1 SEP 2026
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Hola Harí, cómo estás?
Es completamente comprensible que te plantees si hablar de esto con un terapeuta, especialmente cuando existe el miedo a sentirte juzgado o a que aquello que compartas pueda llegar a tu pareja. Precisamente, una de las funciones de un espacio terapéutico es poder hablar de aspectos de nuestra vida que nos generan vergüenza, culpa, miedo o confusión sin tener que ocultarlos ni maquillarlos.
Lo que describes —recurrir durante períodos de ansiedad a encuentros sexuales con personas fuera de la relación, utilizar aplicaciones para mantener contactos sexuales o afectivos y haber llegado incluso a mantener una relación extramatrimonial durante varios meses— merece ser explorado en profundidad, no desde una perspectiva moral, sino psicológica. Más que centrarnos únicamente en determinar si estas conductas son "buenas" o "malas", sería interesante comprender qué ocurre antes, durante y después de ellas.
Por ejemplo, puede ser útil preguntarse: ¿qué sientes cuando aparece la ansiedad?, ¿qué necesitas en esos momentos?, ¿qué encuentras en esas experiencias que temporalmente consigue aliviarte?, ¿cómo te sientes después?, ¿aparecen culpa, vacío, alivio, excitación, desconexión o necesidad de repetirlo? También sería importante valorar si se trata de decisiones sexuales que realizas de manera consciente y acorde con tus valores o si, por el contrario, sientes que en determinados momentos pierdes capacidad de elección y acabas recurriendo a ellas aunque después no quieras hacerlo.
A veces determinadas conductas pueden convertirse en una forma de regulación emocional. Cuando una persona experimenta ansiedad, soledad, frustración, inseguridad u otras emociones difíciles, puede buscar algo que produzca alivio inmediato. El sexo, la atención de otras personas, la excitación, la novedad o sentirse deseado pueden proporcionar ese alivio durante un tiempo. El problema aparece cuando esa estrategia se convierte en la principal manera de gestionar el malestar y empieza a generar consecuencias que la propia persona no desea.
Esto no significa que podamos concluir, únicamente por lo que cuentas, que exista una "adicción al sexo" ni que haya necesariamente un trastorno detrás. Tampoco sería adecuado hacer un diagnóstico sin una evaluación clínica. Lo que sí parece importante es que existe una relación entre determinados períodos de ansiedad y estas conductas, y esa conexión puede ser un punto de partida muy valioso para comprender qué necesidades emocionales están intentando cubrir.
Respecto a tu miedo a ser juzgado, un buen proceso terapéutico debería ofrecerte precisamente lo contrario: un espacio seguro en el que puedas contar aquello que te cuesta reconocer incluso a ti mismo. Un psicólogo no está ahí para decidir si eres una buena o mala persona, sino para ayudarte a comprender lo que te ocurre, identificar los patrones que se repiten y encontrar formas más saludables y coherentes contigo de afrontar aquello que te lleva a actuar de determinadas maneras.
También es importante que conozcas que la relación terapéutica se encuentra protegida por el deber de confidencialidad. Lo que compartes en terapia, en términos generales, permanece dentro del espacio profesional y el psicólogo no puede ponerse en contacto con tu pareja para contarle lo que le has explicado. Existen determinadas excepciones legales muy concretas relacionadas, por ejemplo, con situaciones de riesgo grave, pero la infidelidad o las conductas sexuales que describes no son, por sí mismas, un motivo para romper la confidencialidad. Por supuesto, puedes preguntarle directamente al profesional por las condiciones de confidencialidad en la primera sesión para sentirte más tranquilo.
Otra cuestión diferente es decidir qué quieres hacer respecto a tu pareja. Esto también puede formar parte del proceso terapéutico. No necesariamente tienes que acudir a terapia con una decisión tomada sobre si debes contarle todo, cómo hacerlo o qué consecuencias tendría. Puedes empezar por comprender qué ha ocurrido, qué significado tiene para ti, qué quieres de tu relación y qué tipo de persona y de pareja quieres ser a partir de ahora. A partir de ahí, podrás tomar decisiones más conscientes, en lugar de hacerlo únicamente desde la culpa, el miedo o la ansiedad.
Por tanto, sí: considero muy lógico que puedas consultar con un terapeuta. De hecho, cuanto más difícil te resulte hablar de algo, más importante puede ser encontrar un espacio profesional en el que puedas hacerlo con seguridad y sin sentirte juzgado. No necesitas llegar a terapia con una explicación perfecta de lo que te ocurre. Basta con poder decir exactamente lo que has escrito aquí: "Cuando tengo períodos de ansiedad recurro a determinadas conductas sexuales y me preocupa no entender por qué lo hago".
Ese puede ser un comienzo muy valioso para trabajar no solamente las conductas sexuales, sino también la ansiedad, la regulación emocional, las necesidades que hay detrás, tus valores, tu relación de pareja y las decisiones que quieres tomar de aquí en adelante.
Y hay algo importante: pedir ayuda no significa que estés reconociendo que hay algo "malo" en ti. Significa que hay algo que te preocupa, que se está repitiendo y que quieres comprenderlo mejor. Ese ya es un motivo suficientemente válido para acudir a terapia.
En caso de necesitarlo estaré encantada de ayudarte.
Cuídate mucho,
un abrazo,
Amaya Marcos
Psicóloga General Sanitaria
M-31115