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Viajar solo no es sinónimo de estar solo

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Artículo revisado por el Comité de MundoPsicologos

La sociedad en la que vivimos ha evolucionado. Por eso cada vez son más las personas que viven y viajan solas. Te enseñamos por qué viajar en solitario también es beneficioso para la salud.

27 JUL 2016 · Lectura: min.
Viajar solo no es sinónimo de estar solo

Nadie pone en duda que viajar es la mejor terapia para desconectar de nuestro estresante ritmo de vida. Tal y como los expertos apuntan, estos paréntesis en nuestra rutina sirven para «recargar las pilas», algo necesario para poder afrontar las largas jornadas diarias a las que nos vemos sometidos.

Pero ¿qué pasa cuando únicamente podemos, o queremos, viajar solos? A pesar de lo que muchos piensan, viajar solo no significa sentirse solo. Así como las vacaciones en familia permiten disfrutar de los seres queridos sin prisas, las vacaciones en solitario conllevan una serie de beneficios personales muy importantes.

De hecho, en la sociedad en la que vivimos cada vez son más las personas que deciden vivir de manera independiente y que, por tanto, proyectan sus vacaciones o escapadas de forma individual, para disfrutarlas en soledad. Y ello, lejos de ser algo negativo, tiene muchas ventajas.

Ante todo, debemos aparcar nuestros miedos y superar pensamientos que cuestionan nuestra capacidad para socializar. Es normal que nos asalten dudas sobre la seguridad que entraña viajar solo, sobre todo en el caso del sexo femenino; también es normal que nos hagamos preguntas del tipo «¿Y si me pongo enfermo o me pasa algo?». Debemos ser conscientes de que los accidentes suceden tanto si se viaja solo como en grupo. Por ello, una correcta organización y planificación del viaje contribuirá a minimizar la posibilidad de que ocurra alguna contingencia… Y si esto sucede, sabremos cómo actuar.

Y es que no debemos renunciar a la estimulación sensorial que provocan los viajes. Además de relajarnos y servir como paréntesis en nuestra rutina diaria, viajar es la mejor terapia antiestrés. Así que ¿por qué prescindir de todas las ventajas que conllevan los viajes si viajar solo es sumamente beneficioso para nuestra salud?

En primer lugar, viajar solo abre nuestra mente. Nos otorga mayor capacidad de aprendizaje, no solo en cuanto a conocimientos se refiere, que también, sino por el hecho de que nos ayuda a ver el mundo que nos rodea desde otra perspectiva. Además, favorece el abandono de prejuicios y estereotipos que están arraigados en nuestra sociedad. Porque, y esta es otra ventaja, viajar solo contribuye a que seamos más permisivos y flexibles con los demás, hace que comprendamos mejor nuestro entorno, permite que desarrollemos sentimientos como la empatía y nos enseña a adaptarnos mejor a los cambios.

Del mismo modo, viajar solo desarrolla nuestra capacidad de socializar con los demás, lo que hace que tengamos mayor facilidad para conocer gente nueva.

Desde el punto de vista emocional, enfrentarnos a nuestros miedos e inquietudes y superarlos refuerza nuestra autoestima, lo que determina que nos sintamos más seguros y más libres. Y es que viajar es un método sumamente eficaz que favorece la superación personal. Pero es que además, esa adaptabilidad y esa superación ayudan a que nos sintamos realizados como personas, por lo que seremos más felices.

Por último, viajar solo invita a la reflexión, a la paz interior, a reencontrarse consigo mismo. El continuo soliloquio que se desarrolla durante el viaje nos enseña a conocernos mejor, nos muestra dónde están nuestros límites y cómo podemos superarlos, nos da mayor control sobre nuestra vida. Salir de la zona de confort que nos proporciona la familia y los amigos y emprender un viaje en solitario es una aventura mágica que ayuda a encontrar ese equilibrio que necesitamos para poder hacer frente a nuestro día a día.

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Escrito por

Raquel Rodríguez

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