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Sobre autoestima. Capítulo II. Parte 1.

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Este capítulo lo vamos a enfocar hacia la relación de la autoestima con diferentes aspectos importantes en la vida como por ejemplo: la autoexigencia, la necesidad de aprobación de los demás.

17 MAY 2016 · Lectura: min.
Sobre autoestima. Capítulo II. Parte 1.

Error, perdón y rectificación (Rectificar es de sabios, ¿no?)

El perdón, hacia a uno mismo o hacia los demás, es un aspecto estrechamente relacionado con la autoestima. Durante la vida todos cometemos errores. Hacemos y decimos cosas de las que luego nos arrepentimos. Cosas que han herido a los demás o a nosotros mismos. Aceptando que sí o sí nos vamos a equivocar, nos tendríamos que plantear: ¿qué hacemos después?

Hay varias cosas que se pueden hacer cuando uno se equivoca. Unas que corresponden a un estilo punitivo: Autojuzgarnos, castigarnos y machacarnos; otras que son un estilo más pasivo: negar el error, proyectarlo en los demás y no hacer nosotros nada al respecto y un estilo más activo: reconocerlo, aceptarlo, aprender de él, rectificar, reparar… Y es este último estilo el que nos reportará mayor bienestar y reforzará, a su vez, nuestra autoestima.

El estilo punitivo es una demostración de odio y de rencor, actitudes que sólo dedicamos a nuestros peores enemigos. Tratarte como a tu peor enemigo te convierte justamente en eso: en alguien que para nada te va a ayudar y que te la jugará en cuanto pueda. El estilo pasivo es tan nocivo como el anterior. No implica cambio alguno y por tanto nos condena a cometer los mismos errores una y otra vez reforzando así una baja autoestima que cada vez será más y más baja. Porque una parte de nosotros niega el error pero siempre hay otra parte de nosotros que no se deja engañar del todo y de alguna manera sabe o intuye (aunque sea de manera inconsciente) que algo hemos hecho mal y eso nos puede hacer sentir tristes, enfadados, avergonzados y en última instancia: inseguros. Inseguros porque si no logramos dilucidar por qué algo ha salido mal tenemos esa sensación de que no tenemos ningún control sobre si eso volverá a ocurrir o no.

El estilo activo es el más difícil cuando uno está más acostumbrado a las otras maneras de actuar que son más fáciles pero también más nocivas. Lo primero que hace falta para actuar adecuadamente ante un error es ir desarrollando poco a poco la capacidad de autoanalizarse. Pensemos que solemos hacer cuando nos equivocamos. Detectemos cuál es nuestro estilo más frecuente. Es más fácil cambiar algo si primero vemos lo que hacemos mal. Luego, ¿qué hacemos en lugar de hacer lo que normalmente hacemos? (siento el trabalenguas). Intentar averiguar porqué nos hemos equivocado, qué nos ha llevado a actuar así y siempre buscar las respuestas en uno mismo y no en los demás porque a los demás no los podemos cambiar ni tenemos derecho a ello. Cada uno se cambia a sí mismo si quiere y cuando quiere. El objetivo es saber porqué y en qué nos hemos equivocado y cuánto más certeros seamos en la respuesta mejor podremos prevenir ese error en el futuro y mayor control tendremos sobre nuestro comportamiento. Bien, una vez hecho esto: toca enfrentarse a las consecuencias. ¿A quién hemos perjudicado? A esas personas es a las que tenemos que dirigirnos para hacerles saber que lo sentimos, que reconocemos que nos hemos equivocado y que intentaremos que no vuelva a pasar. Si además nos hemos perjudicado a nosotros mismos nos tendremos que perdonar automáticamente después de prometernos que haremos todo lo posible para que no vuelva a ocurrir. Pero aunque cometamos el mismo error una y otra vez siempre debemos perdonarnos y volver a luchar por no cometerlo. Si el intento de no equivocarse es sincero y verdadero seguro que, tarde o temprano, lograremos actuar como creemos que es mejor. En definitiva, se trata de aprender de los errores, de cambiar actitudes que no ayudan y de rectificar caminos que no nos vayan a llevar a dónde queremos estar.

A veces es realmente difícil distinguir si cuando algo ha salido mal el error ha sido nuestro o de otro. Si creemos que es de otro y que ello nos ha perjudicado lo adecuado sería decírselo pero siempre con respeto.

Por otro lado, tampoco es adecuado que, por habernos equivocado, nos coloquemos etiquetas negativas, y mucho más que las dejemos puestas para siempre. Los errores no nos definen si no queremos, porque siempre son susceptibles de no volver a cometerse. Si permitimos que un error se repita una y otra vez nos estará definiendo, al no hacer nada por evitarlo. Nosotros tenemos el poder de no dejar que nos definan, simplemente intentando cambiar de actitud.

La necesidad de aprobación de los demás

¿En qué consiste necesitar la aprobación de los demás? Consiste en actuar en base a los criterios, deseos o valores de los otros pasándolos por encima de los nuestros, con la intención de que estas personas nos aplaudan, nos valoren y nos aprecien. Eso es un craso error. Es imprescindible que nos deshagamos de ese lastre ya que nos impide ser nosotros mismos y actuar en base a nuestros propios criterios y valores que son los que nos van a hacer felices. Quizás no nos demos cuenta pero, actuar así nos va a hacer sentir muy pequeñitos y va a ser una patada a nuestra autoestima. Si complacemos al prójimo a cualquier precio (yendo en contra de nuestros propios criterios, deseos y valores) quizás nos aprecie más pero perderemos el aprecio de nosotros mismos. Es muy importante desarrollar nuestros propios criterios de lo que está bien y lo que está mal, lo que es bueno para nosotros y lo que no, lo que hiere a los demás y lo que no y actuar en base a ello tomando nuestras propias decisiones. Puede que no te hayas preguntado cuales son tus principios y valores. Nunca es tarde. A eso es a lo que llamamos autorrespeto. Seguro que alguno a eso lo llama egoísmo. Pero, ¿por qué hemos de ser más generosos con los demás que con nosotros? Si nos identificamos con esto sería bueno hacer un cambio de mentalidad y dejar de ir por el mundo intentando gustar a todo el mundo siempre.

No hay que confundir esto con hacer favores o complacer a los demás si así lo deseamos o lo creemos conveniente. A veces nos gusta invitar a algo a un amigo, hacer un favor a alguien de la familia, sorprender con algo agradable a nuestra pareja, etc. aunque esos actos nos requieran un "pequeño esfuerzo". Pero son actos de demostración de aprecio. Complacerte a ti, a quien aprecio, me complace a mi. No sería adecuado el complacer a otro para que nos quiera. Es decir, dejar que nos digan lo que tenemos que hacer, dejar que nos manipulen, dejar que se aprovechen de nosotros, dejar que nos pisoteen… sólo por lograr un poco de cariño por parte de los demás. Eso no es autoestima sino faltarse el respeto. Si te faltas el respeto a ti mismo favorecerás que te lo falten los demás. Si aprendemos a querernos a nosotros mismos no necesitaremos a toda costa la aprobación de los demás y eso nos dará libertad para actuar como nosotros mismos creemos que es mejor y tomar nuestras propias decisiones, lo cual será un respiro de aire fresco para nuestra autoestima.

La conclusión es paradójica y es que al dejar de buscar desesperadamente la aprobación de los demás, nos comportaremos con seguridad y con confianza y actuaremos de mejor modo, de modo auténtico, lo cual hará que gustemos más a la gente. Deja de buscarlo y lo encontrarás.

Narcisismo

Si tengo que quererme y gustarme a mi mismo, ¿se supone que tengo que ser un narcisista? Vamos a intentar aclarar cómo se relacionan el narcisismo y la autoestima.

Una persona narcisista se comporta de manera egocéntrica, autocomplaciente en exceso, es decir, pisoteando a los demás si es necesario, sin empatía (el dolor ajeno le es indiferente), no sabe amar a nadie y, lo más desagradable, siempre intenta dejar patente que él es mejor que tú y que todo el mundo en todo. Bien, aparentemente estamos ante una persona con una autoestima más grande que él mismo. Pero, ¿es eso lo que hay detrás de su comportamiento? Podríamos discutirlo.

En realidad, lo que hay detrás es una autoestima totalmente insana. Definitivamente mal construida. Si analizáramos el autoconcepto de un narcisista descubriríamos que no ve o no acepta ni tolera sus defectos y que engrandece sus virtudes. Si no tolera sus defectos, los cuales existen con toda seguridad ya que es sabido que nadie es perfecto, no conseguirá nunca amarse a sí mismo y tampoco emprenderá caminos hacia el cambio para ser quien quiere ser pero sin querer ser perfecto. Ante acontecimientos en la vida que demuestren que no es perfecto y que tiene defectos o si alguien le hace una crítica, reaccionará con frustración, agresividad y/o negación. Lo siguiente que hará será demostrar por todos los medios que eso no es así aunque para ello tenga que llevarse lo que sea por delante. Si le descubrimos humillando o menospreciando a alguien será prueba de su desesperado intento por demostrar algo que sabe que no es cierto: que es perfecto y que sabe más y hace todo mejor que todo el mundo. ¿Es eso una autoestima sana? Probablemente sea la autoestima más destructiva del mundo. Esta persona se odiará siempre y odiará a todo el mundo porque el mundo le deja pruebas de su imperfección. Es una guerra constante contra todo, aunque una guerra encubierta que no dejará ver, tapándola con una coraza de grandeza y autocomplacencia a cualquier precio.

Escrito por

Patricia Vilchez, psicóloga infantil

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