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Ser anciano y gay: una doble discriminación

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La homosexualidad y la vejez no suelen ir de la mano o al menos no pensamos en estas palabras a la vez. Hoy os hablo sobre esta doble discriminación y la situación emocional que supone.

28 nov 2017 · Lectura: min.
Ser anciano y gay: una doble discriminación

Ser gay en nuestra sociedad cada vez es un poco menos difícil, ya que fácil aún no se puede decir que sea. Así, cada vez se va aceptando más y se integra en la sociedad este concepto como algo normal en la gente joven. Pero, ¿qué pasa con la gente anciana y gay? Para ellos su orientación sexual ha sido un problema y un secreto inconfesable a lo largo de toda su vida.

Durante muchos años se ha perseguido la homosexualidad y se ha penalizado como si se hubiera cometido el peor de los crímenes sólo por el hecho de amar a personas del mismo sexo. En la época del franquismo había una gran represión y se buscaba para dar "caza" a las personas homosexuales y castigarlas por ello. Escribiendo estas palabras casi parece que estemos hablando de hace una eternidad, pero estoy hablando de apenas unas décadas atrás.

Por este motivo, la mayoría de personas que son gays y ancianas no han llegado nunca a confesar su orientación sexual. Muchos se han llevado el secreto a la tumba y otros más valientes o incluso osados se han atrevido a explicarlo en su propia senectud. Digo lo de "osados" porque generalmente tendemos a pensar en las personas ancianas como seres sin sexualidad. Parece que cuando nos hacemos mayores no tengamos licencia ni derecho a tener o sentir impulsos sexuales y quien los tiene es tachado de "viejo verde". Por tanto, expresar la homosexualidad cuando se es mayor, puede ser un tema peliagudo y difícil de gestionar.

¿Cómo han podido "sobrevivir"?

Ser gay hace unos años no era una opción de vida, así que sólo quedaba pasar por el aro de la heterosexualidad. Por este motivo mucha gente gay se casaba y tenía hijos. Llevaban una vida tradicional para pasar desapercibidos pero nunca se sintieron bien en el terreno sentimental. Hicieron lo que tocaba porque no quedaba otra y llevaron en secreto toda su vida su condición sexual.

Otros, en cambio, optaron por la vía de ser "solterones". No llegaron a establecer nunca una vida en pareja, pero esta alternativa también era criticada en el pasado. Para ser una persona "hecha y derecha" debías casarte y tener hijos. Así, estas personas nunca tuvieron una relación sentimental (que se supiera).

Y finalmente están los sinceros, que llegaron a confesar su homosexualidad y que fueron repudiados por sus familias. Muchos padres desheredaron y echaron de sus casas a sus propios hijos sólo por el hecho de ser gays. Por tanto, estas personas se veían obligadas a escoger: o sentirse libre a nivel sentimental o perder la familia, una dura elección.

Y a día de hoy, ¿qué pensamos sobre los ancianos gays?

Son pocos los que confiesan ser homosexuales y los que lo hacen explican una vida complicada llena de trabas y dificultades. Ser gay no era difícil sólo a nivel familiar, sino también a nivel social. Se les rechazaba en puestos de trabajo con cualquier excusa sólo por su condición sexual y a nivel de amistad, muchos de esos amigos les daban de lado cuando se descubría el "pastel". Simplemente por el hecho de ser gay, los amigos podían pensar que querían tener sexo con ellos (como si ser gay sea sinónimo de querer enrollarse con todo hombre que se cruce por el camino).

Por tanto, los ancianos gays que nos encontramos actualmente son personas con un gran sentimiento de inferioridad e inseguridad, miedo al rechazo y baja autoestima. Son pocos los que dicen con la cabeza bien alta que son gays. Quienes lo confiesan, lo hacen con miedo y resignación. La sociedad simplemente no contempla esta opción. Si vas a un salón de baile de la tercera edad no verás hombres bailando juntos un pasodoble. Tan sólo se agrupan para jugar a cartas. Viven su senectud con un gran vacío y sentimiento de soledad. Puede que hayan confesado su homosexualidad a sus hijos y/o nietos y éstos le hayan aceptado, pero su grupo de iguales no hará lo mismo. Así, se hacen viejos y están solos a nivel emocional, y en una residencia de ancianos no podrán mostrarse como son, tendrán que mantener las apariencias por su propio equilibrio emocional.

Hoy me gustaría acabar este artículo animándoos a hacer una reflexión personal. Rompamos este estigma entre todos y permitamos que los ancianos mueran sintiéndose libres y rompiendo las cadenas que les ataron durante toda la vida. Abramos la mente y aceptemos la homosexualidad en la vejez.

Encarni Muñoz Silva

Psicóloga sanitaria, colegiada nº 16918

Escrito por

Encarni Muñoz Psicoterapia

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Comentarios 1
  • Agustín Quinteros

    Soy un hombre homosexual que ha entrado a la etapa de madurez, vale decir que aun no soy viejo ni anciano. Mi familia y mis amigos lo saben y me aceptan, no tengo problemas a nivel social ni laboral, pero los que me discriminan y ya comenzaron a llamarme "viejo verde" son los gays que creen que serán jóvenes eternamente. Los miembros del colectivo que tanto lucha contra la discriminación es el que más discrimina a sus iguales.