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Tus límites son tu búsqueda

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

Aquellas situaciones que nos limitan y que generan sufrimiento en nuestras vidas nos dan la oportunidad de iluminarlas y ampliar nuestra conciencia acerca de nosotros mismos y de la realidad

17 FEB 2016 · Lectura: min.
Tus límites son tu búsqueda

Por muy rápido que corras tu sombra no solo te sigue siempre sino que, a veces, ¡Se te adelanta!

Solo el pleno sol sobre la vertical te reduce la sombra.¡Pero esa sombra también te hace un servicio!

Lo que te duele, te bendice.La oscuridad es tu candela.Tus límites son tu búsqueda (Rumi)

Cada uno de los acontecimientos que vivimos, cada experiencia, cada conflicto, cada deseo, cada decisión, cada emoción puede servirnos para entrenar nuestra práctica filosófica y avanzar en el camino del autoconocimiento.

¿Cómo? Preguntándonos acerca de ello y respondiéndonos con la mayor honestidad posible.

Imaginemos una situación que de forma repetida en mi vida "me saca de mis casillas", es decir me lleve a reaccionar de una forma desproporcionada (cada uno puede hacer el ejercicio con una situación que le ocurra).

Por ejemplo: Si mi hijo, mayor de edad, me dice que quiere dejar los estudios, o estudiar algo con lo que yo no estoy de acuerdo, puede pasar que, de inmediato y de forma reactiva, mi personaje furibundo se apodere de mí por completo. Si esto ocurre, el personaje, actuando a través de mí, dominará mi reacción de modo inconsciente y automático: convertido ahora en actor, y absolutamente identificado con el personaje iracundo que se ha adueñado de mí, dramatizaré una escena que puede adoptar diversas formas y que todos podemos imaginar.

Planteo tres formas básicas de interpretar dicha situación u otra semejante:

  • Lo que ocurre tiene la culpa de mi enfado o de mi ira. Es decir, es el acontecimiento externo el que genera en mí un sentimiento de infelicidad de algún tipo.
  • Es la forma de ser de mi hijo, o su decisión, o mi hijo sin más, lo que no me permite ser feliz ni estar en paz. De nuevo, es el otro el que genera en mí infelicidad, intranquilidad, ira…
  • Me pregunto acerca de lo que hay detrás de mi sobrerreacción; es decir, qué hay mío en juego en el hecho de que mi hijo tome un camino que a mí no me parece adecuado, seguro , exitoso, etc. O sea, me cuestiono mis creencias y me hago cargo de mis emociones o de la carga de mi pasado no resuelta sin proyectarla en el otro (en este caso, sobre mi hijo).

Mis respuestas, dependiendo de mi modo de interpretar la situación en ejemplo que estamos examinando, podrían tender:

  • a culpar a la situación de inestabilidad o conflicto de mi infelicidad, o de mi falta de paz, sintiéndome impotente y enojado con el mundo y con los demás. Entonces podrían aparecer algunas creencias como, "no es justo", "por qué a mí", etc.
  • a querer modificar la forma de ser de mi hijo para que sus decisiones o comportamiento se ajuste a lo que yo considero que es mejor para él (y para mi tranquilidad).
  • a hacerme cargo de mis representaciones sobre esa situación y cuestionarlas, es decir: a preguntarme acerca de las emociones que esa situación genera en mí, y a cuestionarme las creencias que están implícitas en mi reacción desproporcionada (por ejemplo: "yo sé lo que es mejor para mi hijo (cuál es el bien del otro)", "sería terrible que tomara un camino equivocado", etc., etc.).

Si opto por proyectar en el exterior la causa de mi infelicidad, intentaré, de algún modo, controlar lo que ocurre (el acontecimiento externo) o modificar a los demás para que yo me pueda sentir en paz. Pero, casi con total convicción, no conseguiré lo que deseo, pues el exterior se resistirá, de alguna manera, a ser "corregido" y convertiré la oportunidad que me ofrece el desafío inicial (mirar qué me enseña o señala esta situación que vivo acerca de mí mismo) en un conflicto.

Si opto por examinar el fondo de lo que me ocurre a mí ante una situación así, tendré la posibilidad, una vez iluminadas mis sombras, de dialogar con mi hijo, sin proyectar mis propias sombras sobre él. Podré ser un espejo limpio y escucharle sin las interferencias de mis creencias limitadas o de mis miedos no resueltos. Entonces, el diálogo ya no tendrá la carga de aquello que no he trabajado acerca de mí mismo.

"Lo que en verdad nos espanta y desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos. No son las cosas lo que nos trastorna, sino nuestra interpretación de su significado" (Epicteto)

Escrito por

Consultoría Psicológica (Counseling) y filosófica

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