Mejor respuesta
8 AGO 2026
· Esta respuesta le ha sido útil a 4 personas
Hola Amara!!
Entiendo perfectamente tu preocupación. Cuando una hija lleva años presentando autolesiones y observas que determinados encuentros con amigos coinciden con un empeoramiento, es lógico que te preguntes si esas relaciones pueden estar influyéndole negativamente.
La respuesta no es simplemente que “estar con personas que tienen problemas psicológicos le haga mal”. Tener un problema de salud mental no convierte a una persona en perjudicial ni significa que deba alejarse de quienes también están sufriendo. De hecho, para un adolescente puede ser muy importante sentirse comprendido por personas que viven experiencias similares.
Sin embargo, sí puede existir algo diferente que debemos observar: la influencia que determinadas dinámicas del grupo pueden ejercer sobre las autolesiones.
En adolescentes, las conductas autolesivas pueden verse reforzadas socialmente cuando dentro del grupo se habla mucho de ellas, se comparten experiencias, fotografías o métodos, se comparan heridas, se produce una identificación intensa con el sufrimiento o las autolesiones llegan a convertirse, aunque sea de manera involuntaria, en una forma de pertenencia al grupo.
Por eso, más que preguntarnos:
“¿Estos amigos le hacen daño?”
sería más útil preguntarnos:
“¿Qué ocurre con mi hija antes, durante y después de relacionarse con este grupo?”
Observa especialmente:
- ¿Cómo se encuentra emocionalmente antes de quedar con ellos?
- ¿Cómo vuelve a casa después?
- ¿Aumentan las autolesiones después de determinados encuentros?
- ¿Habla más de muerte, sufrimiento, desesperanza o autolesiones?
- ¿Se producen conversaciones sobre métodos para autolesionarse?
- ¿Comparte imágenes, heridas o experiencias relacionadas con las autolesiones?
- ¿Existe presión para participar en determinadas conductas?
- ¿Siente que tiene que estar mal para pertenecer al grupo?
- ¿Ha empezado a presentar conductas o pensamientos que antes no tenía?
- ¿Sus amigos respetan sus límites cuando ella intenta no hablar de estos temas?
También es importante valorar qué función cumple ese grupo para ella. Quizá encuentra allí comprensión, aceptación, identidad y sensación de pertenencia que necesita. Si simplemente prohibimos esas amistades, podemos conseguir que se sienta incomprendida, aumente el aislamiento y deje de contarnos lo que ocurre.
Por eso recomendaría evitar frases como:
«“Esos amigos te están haciendo daño.”»
«“No quiero que vuelvas a juntarte con ellos.”»
«“Tienes que alejarte de personas enfermas.”»
En su lugar, sería mucho más terapéutico hablar desde la preocupación:
«“No quiero decidir por ti con quién puedes estar. Quiero entender qué ocurre contigo cuando estás con ellos. Me preocupa observar que algunas veces después de estar con el grupo te encuentras peor y quiero ayudarte a descubrir por qué.”»
Un objetivo importante: ampliar su red
La intervención no debería centrarse únicamente en quitarle determinados amigos, sino en ampliar su mundo social.
Sería positivo favorecer progresivamente otras relaciones y actividades donde pueda experimentar pertenencia sin que el sufrimiento psicológico sea el elemento central de la relación: deporte, arte, música, actividades grupales, estudios, ocio saludable, voluntariado o cualquier espacio que conecte con sus intereses.
La idea no es sustituir unas amistades por otras de manera forzada, sino conseguir que su identidad no quede reducida a “soy una persona que se autolesiona y mis amigos también”.
Y algo especialmente importante
Como existe un historial de autolesiones, cualquier empeoramiento debe comunicarse a su profesional de referencia. Sería conveniente que terapeuta, adolescente y familia puedan establecer un plan de seguridad, identificando señales de alarma, desencadenantes, personas a las que acudir y estrategias alternativas cuando aparezca el impulso de autolesionarse.
Si aparecen pensamientos de suicidio, intención de hacerse daño, un plan concreto, acceso a medios para hacerlo, una lesión grave o una incapacidad para garantizar su seguridad, no debemos interpretarlo simplemente como una consecuencia de sus amistades. Requiere una valoración profesional urgente.
En definitiva, no se trata de apartarla de personas que tienen problemas psicológicos, sino de protegerla de dinámicas que puedan reforzar sus autolesiones.
La pregunta terapéutica no debería ser “¿con quién se junta?”, sino:
“¿Qué relaciones, situaciones y experiencias hacen que mi hija se acerque a su bienestar y cuáles hacen que se aleje de él?”
Y desde ahí, acompañarla, poner límites cuando sean necesarios y trabajar conjuntamente con su psicólogo para que pueda aprender a elegir relaciones que le permitan sentirse comprendida sin necesitar estar peor para sentirse perteneciente.
Un saludo
Germán Navarro Sánchez
Psicólogo General Sanitario