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Sobre autoestima. Capítulo II. Parte 2

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Este capítulo lo vamos a enfocar hacia la relación de la autoestima con diferentes aspectos importantes en la vida como por ejemplo: la autoexigencia, la necesidad de aprobación de los demás

17 MAY 2016 · Lectura: min.
Sobre autoestima. Capítulo II. Parte 2

Autoexigencia

La comenté de pasada en el primer capítulo. Pero es suficientemente importante como para reflexionar un poco más sobre ella. Habrá quien diga que la autoexigencia es necesaria para obtener el éxito. Porque si no te obligas a hacer las cosas bien será más probable que te salgan mal y no lograrás lo que quieres. Por si no te has dado cuenta he cambiado autoexigencia por obligación como si se tratase de lo mismo pero es que exigir, es en gran parte, obligar. No me gusta mucho tirar de definiciones de diccionario pero hay veces que viene bien.

Exigencia:

  1. Pretensión caprichosa o desmedida.
  2. Requerimiento o necesidad forzosa para que se produzca una acción.

Obligar:

  1. Hacer [alguien o algo], con su autoridad, que una persona cumpla determinada cosa, sin dejarle posibilidad de elegir.

Necesidad forzosa o condición indispensable son conceptos que implican la no elección. La no alternativa a aquello que se exige. Si no tienes elección es que estás obligado a algo. Entendido esto, sigamos.

Cuando nos planteamos una meta, es decir, algo que queremos lograr en la vida debemos preguntarnos si es una meta elegida por nosotros y acorde con nuestros principios y valores y procurar siempre que nuestras metas no vengan impuestas desde fuera. Eso es lo primero aunque no es en lo que quería centrarme.

Pongamos por caso que perseguimos una meta que hemos elegido y que nos hará felices porque refuerza nuestros valores. Si es una meta elegida ya no es una meta exigida y todo aquello que hagamos para llegar a ella tampoco debe ser exigido ya que si la meta nos motiva no necesitamos obligarnos a recorrer el camino. Luchamos por esa meta porque queremos no porque estemos obligados. La motivación debe ser el impulso y no la obligación. Eso nos hace sentir libres, valientes y fuertes. No nos sentiremos así ante la obligación ya que ésta no da lugar a elección. No nos sentiremos fuertes ni valientes sino sumisos al tirano que hemos creado en nuestra mente.

Así pues, ¿cómo se relaciona este concepto con la autoestima?. Si condiciono mi autoestima a unas determinadas autoexigencias querrá decir que si esas autoexigencias por lo que sea no se cumplen mi autoestima quedará cuestionada. Si me propongo, en cambio, metas elegidas y no las convierto en una condición indispensable para mantener o mejorar mi autoestima, ésta no quedará en entredicho ante el fracaso y nos sentiremos fuertes y motivados para volverlo a intentar.

Como conclusión, mejor no tirar de autoexigencia para lograr las cosas porque además así como no da lugar a elección tampoco da lugar a error. Y si el error ocurre será más frustrante y desmotivador en tanto en cuanto estábamos obligados a no equivocarnos. Por eso siempre mejor automotivación que autoexigencia.

Autoimagen corporal

Con el bombardeo constante que recibimos cada día sobre el culto a la belleza corporal no podemos obviar este aspecto que está tan relacionado con la autoestima.

Muchísima gente ve menguada su autoestima por culpa de la imagen corporal que viene impuesta desde fuera y que es una imagen perfecta. El mensaje constante de que es algo deseable lograr ser igual que los estereotipos publicitarios acaba por establecer esos estereotipos como obligatorios para el éxito. Eso se consigue a base de la reiteración en bucle del mensaje ya sea a través de la publicidad, la televisión o el cine por poner algunos ejemplos. La lógica social que observo es la siguiente: si la belleza es importante para el éxito y la belleza es lo que yo digo, si tu no eres como yo digo eres una fracasada. Hablo en términos femeninos porque es evidente que las mujeres somos las principales víctimas de una imagen perfecta exigida desde fuera. Los mensajes publicitarios tan insistentes en que cuidemos la línea y que compremos toda una serie de cremas para que nuestra piel sea perfecta a pesar del paso del tiempo consiguen que asimilemos que si no queremos quedarnos atrás en belleza, lo cual nos hará sentir inferiores, vayamos a comprar todos esos productos milagrosos que de milagrosos no tienen nada. Pero el día que le quitemos importancia a la imagen corporal (que no a la salud), escojamos por criterios propios la imagen que queremos tener y ésta no sea el reflejo surrealista de la perfección se les habrá acabado el chollo… perdón, el negocio y eso no lo van a permitir. Esa es nuestra lucha señoras y señoritas. No permitir que nuestra autoestima la determinen las grandes empresas de moda y de productos de estética. Seamos libres de elegir como ha de ser nuestro cuerpo y nuestra imagen y aceptemos sus imperfecciones ya que ellas forman parte de nosotros como seres humanos.

Es cierto que nuestra idea de belleza corporal está demasiado condicionada a la que impone la sociedad pero tampoco hace falta que persigamos la idea contraria. En realidad, basta con perseguir algo asequible y realista teniendo en cuenta lo que sabemos que es saludable, nuestro metabolismo, nuestros hábitos y la importancia que tiene para nosotros la imagen corporal; no la importancia impuesta desde fuera que es toda la del mundo con tal de engordar el negocio, sino la importancia que tiene para nosotros en función de nuestros valores. Para una persona cuyo mayor valor es la disciplina y escoge el culto al cuerpo para reforzar ese valor a esa persona le hará inmensamente feliz tener un cuerpo excelente ya que éste es fruto de su disciplina. Pero para una persona cuyos valores son otros y la belleza corporal no juega un papel importante en ellos no debemos dejar que pasen por encima los valores de una sociedad enferma y superficial y cuya no satisfacción nos haga sentir fracasados.

El perfeccionismo

Según cómo: un LASTRE con mayúsculas. ¿Qué es la perfección? A mi entender podemos verla de dos maneras: la manera surrealista y patológica o la manera útil. La patológica es la concepción de algo infinito en su perfección, es decir, algo infinitamente virtuoso y sin absolutamente ningún defecto. Creo que esa idea sólo la podemos concebir en la imaginación. Incluso hay gente (demasiada gente) que le ha puesto nombre: Dios. Por eso yo no creo en Dios.

Otra manera de ver la perfección es la que toca de pies en la tierra. La idea de algo que es suficientemente bueno, es decir, que cumple con unos criterios pero deben ser unos criterios realistas, alcanzables, realizables, asequibles… Sino, nos estamos yendo a la concepción patológica. Y es absurdo (que es lo más suave que puedo decir) que persigamos el ideal de perfección ya que nunca lo alcanzaremos y eso nos condenará inescrutablemente a la frustración y al fracaso.

Hay quienes persiguen ese ideal de perfección y los vemos abocados al sufrimiento. Pueden ser por ejemplo los que sufren trastorno obsesivo-compulsivo o personalidad obsesiva-compulsiva que no son exactamente lo mismo pero sufren este síntoma en mayor o menor medida. Son los que nunca están satisfechos con su trabajo. Creen que siempre puede hacerse mejor. Por mucho que se esfuercen nunca es suficiente. Ya que lo que intentan alcanzar (el ideal de perfección) es imposible. La autoestima de estas personas está necesariamente dañada ya que nunca son suficientemente buenos como para aceptarse a si mismos. El criterio para aceptarse a si mismos es inalcanzable.

Hay otros que persiguen una perfección que no es ideal, que es asequible pero a un precio altísimo ya que los criterios que deben cumplirse para lograr la perfección son muy difíciles de cumplir y requieren muchísimo esfuerzo, muchísimo tiempo y muchísima energía. En el arte, la ciencia o el deporte de élite es dónde podríamos encontrar más ejemplos de esta manera de trabajar. Gente que lo ha dejado todo para lograr unos niveles abrumadores de perfección en su trabajo. Esta gente llega un día que se sienten satisfechos de su trabajo y se sienten felices por a haber dedicado tanto esfuerzo y sacrificado tantas cosas por logrado. Si lograr llegar a ese nivel de perfección su autoestima ya irá subiendo por el camino. Tan sólo la lucha ya nos hace crecer la autoestima y pegamos el último "subidón" cuando alcanzamos la meta.

Luego está el escalafón medio. Un nivel de búsqueda de perfección que te motiva a caminar hacia el éxito pero que no es tan "exigente" ya que no tiene unos criterios tan altos para ser satisfecho. Los que persiguen objetivos a este nivel ven incrementada su autoestima en cada intento y en cada logro que seguro que son muchos ya que no hay que invertir tanto en cada uno.

La pregunta es: ¿Cuál de los tres niveles es el que aporta mayor autoestima? Después de preguntarnos esto decidamos cuál va a ser nuestro nivel de perfeccionismo para lograr una mayor autoestima y una mayor felicidad y seamos consecuentes con él.

Hasta aquí el segundo capítulo sobre autoestima. Podríamos reflexionar sobre más aspectos que pueden relacionarse con ella pero quizás más adelante. Estaría encantada de recibir sugerencias. Finalizo aquí este capítulo ya que no quiero escribir artículos demasiado extensos y este ya lo es bastante. Espero que haya sido ameno e interesante.

En el tercero hablaremos de cosas prácticas que podemos hacer para conocer y mejorar nuestra autoestima.

¡Un saludo y gracias por tu interés!

Escrito por

Patricia Vilchez, psicóloga infantil

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