Ser desconfiado perjudica al resto de la sociedad

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Desconfiar de los demás repercute no solo en nuestras relaciones de pareja, sino en el conjunto de la sociedad. ¿Quieres saber por qué?

30 mar 2017 · Lectura: min.
Ser desconfiado perjudica al resto de la sociedad

La edad, malas experiencias, la personalidad… La desconfianza que muchas veces evidenciamos hacia otros sujetos u otras situaciones puede estar causada por múltiples factores que dependerán de nuestra naturaleza, nuestra condición o nuestra mala experiencia. Otras veces, son los prejuicios y la propia cultura recibida los que determinan que seamos más desconfiados.

Al margen de ello, que puede justificar o no nuestro comportamiento, la desconfianza por sí misma genera problemas en la persona que la siente, no solo a nivel individual, sino que también puede afectar a sus relaciones de pareja, además de repercutir negativamente en el resto de la sociedad.

Una encuesta ha revelado que casi el 75 % de la población es desconfiada, lo que repercute de manera negativa en la sociedad, en la relación de los individuos con los demás y, por tanto, en la solidaridad y ayuda que pueden darse en el seno de una comunidad. Francis Fukuyama, politólogo americano de origen japonés, distingue sociedades de baja confianza y de alta confianza, en función del desarrollo económico y social y de los proyectos colectivos que se llevan a cabo en las mismas. De este modo, afirma, en las primeras son más comunes los negocios familiares, puesto que la confianza en los demás no es la tónica común. Ello lo vemos en países mediterráneos como Francia e Italia, donde son más comunes las pequeñas empresas de tradición familiar en la que los cargos pasan de padres a hijos.

Por el contrario, en las sociedades de alta confianza, como Japón o Estados Unidos, es más habitual la creación de corporaciones y grandes compañías, ya que el nivel de confianza es mucho mayor y se tiende a delegar cargos y a confiar en la profesionalidad e integridad de las personas.

De esta división establecida por Fukuyama se desprende que para que una sociedad avance económica y también socialmente es necesario que cuente con elevados niveles de confianza. A tenor de ello, se trabaja por el bien común, que no es solo la empresa sino la comunidad. En estas sociedades son normales los proyectos de cooperación social, las iniciativas colectivas y la responsabilidad ciudadana siempre en pro del bienestar de la sociedad en su conjunto.

Todo lo contrario sucede en aquellos países más desconfiados, donde solo se trabaja por y para el bien individual o familiar, sin que los beneficios repercutan de ningún modo en el resto de la sociedad. En este entorno las responsabilidades ciudadanas (ayudar a los más vulnerables, pagar impuestos…) son menos favorables. La desconfianza hacia los demás genera egoísmo e insensibilidad social, lo que perjudica al resto de la colectividad.

La desconfianza afecta no solo a la sociedad; también las relaciones de pareja y familiares se ven afectadas. Las personas desconfiadas suelen mostrar más inseguridad y egoísmo, y estos sentimientos se los trasmiten a sus parejas y a sus propios hijos. La confianza en los demás nos hace crecer como personas a nivel individual y social, nos hace respetar a los demás, ser objetivos y solidarios, incrementar nuestro bienestar emocional y vivir felices. Valores que trasmitiremos a nuestros hijos y que nos permitirán vivir en una sociedad más justa e igualitaria.

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