado a esto el sesgo de automejora. Este sesgo nos hace ver "la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio", por lo que ven de manera errónea en sí mismos características más deseables que en los demás. En el momento en que alguien les critica o algo les sale mal rompe su concepción exageradamente positiva de sí mismos, y reaccionan con ira hacia el que les criticó, hacia el mundo que les ha puesto un obstáculo y hacia todo, ya que están atentando en contra de su visión de ellos mismos, lo toman como un ataque. Recordemos que para estas personas es inadmisible tener errores, ellos mismos y los demás, que no debe de haberlos y que si los hubiere eso significaría algo deplorable y castigable.

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  • -Por el contrario, si tenemos una autoestima exageradamente baja, sólo nos damos cuenta de nuestras limitaciones, nos anquilosamos en la idea de que siempre seremos así de mediocres, sin aprender de nuestros errores y tener la posibilidad de mejorar y llegar a nuestro ideal de persona, porque este ideal es inalcanzable, ya que poseen expectativas de lo que tiene que ser el ideal de persona muy irrealistas, perfeccionistas y rígidos. Ven más errores en sí mismo que cualidades. Ante una crítica o contratiempo reaccionan con desesperanza, impotencia y/o angustia, confirmando así su idea de que son un desastre y de que no merecen que les vaya bien en la vida, respondiendo de manera pasiva y sumisa para proteger la poca autoestima que les queda.

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Estos dos tipos de autoestima están basadas en creencias sobre exigencias de lo que "debería" de ser el mundo, los demás y nosotros mismos, y en el momento en que estas ideas rígidas se rompen, es cuando aparecen las emociones descontroladas, intensas, bloqueantes e inadecuadas, provocando así una disminución de nuestra eficacia a la hora de conseguir lo que "podemos" llegar a lograr. Las ideas rígidas, infantiles y dicotómicas que imperan son las siguientes:

  • -"Yo debo de hacer todo bien y ser aprobado siempre por todo, sino no valgo nada" (con respecto a uno mismo).
  • -"Los demás tienen que portarse siempre bien conmigo y aprobarme, sino significa que soy un mediocre y eso no lo soportaría" (con respecto a los demás).
  • -"Todo me tiene que salir como yo quiero, sino sería horrible no conseguirlo y muy injusto, yo merezco que todo me salga bien y sin problemas" (con respecto al mundo).

Como estas son exigencias, no hay lugar a problema o error, y si no es todo perfecto, entonces es horrible, es decir, CATASTROFIZAN cada suceso que vaya en contra de estas expectativas irrealistas (… sino sería horrible, ¡no lo podría soportar!"). Estas expectativas no tienen en cuenta los posibles errores, limitaciones o contratiempos que puedan acontecer y que de seguro ocurrirán, ya que así es la vida. Es, a decir verdad, una mentalidad un tanto infantil: "Yo quiero, yo quiero, yo quiero, y ¡ahora mismo!". Cuando se madura, las creencias e ideas se vuelven más flexibles y nos volvemos más tolerantes a la frustración. Si estas creencias, por el contrario, siguen siendo rígidas y dicotómicas, seguiremos teniendo pataletas de niño pequeño o lloraremos desconsoladamente ante cualquier contratiempo. ¿No se refieren muchas veces que parecemos la generación del "lo quiero todo ahora y ya"?

Estas creencias acerca de sí mismos, de los demás y el mundo son tan rígidas y extremas que las personas que las poseen se las creen como verdades absolutas, sin tener en cuenta de que la vida no es así, y de que existen otras muchas visiones del mundo diferentes en cada persona, como si existiera una moralidad y unos principios absolutos superiores a lo que es el universo.

Nuestras creencias son tan sólo un mapa aproximativo de la realidad, muy relativo, que cada persona forma a lo largo de su vida. Las ideas, creencias o expectativas de cada persona no tienen por qué coincidir con las de los demás. ¿Nunca os ha pasado que lo que nosotros consideramos muy adecuado puede ser que para otra persona sea tremendamente inadecuado? (así se crean los malentendidos).

Se ha estudiado en los últimos años que una autoestima adecuada no es la alta ni la baja, sino la incondicional, la moderada. Las personas que gozan de ella se caracterizan por:

  • -No depender de nuestros logros o de la aprobación de los demás, sino de que cada uno vale igual que el resto de personas, ni más ni menos: cada uno es un organismo en el universo en el que no hay ninguna ley científica establecida que diga "tú vales más, tú vales menos por…", sino que es inherente e incondicional a cada uno, por el hecho de existir.
  • -Sus creencias son flexibles y realistas, no rígidas y perfeccionistas: en su visión del mundo dan cabida los errores propios y ajenos, los aceptan si no se pueden solucionar, y aprenden de ellos para mejorar. También entran dentro de su esquema mental los obstáculos que puedan surgir a la hora de perseguir sus metas, y no se frustran ni abandonan cada vez que sale uno, sino que ya contaban con ellos, por lo que se los toman como retos a superar. Es decir, se basa, en vez de en exigencias irrealistas con respecto al mundo, en "preferencias sanas":
  • ØAcerca de uno mismo: "Preferiría no fallar en esto, pero sé que no soy perfecto, y el fallar no sería algo tan terrible, podría ser una oportunidad para mejorar. Y si resulta que es imposible objetivamente que yo mejore en esto, no pasa nada, tengo otras cualidades y proyectos".
  • ØAcerca de los demás: "Preferiría que los demás me trataran bien, pero cada uno tiene sus propias opiniones de lo que es adecuado o no, y no puedo siempre adecuar mi comportamiento a sus expectativas, por lo que es lógico que de vez en cuando alguien no me trate como yo deseara, pero no pasa nada, mi valía no depende de lo que opinen los demás de mí".
  • ØAcerca del mundo: "Preferiría alcanzar mis objetivos, pero sé que habrá problemas para alcanzarlos y que yo tengo mis limitaciones, y puede que no lo consiga. Cada problema podrá ser un reto a superar y aprenderé de ellos. Perseveraré para conseguirlo lo sanamente posible, pero no me debo de desesperar por no poder alcanzarlo, ya que siempre hay otros objetivos que puedo alcanzar".
  • -Se conocen en profundidad y no tienen miedo de conocer sus propias limitaciones o errores propios: estos no desmontan su autoestima, sino que pueden ser información útil para mejorar,aprender y lograr sus metas.
  • -La culpabilidad no les sirve para nada, sólo para recrearse una y otra vez en los propios errores sin llegar a una solución. Pasan de rumiar sobre estos errores, y en vez de ello se responsabilizan de ellos, aceptándolos e intentando solucionarlos si se puede, aprendiendo de ellos y utilizándolos para su propia maduración personal, intentando que no vuelvan a suceder.
  • -Cada obstáculo no les desespera, no suponen que merecen obtener todo lo que quieren, sino que aceptan que muchas veces no van a poder conseguirlo, porque no somos dioses ni robots, somos seres humanos, somos imperfectos y la vida no tiene porqué ser justa con nosotros, no tiene por qué darnos nada ni nos debe nada, es así.

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  • -Al no exigirse de manera rígida algo, no se abruman ni frustran para conseguirlo, sino que se lo toman como un juego interesante y emocionante, como una motivación para conseguir nuestras metas sin tener que exigírnoslas, aceptando lo que no se puede cambiar y centrando nuestras energías en lo que sí podemos solucionar o mejorar.
  • -Esta autoestima promueve conductas altruistas y una actitud tolerante hacia los demás, ya que no se creen ni mejor ni peor que nadie, los demás valen todos por igual, y aceptan que haya diferentes formas de pensar y percibir el mundo, empatizan (resulta más fácil empatizar si crees que el otro vale igual que tú).
  • -Impulsa conductas de autocuidado y respeto por uno mismo, ya que saben que valen igual que los demás, y si se sienten bien cuidando y empatizando con el resto, también consigo mismos.
  • -Promueve el hedonismo a medio y largo plazo, y no a corto plazo: ya que se respetan a ellos mismos, se cuidan y se conocen y saben lo que les conviene psíquica y físicamente, por lo que sabrán reconocer que hay veces que algunas de sus apetencias momentáneas (que son el hedonismo inmediato, lo que me apetece hacer ahora mismo) pueden ser perjudiciales para sus objetivos a medio y largo plazo (por ejemplo, nuestra salud física, nuestro trabajo, nuestra familiao pareja, etc.), es decir, para poder lograr metas que nos proporcionan un bienestar más duradero y estable que un capricho del momento. En conclusión, tenemos la capacidad de priorizar objetivos. Hay personas que se guían por lo que les apetece en el momento, pero luego se quejan de su mala suerte, o de vivir en una montaña rusa de emociones. (Ejemplo: Si tengo que entregar mañana un informe, necesario para poder conservar mi trabajo y gozar de todos sus beneficios, pese a que ahora mismo me apetezca mucho descansar y salir con los amigos no puedo, porque aunque durante unas horas me sentiría bien haciéndolo pondría en peligro otro objetivo que me hace sentir todavía mejor y de manera más duradera, como es el sentirme un buen profesional y ganar algo de dinero).
  • -Promueve una envidia sana intentando alcanzar lo que desean sin sentirse amenazados por personas más cualificadas. Las toman como un modelo a seguir, aprendiendo de ellas y no desvalorizándolas para sentirse mejor. Se motivan observándolas para intentar llegar hasta donde ellas están, con un interés genuino es saber cuáles son las actuaciones que les han llevado hasta ese ideal.
  • -Perseverancia, ya que piensan que nada les tiene que venir dado, porque ya contaban con que no iba a ser fácil conseguir lo que quieran, pero sin llegar a la extenuación, sino que disfrutan del proceso o el camino para conseguirlo más que de la propia meta.
  • -No se resignan o abandonan, ni se sienten impotentes, ya que se centran en lo que "pueden llegar a ser o hacer", no en lo que no pueden hacer.

Si no dependemos de la aprobación de los demás, desempeñaremos nuestros propios objetivos y metas en la vida acordes con nuestras cualidades y limitaciones, encontrándonos a gusto con ello.

Con la autoestima incondicional o verdadera, afloran emociones moderadas que ocasionan un aumento en nuestro rendimiento, nos movilizan y motivan para alcanzar objetivos valiosos y alcanzables para nosotros. Las exigencias propias de la autoestima frágil (baja o alta) desencadenan, ante cualquier contrariedad, emociones demasiado intensas, como la ansiedad o angustia, ira o furia, impotencia, miedo, celos, etc. que causan un bloqueo a nivel cognitivo y comportamental, disminuyendo así nuestra eficacia en las diferentes áreas de nuestra vida. Parece mentira que a veces, nuestro organismo, utiliza sin pretenderlo la misma intensidad emocional ante situaciones cotidianas que no conllevan peligro físico que ante situaciones potencialmente mortales.

Se ha comprobado que se rinde mejor bajo niveles moderados de activación emocional que con un exceso de ella, y las creencias basadas en preferencias realistas causan emociones más adecuadas y moderadas en respuesta a las situaciones cotidianas como la preocupación, la precaución, la irritación, la envidia sana, la pena, etc. Son emociones más manejables y acompasadas a las circunstancias de hoy en día, y que en vez de bloquearnos como conejos asustados nos impulsan y movilizan para motivarnos a alcanzar nuestras metas, nos capacitan para ser dueños de nuestro comportamiento y no perder la compostura.

La autoestima sana, moderada, incondicional o verdadera se crea a través del autoconocimiento, de la aceptación y consciencia de nuestras déficits, cualidades y circunstancias que nos rodean, guiándonos (que no imponiéndonos o exigiéndonos) hacia objetivos o metas alcanzables y realistas (no inalcanzables e irrealistas, que promoverían frustración y abandono para alcanzarlas). Estas metas son adecuadas a nuestras capacidades y limitaciones, y las hemos elegido conociéndonos a nosotros mismos, aceptando las limitaciones que no podemos cambiar y mejorando aquellas que sí podemos.

Así nuestra autoestima siempre será estable, nunca se romperá por su fragilidad, sino que será robusta y fuerte, ya que dentro de nuestra imagen ya contábamos de antemano con que íbamos a tener errores, contratiempos, problemas y obstáculos, de que no todos nos iban a tratar bien, y de que cada uno tiene su propia idea del mundo diferente a las demás, que es así y que siempre será así. El mundo no tiene por qué ser justo con nosotros ni nos debe nada. Aceptamos todo esto y nos centramos en lo que podemos solucionar, mejorar y alcanzar de manera realista y con entusiasmo.

Por supuesto, y se necesita aclarar, que la autoestima, por muy incondicional y estable que sea, va a fluctuar de una situación o momento a otro, ya que aunque nuestra autoestima no dependa por entero de nuestros logros o aprobación de los demás, es innegable que esto pueda afectarla de alguna manera. Siempre nos comparamos con un ideal, y si no alcanzamos ese ideal, el lógico que afloren sentimientos negativos moderados de vez en cuando hacia nosotros mismos. Pero la diferencia con personas con una autoestima frágil es que estas emociones serán moderadas, manejables y motivadoras, y que una bajada de autoestima puede ser una alarma de que necesitamos espabilar en una determinada situación.

Escrito por

Centro de Psicología Jara Amaro

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2 Comentarios
  • Isabel Castellón

    Me ha gustado mucho la explicación,se ha entendido muy bien y creo q puede servir de ayuda para entender muchas cosas que pasan por nuestras cabezas y el porqué vemos las cosas de una forma determinada.Grácias

  • Lolimar

    Muy buen artículo! Estupendamente explicado.

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