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Rabietas: ¿Qué podemos hacer los padres?

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Seguro que todo padre ha vivido una rabieta de los más pequeños de la casa y ha vivido situaciones difíciles. En este artículo intentaremos dar pautas para gestionar estos momentos complicad

1 JUN 2017 · Lectura: min.
Rabietas: ¿Qué podemos hacer los padres?

Para empezar, es importante conocer porque sucede esto. La rabieta no es más que la demostración que nuestro hijo/a hace de su enfado, que puede venir dado por varios motivos:

Una situación de frustración: esperaba alguna cosa y al final no la ha conseguido. P.ej. queríamos ir a un sitio que a él le hacía mucha ilusión y al final no podemos ir.

Una contradicción o una negación de un objeto (una chuche, un juguete,... ).

Un objetivo que quiere conseguir (no ir a su cama e ir a la de los padres, ver la TV, salir a la calle,...).

Para llamar la atención.

Cansancio: cuando están cansados, tienen sueño, hambre,...

Ésta es la forma que ellos tienen de canalizar sus emociones, no saben más y somos nosotros quien les tenemos que enseñar poniendo pautas, límites,...

Las rabietas empiezan normalmente con el llanto incontrolado y el desconsuelo. Si así no consiguen su objetivo se tiran al suelo y pueden llegar a dar golpes de cabeza, se pegan con las manos a la cara, se muerden,... (Os suena?). Todo esto siempre delante de los padres para intentar que éstos cedan y obtener lo que quieren. Los niños mayores hasta pueden provocarse el vómito. Normalmente no se lesionan cuando realizan este tipo de conductas y si pasa ya no las acostumbran a repetir.

¿Por qué normalmente lo hacen en lugares públicos? Porqué rápidamente aprenden que, si hay espectadores, normalmente consiguen más rápido lo que quieren.

¿Cómo las afrontamos?

-Al inicio se puede intentar distraer al niño, desviando su atención hacia otra actividad. Por ejemplo: el padre y la madre pueden hablar de alguna cosa que haya hecho durante el día y le haya gustado,...

-En este momento no se debe intentar negociar con el niño por qué no atenderá a nuestro razonamiento ya que él no quiere negociar. Más tarde y con calma ya llegará el momento de las argumentaciones.

-No ceder a sus demandas. Hay que tener paciencia y al cabo de unos días al ver que con las rabietas no consiguen lo que quiere, este comportamiento irá disminuyendo hasta desaparecer y ser sustituido por otros comportamientos más adaptativos.

-Cambiar al niño/a de entorno o habitación. Explicarle que cuando se calme volverá al entorno inicial. Así conseguimos primero de todo separarlo de la situación u objeto que produce la rabieta y, segundo, que no esté cerca de nosotros para hacernos chantaje y conseguir lo que quiere.

-Si estamos en un lugar público no dejarnos llevar por lo que pensarán y no ceder, sino perderemos todo el trabajo hecho hasta el momento. Quien tenga hijos seguro que en algún momento ha vivido una situación de este tipo y nos puede entender.

-Mantener la calma. No ponernos nerviosos, ni chillar, ni castigar al niño (si se castiga tiene que ser algo que podamos cumplir),... Sino este es el modelo que nuestros hijos seguirán.

Consejos para evitarlas

Establecer normas claras, coherentes y razonables. Los niños han de saber qué está bien y que no, se les tiene que poner límites. Todos los miembros de la familia tienen que seguir las mismas pautas.

Saber decir que no y afrontar la reacción que tendrán.

No reforzar los comportamientos negativos. No se trata de desaprobar al niño sino su conducta, NO es que el niño sea malo, sino que lo que hace está mal. Sobre todo, se tiene que reforzar los comportamientos positivos para que ellos vean lo qué es correcto.

Enseñarle a verbalizar los sentimientos, expresar lo que siente,… ¡Si lo hacemos los adultos, los niños también aprenderán a hacerlo!

Cuando haya cambios en las rutinas o en las actividades planificadas avisarlo con tiempo.

Si vamos de compras no abusar del tiempo que estamos (los niños se cansan y eso puede ser un motivo de rabieta), evitar siempre que se pueda pasar por sitios conflictivos (donde hay juguetes, chocolate, chuches,...),...

Es muy importante ser constantes y coherentes. Si el niño ve que un día dejáis de hacerlo sabrá que en algún momento puede conseguir lo que quiere.

Estas rabietas suelen darse hasta aproximadamente los tres años. Poco a poco y con la edad, aprenderán a expresar su enfado o frustración con el lenguaje y, en este momento, los padres han de estar allí para dialogar. Si se dan más allá de los tres años, hay que pensar si hay otros problemas por los que el niño está haciendo las rabietas. En este caso puede ser recomendable buscar apoyo profesional.

Escrito por

Centre Mèdic Psicología Clínica

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