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¡Qué vergüenza!

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

​La vergüenza es algo familiar para todos. Pero, ¿por qué sentimos vergüenza?, ¿para qué sirve?, ¿cómo se organiza?

20 OCT 2015 · Lectura: min.
¡Qué vergüenza!

La vergüenza es algo familiar para todos. Pero, ¿por qué sentimos vergüenza?, ¿para qué sirve?, ¿cómo se organiza?

La vergüenza es una emoción que pretende ocultar algún defecto o acción nuestra que creemos que, si se viera, podría provocar rechazo. La vergüenza es útil, ya que nos ayuda a desarrollar la conciencia y el sentido de responsabilidad social, pero es una emoción que nos puede llevar a esconder nuestros fallos, o a caer en exceso de autocrítica para evitar o minimizar la crítica destructiva o el rechazo de los demás. Las críticas que recibimos o tememos recibir y la vergüenza que sentimos, activan el sistema de amenaza/protección.

Cuando pensamos: ¡me arriesgo, lo intentaré! La vergüenza es el fantasma que dice: uh uh! no eres lo suficientemente bueno. Nunca terminaste el máster, te dejó tu esposa, se las cosas que te sucedieron de niño. Sé que no crees que seas lo suficientemente apuesto o lo suficientemente inteligente o talentoso, etc. La vergüenza es eso. Si podemos acallarla y decir: "Lo haré", alzamos la mirada y el crítico que vemos señalándonos y riéndose, ¿quién es? en la mayoría de los casos, nosotros mismos.

La vergüenza grava dos grandes citas: "nunca lo suficientemente bueno" y si puedes hablar de eso "¿quién te crees que eres?"

Asimismo, hay una gran diferencia entre la vergüenza y la culpa. La vergüenza está centrada en uno mismo, la culpa en el comportamiento. La vergüenza es: "soy malo", la culpa es: "hice algo mal". Podemos decir que nos sentimos culpables por lo que hacemos y avergonzados de lo que somos. La vergüenza está muy correlacionada con adicción, depresión, violencia, agresión, intimidación, suicidio y trastornos alimentarios. Y la culpa está inversamente correlacionada con esas cosas. La capacidad de retener algo que hemos hecho o dejado de hacer, en contra de lo que queremos ser es increíblemente adaptable. Es incómodo pero es adaptable.

La vergüenza surge en una sociedad donde existe una red de expectativas contradictorias y competencias imposibles, que nos dicen cómo se supone que debemos ser (¡perfectos!). La vergüenza la sienten igual hombres y mujeres pero se organiza por género. Para las mujeres, la vergüenza es hacerlo todo, ser una buena madre, hacerlo perfectamente y nunca dejar que te vean sudar. Para los hombres, ser exitoso, ser un padre perfecto, y no ser percibido como débil. Es una epidemia y para salir de ella, para encontrar el camino, tenemos que entender cómo nos afecta, y cómo afecta a nuestras relaciones, a la paternidad, en cómo trabajamos, etc.

¡Asimismo, existe un antídoto para la vergüenza! La empatía, la comprensión y la aceptación es el antídoto para la vergüenza.

Como señala Brené Brown: "Si ponemos la vergüenza en una placa de Petri y queremos que crezca exponencialmente: necesitamos secretismo, silencio y juicio. Si se pone la misma cantidad de vergüenza en una placa de Petri y se rocía con empatía, no puede sobrevivir".

Escrito por

Vitalis Institut Psicoteràpia Barcelona

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