22 AGO 2026
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Primero, quiero reconocerte algo con claridad y sin suavizarlo: lo que describes es un agotamiento profundo, un desgaste emocional y físico acumulado durante 20 años de atención al público en el área de la salud. El rechazo intenso hacia las personas (incluso cuando son amables), el malestar corporal crónico, el sueño alterado y la sensación de que solo el hecho de tener que volver al trabajo te enferma, son señales muy serias de burnout severo y, probablemente, de un estado depresivo asociado.
Además, mencionas que a veces piensas que preferirías morir antes que seguir viviendo así. Eso es una ideación suicida pasiva y debe tomarse con absoluta seriedad.
Si en este momento sientes que ese pensamiento se intensifica te recomiendo contactes con un profesional de forma urgente. No estás sola en esto y hay ayuda profesional disponible.
Primero separaría los hechos de las interpretaciones
Llevas 20 años en atención al público en salud.
Sientes un rechazo intenso hacia las personas (preguntas, historias, presencia).
Duermes mal.
Tienes dolor crónico generalizado.
La sola anticipación de ir a trabajar te genera malestar físico y emocional.
Continúas porque la remuneración es buena y tienes 3 hijos a cargo.
Aparecen pensamientos de que preferirías no seguir viviendo así.
Interpretaciones / pensamientos automáticos frecuentes en estas situaciones:
“Odio a todo el mundo.”
“Nada me importa ya.”
“Esto no tiene salida.”
“Prefiero desaparecer / morir antes que seguir.”
“No puedo dejarlo porque mis hijos dependen de mí.”
Estos pensamientos son comprensibles dado el nivel de agotamiento, pero no necesariamente reflejan la realidad completa ni son permanentes.
El patrón que observo, trata de un ciclo clásico de burnout + posible trastorno del estado de ánimo:
Exposición prolongada a demandas emocionales altas (atención en salud).
Agotamiento de recursos internos (empatía, paciencia, energía).
Aparición de irritabilidad, despersonalización (“que desaparezcan”) y síntomas físicos (dolor, insomnio).
Anticipación aversiva del trabajo → más estrés y más síntomas.
Continuación por necesidad económica → sensación de atrapamiento.
Pensamientos de desesperanza e ideación de desaparición pasiva.
Este patrón no indica que “seas una mala persona” ni que “hayas perdido la humanidad”. Indica que tu sistema nervioso y emocional están sobrepasados desde hace mucho tiempo.
Lo que. a mi parecer, se puede hacer, es establecer prioridades para poder actuar:
Prioridad 1: Seguridad y contención profesional
La ideación de “preferir morir” + el nivel de sufrimiento que describes requieren evaluación profesional presencial o telemática lo antes posible (psicólogo clínico y, idealmente, también valoración médica por el dolor crónico y posible depresión). No intentes resolver esto solo/a con fuerza de voluntad.
Prioridad 2: Intervenciones inmediatas de aliviar el malestar, mientras accedes a terapia.
Reducir la exposición en la medida de lo posible: valorar cambios de turno, reducción de horas, cambio de área dentro de la misma institución, o incluso una baja médica temporal si un profesional la considera indicada. La necesidad económica es real, pero el coste de seguir exactamente igual también lo es.
Higiene de sueño y dolor: el insomnio y el dolor crónico alimentan la desesperanza. Conviene valoración médica (no solo “aguantar”).
Activación conductual mínima: aunque no tengas ganas, introducir diariamente alguna actividad pequeña que no sea trabajo ni demanda de otros (caminar 10 minutos, escuchar música, estar en silencio, etc.). El objetivo no es “sentirte bien”, sino interrumpir el ciclo de inercia y rumiación.
Registro de pensamientos: cuando aparezca “odio a todos” o “preferiría morir”, anota la situación, el pensamiento, la emoción (0-100) y una posible respuesta alternativa más equilibrada (“Estoy extremadamente agotado/a y ahora mismo no tengo recursos para conectar con nadie”). Esto no elimina el malestar de golpe, pero reduce su intensidad y te devuelve algo de distancia.
Prioridad 3: Trabajo terapéutico más profundo
En terapia se trabajaría:
Reestructuración de los pensamientos de odio generalizado y de desesperanza.
Recuperación gradual de límites y de sentido (aunque ahora mismo parezca imposible).
Exploración de opciones reales a medio plazo (cambios laborales, formación, reducción de jornada, etc.) sin que eso implique “abandonar” a tus hijos.
Manejo del dolor crónico desde un enfoque biopsicosocial (el dolor y el estado de ánimo se retroalimentan).
4. Sobre la situación económica y tus hijos
Es completamente válido y responsable preocuparte por la estabilidad de tus hijos. Al mismo tiempo, un padre o madre en este nivel de sufrimiento y con ideación de desaparecer, también es un riesgo para el bienestar familiar a largo plazo. Cuidarte no es egoísmo; es parte de poder seguir cuidándolos. Muchas personas en situaciones similares han logrado combinar tratamiento + ajustes laborales progresivos sin que la economía se derrumbe de golpe.
En resumen, y como orientación final, te diría que,
Lo que sientes no es una debilidad de carácter. Es una señal de alarma de que el sistema lleva demasiado tiempo en sobrecarga. La salida no suele ser “aguantar más” ni “odiar menos a la fuerza”, sino reducir la demanda, tratar los síntomas (ánimo, sueño, dolor) y reconstruir, paso a paso, algo de distancia emocional y de sentido.
Te recomiendo encarecidamente que busques atención profesional enseguida. Si el pensamiento de no querer seguir se vuelve más intenso, ve a urgencias!