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Vida activa o vida reactiva III.- Pregúntate.

Atravesamos ahora una zona donde los vientos húmedos de la información han hecho crecer un magnífico arbolado. Pero en el Bosque del Conocimiento es fácil perderse...

1 NOV 2018 · Lectura: min.
Vida activa o vida reactiva III.- Pregúntate.

Vida activa o vida reactiva III.- Pregúntate.

Dudar de todo o creerlo todo, son dos soluciones igualmente cómodas, tanto la una como la otra nos eximen de reflexionar.

Heinre Poincaré

Adéntrate en el bosque del conocimiento.

Atravesamos ahora una zona donde los vientos húmedos de la información han hecho crecer un magnífico arbolado. Pero en el Bosque del Conocimiento es fácil perderse. En nuestras sociedades actuales, gracias entre otros factores a la irrupción de las nuevas tecnologías, decimos que el conocimiento está disponible, como si se tratara de un producto de consumo. Nada más lejos de la realidad: los datos pueden estar disponibles. Pero una cosa es el dato, otra la información, otra, el conocimiento, otra la sabiduría y otra, la verdad.

La razón crítica nos ayudará a discernir las veredas útiles. Ser crítico no supone una postura de cerrazón, ni que nos fijemos tan sólo en los puntos negativos de cada aspecto. Significa en primer lugar, una actitud de apertura, de ir más allá de las apariencias y de los datos. Implica un estado de alerta que nos permita identificar aquellos aspectos de la realidad que pueden ser cuestionados o interpretados desde otras perspectivas. Frecuentemente caminamos por senderos marcados sin cuestionarnos si son los más adecuados.

Nos gusta utilizar el término "presoasunciones" para referirnos a una de las mayores dificultades que tenemos a la hora de enfrentar los problemas, de buscar fórmulas de mejora y de producir ideas creativas y transformadoras. Estas presunciones limitantes consisten en una serie de premisas comúnmente aceptadas. Suposiciones que configuran los márgenes de nuestra acción y que pueden estar alimentados por convicciones sociales mayoritariamente aceptadas. O bien, ser fruto del peso de la inercia y de la costumbre, los cuales nos han impedido darnos cuenta de que aquello que en su momento pudo tener sentido o utilidad, tal vez ya no sea así. O que posiblemente, estuviera asentado en una creencia errónea.

El partir de unos datos correctos, tampoco nos asegura llegar a la meta deseada. A veces, nos perdemos en el camino por alguno de los siguientes vericuetos:

Inferencias inducidas.

En nuestro ámbito cotidiano podemos encontrar múltiples ejemplos de casos en los que, partiendo de hechos o datos correctos, la forma de presentarlos nos predispone a realizar inferencias, las cuales desde un punto de vista lógico, no están justificadas: propagandas ideológicas, campañas publicitarias agresivas, etc. Ejemplos:

- "Nuestra marca no ha sido superada". ¿Quiere decir que es la mejor, o quizás, que no se han encontrado diferencias entre ésta y las demás?

- "Los consumidores prefieren nuestro refresco en proporción dos a uno". ¿Qué se les ha dado a los otros?

Suposiciones basadas en analogías.

La analogía es uno de los recursos creativos más poderosos. En el capítulo 31, nos detendremos en sus múltiples beneficios y posibilidades. Una de sus grandes virtudes es la de ayudar a hacer conocido lo desconocido. Sin embargo, al mismo tiempo, esto puede llevar a una peligrosa relajación del juicio crítico. Tendemos así, a aceptar las similitudes entre dos conceptos de forma global, cuando frecuentemente esa similitud sólo tiene justificación entre algunos aspectos o atributos concretos de los términos comparados.

Ciertamente son muchos los razonamientos basados y "envasados" en forma de analogías. Si estudiamos de forma explícita algunos de ellos, podremos darnos cuenta de que están fundados en suposiciones muy cuestionables; mientras no se les analiza, es frecuente que los razonamientos parezcan tener sentido y así nos lleven a deducir conclusiones que probablemente sean ilegítimas.

Considerar sólo un aspecto de la realidad.

Normalmente, el que aparece más inmediato o aquel que nos interesa más. ¡Es una estrategia que los políticos conocen muy bien! Por ejemplo, al presentar los datos del paro, del IPC...

Confundir universales con particulares.

Es decir, el todo con las partes. Veamos un ejemplo:

Un antropólogo, después de realizar múltiples investigaciones, ha llegado a la siguiente conclusión: «el hombre no es el resultado de la evolución de los primates, sino que éstos son el resultado de una involución degenerativa de la especie humana». Otros colegas critican su conclusión, considerándola ridícula y carente de sentido. Él argumenta: «miren ustedes, muchas teorías que hoy son universalmente aceptadas, fueron ridiculizadas al principio: la teoría heliocéntrica de Copérnico, la teoría de los gérmenes de Pasteur, etc. Por tanto, la negativa aceptación inicial de mi teoría no hace sino confirmar su veracidad».

¿Es consistente su afirmación?

Dejando al margen el contenido de tan pintoresca teoría, la estrategia que ha empleado para su justificación está basada en presentar particulares con pretensión universal: que «muchas teorías que luego han sido consideradas verdaderas, fueran ridiculizadas al principio», no quiere decir siquiera que lo fueran todas. Pero aunque realmente lo hubiesen sido todas, tampoco sería un argumento sólido. El universo de las teorías que fueron inicialmente rechazadas se compondría a su vez de:

- Aquellas teorías que posteriormente fueron consideradas veraces.

- Aquellas otras que nunca fueron consideradas veraces.

No pocas son las ocasiones en que se confunde o se trata de confundir, presentando aspectos particulares (unos pocos, algunos, muchos...) con la totalidad.

Razonamientos condicionales.

Muchos razonamientos que hacemos a diario, así como las hipótesis científicas, tienen la siguiente estructura: si..........., entonces................

Pueden darse cuatro posibilidades:

- Si A, entonces B. Se da A, entonces B. El razonamiento es válido, desde un punto de vista lógico.

- Si A, entonces B. Se da B, entonces A. Este tipo de razonamiento es conocido como falacia de afirmación del consecuente. Por esta razón, desde un punto de vista lógico, es imposible demostrar que una teoría es correcta. Lo único que podemos concluir es: «estos resultados son coherentes con, o respaldan la teoría X».

- Si A, entonces B; no B, por consiguiente no A. El razonamiento también es válido, desde el punto de vista de la estructura lógica. Puede ser utilizado, por ejemplo, para refutar una teoría.

- Si A, entonces B; no A, por consiguiente no B. Estamos ante unafalacia de negación del antecedente.Por ejemplo: «si llueve, la tierra se moja. No ha llovido, luego no se ha mojado». (Ha podido ser regada).

Finalmente, a la hora de establecer conclusiones, existen otros peligros:

Confundir síntomas con causas.

Al fijarnos excesivamente en los hechos, desatendemos sus relaciones. A la hora de enfrentar problemas y conflictos, es muy importante tenerlas en cuenta para así poder distinguir entre manifestaciones, causas y efectos. En ocasiones es conveniente actuar sobre los síntomas, especialmente cuando éstos entorpecen o generan un malestar significativo. Pero si desatendemos la causa última que los produce, lo más probable es que el malestar vuelva a aparecer tarde o temprano, a veces con otro rostro y tal vez, con consecuencias más devastadoras.

Imaginemos que una carretera comienza a inundarse al haber sido construida sobre una zona pantanosa o sobre el antiguo caudal de un río. Los responsables del mantenimiento de la infraestructura deciden reforzar dicha zona, drenando con tierra y hormigón, logrando así que el agua no vuelva a aparecer. Sin embargo, si la capa freática es grande, el agua tenderá a volver a emerger a la superficie. Puede que no encuentre salida por el lugar más fácil y habitual, al haber sido éste sólidamente sellado. Pero intentará aflorar por otro sitio. Quizás... ¡por un lugar habitado!

En efecto, en muchas ocasiones el síntoma es la manifestación de un conflicto o problema más grave y nos viene a avisar de que algo falla. Así, si estoy sometido a unas condiciones de estrés elevado y permanente, puedo terminar desarrollando una úlcera. Tendré que tratar ésta médicamente, pero si no manejo el estrés o controlo las situaciones que lo generan, lo más seguro es que sufra nuevas dolencias.

La relación de causalidad puede ir en sentido contrario al considerado.

En un estudio sobre experiencia y actitudes hacia el uso de los ordenadores, se desprende que aquellos que tenían mayor experiencia en su manejo, eran también quiénes más simpatía sentían hacia los mismos. En función de estos datos, se extrajo la siguiente conclusión: «cuanto más contacto se tiene con los ordenadores más agrada su uso». ¿Respaldan los datos esta aseveración?

Se trata tan sólo de una correlación. La explicación podría ser la anterior, pero también podría ir en sentido contrario: los sujetos que tienen más inclinación por los mismos, son los que pasan más horas delante del ordenador, adquiriendo por tanto, mayor experiencia y destreza.

La correlación puede deberse al influjo de una tercera variable.

Los resultados de una investigación desprendieron que existía una incidencia mucho mayor de alcoholismo en aquellas personas cuyos padres ya tuvieron problemas con la bebida. En función de estos datos, se concluyó que el factor hereditario tenía un peso fundamental en este problema.

Sin embargo, en un estudio posterior se compararon tres grupos: Grupo A: "sujetos cuyos padres tenían o habían tenido problemas con el alcohol". Grupo B: "sujetos cuyos padres eran completamente abstemios". Grupo C: "sujetos cuyos padres hacían un uso moderado del alcohol".

Los datos revelaron que los sujetos del grupo A eran los que presentaban mayor índice de problemas con el alcohol, seguidos de los del grupo B. Los menos problemáticos eran los del grupo C. En función de estos datos, ¿qué explicación alternativa podríamos elaborar?

En este caso, aparecen claros los efectos de otra variable: la conducta de consumo de los propios padres y el aprendizaje que realizan los hijos a cerca del control de la sustancia.

Múltiples oportunidades se nos brindan a la hora de desarrollar los "músculos" de nuestro juicio: sucesos, opiniones, conclusiones científicas, creencias propias o ajenas. Un razonamiento puede convertirse en un derrotero erróneo por diferentes motivos: por fallos estrictamente lógicos o intelectivos en diferentes momentos, desde que comenzamos nuestra incursión en los vericuetos de la lógica hasta alcanzar las conclusiones finales.

Finalmente, conviene remarcar que la intelectualidad pura no existe. Nuestras percepciones, están influenciadas por una pléyade de aspectos emocionales y sociales: prejuicios, valores socialmente compartidos, estereotipos y mecanismos psicológicos hacen que en muchos casos prestemos atención selectiva a los datos y racionalicemos los hechos según nos resulten más convenientes[1].

En la medida que seamos capaces de identificar y superar estos obstáculos, seremos capaces de transitar por los caminos que van desde el dato a la verdad.


[1] Festinger, L. propuso la teoría de la disonancia cognitiva, para explicar la necesidad de percibir coherencia entre nuestras ideas, creencias, actitudes y conductas. Cuando existe inconsistencia entre éstas, el conflicto conduce a que reestructuremos algunas de ellas, para que vuelvan a transmitirnos sensación de coherencia.

Escrito por

Centro de Psicología SABILDP

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