Un niño inquieto no es un niño con TDHA

​En mi trabajo diario, me encuentro con familias preocupadas por niños que tienen dificultad para mantener la atención, son inquietos, revuelven la clase y dificultan el trabajo de los profes.

2 JUN 2015 · Lectura: min.

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Un niño inquieto no es un niño con TDHA

En mi trabajo diario, me encuentro con familias preocupadas por niños que tienen dificultad para mantener la atención, son inquietos, revuelven la clase y dificultan el trabajo de los profesores. Muchos vienen "prediagnosticados" de TDHA.

Si habéis tenido acceso a algún cuestionario de valoración para el diagnóstico de TDHA, la mayoría de las valoraciones están basadas en la observación de rasgos conductuales de los niños, sin consideración de su sufrimiento, su historia personal o familiar, etc.

Uno de los cuestionarios más utilizados es la escala de Conners, en 2 versiones, para padres y profesores respectivamente, cuya aplicación requiere unos 10 minutos.

La versión revisada (L) para padres, sorprende porque un mismo ítem se repite con mínimas variaciones. Por ejemplo, "está siempre moviéndose o actúa como impulsado por un motor", "incansable o demasiado activo", "incansable en el sentido de no estarse quieto", "inquieto con las anos o pies, o intranquilo en su asiento"…

Podemos encontrarnos respuestas opuestas sobre el mismo hijo incluso entre la pareja de padres. ¿Qué confianza o fiabilidad da eso? Si una madre/padre, está preocupada/o por su hijo, es más fácil que vea sus conductas problemáticas que si no está angustiado por él.

Otra cuestión que me planteo es, ¿qué significa "demasiado activo" o ser "más movido de lo normal"?

Y pienso, ¿qué es lo normal? ¿Cuál es la línea que determina si se es activo o no? ¿Cómo se infiere que no es por algo puntual?

Resulta casi imposible a mi modo de ver, que tras pasar este cuestionario no consideres que tu hijo es hiperactivo. ¿Dónde queda la posibilidad de entender que tanto la hiperactividad como el déficit de atención pueden ser síntomas de otro problema y no síntomas aislados que de repente ocurren porque sí?

La respuesta, si queremos encontrarla, está en el niño. En su historia, en sus relaciones, en sus vivencias, en lo que está ocurriendo alrededor de él.

Y a veces, olvidamos que él tiene las respuestas.

Como padres, llenos de angustia, entiendo lo que puede calmar tener un diagnóstico. De repente te dan la solución a "el problema".

La cuestión es que a lo mejor el niño, no es el problema. Pero te dan una respuesta antes de que se puedan plantear otras preguntas.

Te dan además la forma de "arreglarlo". Una pastilla. Y el niño se calma. Ya no te llaman del colegio. Ya no se porta tan mal en casa. Todo es más fácil.

Y todo esto, ocurriendo en un momento social, en el que vivimos con prisas, no hay espacio apenas en el que jugar o disfrutar de los hijos. Si tienes la suerte de tener un trabajo, quizás no tengas la tarde para compartir con ellos, y el tiempo que queda, apenas llega para hacer los deberes, baño y a la cama.

Entiendo que estamos en las condiciones idóneas para que se continúe medicando a los niños. Para no tener tiempo a cuestionarnos qué otra cosa puede estar pasando.

Pero me gustaría que los padres supieran que el metilfenadato (Ritalin, concerta..etc), es un psicoestimulante. La idea y otras entidades homólogas clasifican el metilfenidato y la anfetamina en la misma categoría que la metanfetamina, cocaína y los opiáceos y barbitúricos más potentes, categoría que sólo incluye drogas con mayor potencial de adicción y abuso.

Todas afectan a las mismas zonas del cerebro y a los mismos neurotransmisores. Perturban el crecimiento al suprimir el apetito y al alterar la producción de hormona del crecimiento; afectan al sistema cardiovascular y comúnmente producen efectos mentales adversos, incluyendo depresión. Todo esto unido a que se carece de información sobre los efectos del metilfenadato a largo plazo.

La situación es difícil y las condiciones buenas para que siga siendo así. Pero las cosas pueden cambiar.

Existen profesionales que se plantean otras posibilidades y sólo prescriben metilfenadato para el TDAH cuando han fracasado las intervenciones psicológicas, sociales y educativas.

Existen familias que pueden ver más allá de la medicación.

Con todo esto, como mínimo me parece psicoestimulante el desafío de cambiar la situación. ¿No creéis que merece la pena seguir caminando?

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